sábado, 29 de mayo de 2010

El doce plantas de Yoani


El más reciente post de Yoani Sánchez en Generación…, se refiere a su edificio. Ella recuerda que hace 25 años fue construido, y yo, todavía hoy, no olvido como aconteció todo. Los Pastoritas de Nuevo Vedado y sus alrededores, era una barriada tranqulia donde además se podía apreciar una arquitectura agradable, lo que traducido a formas más populares del lenguaje, por la zona habían muy buenos "habitáculos" o troncos de “gaos”; por supuesto, en su mayoría inmuebles prerrevolucionarios. Asimismo, los seis edificios que conformaban “El barrio”, estaban prácticamente rodeados por manzanas en las que sólo encontrabas matojos, hierba de guinea, árboles de flamboyán y una que otra vaca pastando tranquilamente. Eran los años de mi niñez, donde un enorme parqueo nos servía de terreno de pelota o pista de carrera para chivichanas, y aquellos pastizales o mini bosques (el placer, como lo nombrábamos), para construir “campamentos” (cabañas de palo y follaje) en la que jugábamos a los pistoleros; o cuando ya empezábamos a crecer, para escondernos con las novias…

Infancia tranquila, que algunas veces se veía empañada únicamente por algún que otro sobresalto de nuestros mayores, que comentaban la violación de la que había sido victima la noche anterior una trabajadora de la fábrica de calzado plástico, a manos y pene de un negro desenfrenado, frenético, de la Timba, que se aprovechaba del poco alumbrado publico -sobre todo de la calle San Pedro-, para cometer su desafuero.

Sin embargo, un aciago día , en el parqueo empezaron a aparecer unas perforadoras que abrían sin orden aparente unos huecos pequeños en cuanto a diámetro, pero profundos; convirtiendo prácticamente en un queso suizo a nuestro sagrado espacio, para después extenderse por toda la barriada, y tiempo después llegaron unos buldózer que cambiaron por completo la geografía de "los placeres". Y se hicieron más huecos, ahora cuales cráteres lunares. Y aparecieron lomas como montañas donde se amontonaba la tierra sacada de estos huecos. Y nuestros padres sumaron a la preocupación de los violadores, la de el peligro que representaba verse de la noche a la mañana rodeado de escombros, hierros, cabillas, polvo, ladrillos, ¡HUECOS y más HUECOS!; de mirar con impotencia como las calles perdían su pavimentación en segundos; y sobre todo, constructores “traídos de las hermanas provincias orientales”, que nos miraban a los del barrio con una cara que realmente nos asustaba.

Uno de estos primeros engendros o suerte de aberración de la ingeniería civil y la arquitectura socialista, fue el susodicho edificio de Yoani -que le decían el FOCSA acostado por lo largo-, donde luego de habitado por la huestes revolucionarias de obreros y campesinos, no podías caminar cerca de sus balcones porque algún jodedorcito te lanzaba desde las alturas un preservativo lleno de agua, o un cubo (envase incluido), o un huevazo -una época en la que el cubano aún podía darse el lujo de lanzar huevos, sólo para mortificar y, sin las connotaciones políticas que tuvo el acto cuando llegaron los ochenta. Como es lógico, el barrio cambio y no precisamente para bien. Del pródigo espacio que gozábamos, cuales estepas, nos descubrimos en medio de un hacinamiento terrible y rodeado en su mayoría de guajiritos

Después, no estoy seguro del orden, creo que llegaron los 20 Plantas: una suerte de torres gemelas que fueron noticia en el Granma. Según la prensa oficial de aquel entonces, “nuestros aguerridos constructores, el ejército de los cascos blancos, construyeron cuatro pisos en 64 horas en saludo a tal jornada, y la proeza estuvo dedicada al Comandante” (sin publicar más tarde que por tal hazaña, la construcción se detuvo durante meses al descubrirse rajaduras en la estructura del edificio de marras). Luego aparecieron “los MINFAR 1 y 2” -donde sus inquilinos, coroneles y generales, a cada momento reafirmaban que la calle les pertenecía-; los del “CEATEM”; el de comunicaciones y el de la agricultura, o cuanto organismo tuviese recursos para implementar una micro brigada; y así, hasta el día que me fui definitivamente del barrio, la geodesia del que fue mi paraíso iba cambiando constantemente; es decir, poniéndose cada día mas horrorosa…

En fin, que Yoani Sánchez me ha hecho recordar una imagen recurrente en mi niñez: la de creer que por las noches un enorme pájaro de concreto volaba por encima del barrio e iba cagando enormes edificios feos…