miércoles, 19 de mayo de 2010

Los Pastoritas de Nuevo Vedado

A la memoria de Humberto Martínez Martínez,"El Negro"

El barrio es tu primer país. Igual es un territorio sagrado y de niño no existe otro lugar mejor para vivir. Y es que el barrio, representa una suerte de cofradía, donde sin dudas habitan una buena cantidad de diferencias y donde lo mismo viven contigo dos o tres chamas que no te caen bien porque no prestan la pelota, o no comparten un pedazo de pan, y que contrariamente, por el honor del barrio, eres capaz de defenderlos de algunos cabrones -que vienen de otro barrio- si llegase el momento de un enfrentamiento.

Mi barrio es el recuerdo de una señora española de nombre Jesusa, que te acusaba de contrarrevolucionario sólo porque pisaras el césped -es ahí donde aprendes que la hierba no se maltrata, se fuma en todo caso, y te vas con Jorge y El Yuri pa‘ la Timba-, y que lo mismo te reprimía ferozmente porque te encaramaste encima de un muro con unos palos de concretos, que fue construido como homenaje a los mártires de la embajada de Haití, y que la vieja señora consideraba una suerte de mezquita local revolucionaria.

En el barrio, hoy te fajas con Alexis, Eladito o El Guille, pero a los veinte minutos de la bronca estos vuelven a ser tus mejores amigos. El barrio es la noticia de que Mirtica Carranza se cayó por el balcón y únicamente se rompió el pasillo; que "hay toque de silencio porque Iván Miguel, mejor conocido por “Huevito de Oro”, está durmiendo la siesta y pobre de aquel que despierte al “nene”: el ganado vacuno se vuelve fiera. El barrio es Luis Enrique preguntándole a su mamá sí de verdad él es bizco -lo que deja a Gloria Vidal e Iraida Aguiar sin saber que responder-, y esta señora, con toda su razón de madre, salga desaforada a la puerta para ver quién insultó con la verdad a su niño americano.

El barrio es el mejor pretexto para decirle a mi abuela que no quiero salir con ella por la tarde a las tiendas de “Labana”. Hay un juego de pelota barrio contra barrio al que no puedes faltar, aunque nada más seas el carga bate, donde el padre del Chino, Gangui y Pepe, será el pitcher de un equipo, y el papá de Raúl “El Zurdo” vendrá por la gente del “Parqueo”. El Barrio es también la noche, y no quieres quedarte en la casa viendo a San Nicolás del Peladero enfrente de un enorme cajón ruso porque abajo, en el parque, todo el mundo está jugando a “La Lata”; hasta que Juan, el padre de los “Muchos Torres”, nos diga por la ventana de su cuarto. -¡Váyanse a gritar a sus casas… o al parque!

En el barrio creces, y de juegos como “Las Cuatro Esquinas”, “El Comefango”, “El Taco”, o “Burrito mi 21”, empiezas a cambiar de preferencias y te hayas un día que estás mirando por las persianas de la puerta de tu balcón a la ventana del cuarto de la vecinita de enfrente, que por descuido anda en ajustadores, luego se los quita, y por consecuencia descubres la cosquilla más sabrosa que has experimentado en tu vida, y que te avisa, ya eres casi un hombre; por lo que la vieja me amenaza que va a ponerme un cascabel en la mano -y es que últimamente me tomo más tiempo de lo normal cuando me baño.

El barrio es el espacio donde también se consigue la primera novia, detalle que te hace sentir superior a otros que aún no la tienen, por lo que ya dejas de jugar bolas y comer la catibía que antes te era necesaria y aborreces a todo aquel que viene con el “jueguito de mano” y la bobera. El barrio son las películas de video en casa de Glaubert, donde nada más van los de “la guara”, por lo que Héctico Guerra se queda sentado muy solito en el parque padeciendo una suerte de "embargo peliculero".

El barrio son la fiestas en casa de Alexander -que se pone bravo conmigo porque le “tumbé” a una flaquita rubia-, con un hueco en la pared de su cuarto para "mirar hueco" en el cuarto de al lado, en lo que Eladito y El Guille, vestidos con hermosos conjuntos pre-lavados de mezclilla azul, en la sala fuman Marlboro y muestran las llaves del LADA que más marcha atrás ha dado en la calle Marino, y así, de paso, ligar una jevita. "Guiros" que se celebran con preparados de alcohol de farmacia y vino búlgaro, y a veces, con una que otra botella de Ararat. El barrio es la eterna tomadera de cualquier líquido que aparezca con serios volúmenes no sólo de alcohol, sino con antisépticos y desinfectantes, para después bebérnoslos sentados en el “Solabanco”: una especie de muro de contención para el agua que viene desde el “Minfar Uno” cuando llueve, y donde a Jorgito Tortoló le pusieron el mote de "Huevo e'perro", en lo que nos burlamos de la mujer del “Brujo” -“ La Mongólica”, que pasea con la suegra a un perrito cabrón-. El Barrio es el lugar por el que intentamos escapar de una realidad cada vez más terriblem que parece va a ahogar de una buena vez a los noventa.

El Barrio no es barrio si no se hace referencia al apartamento 5 del edificio Leonel Guerra, la legendaria casa del terror, de Pune. Un espacio en el que aconteció de todo, y donde nos encataba pasar el día a pesar de los consejos de nuestros padres. El barrio deja de ser mi Barrio si no dedico esta crónica a la memoria del “Negro”, mi ecobio y amigo Humberto Martínez Martínez, que se fue ciego y ahora imagino, debe estar cerquita de Dios, mirándolo, contándole chistes.

El barrio son las conversaciones en el parque con Ernesto “Tartacobe”, el juego de ajedrez o parchís; las extensas muelas en la escalera con “El Charri”. El barrio es tambien sosportar las discusiones políticas y de derecha de mi compadre Héctor, el teacher de Educación Laboral, que adora a los americanos, lo que le apoyo; las reflexiones de Félix Clarence…; el Club de Solteros de Orlindes; la constante sonrisa de Jesús, el padrastro de Héctico Guerra "Por qué la violencia Tallo" -muchacho de muy mal carácter cuando le cambian una estación de radio; a lo mejor por eso es que no lo invitaban a casa de Glaubert y no era como algunos aseguraban: porque se había fajao con Vladi “El Veneno” y con "El Juca"-.

El Barrios son las fotos black and white del Mongo y su eterno sueño, a punto de quedarse dormido parado; El Fernan; El Yito y Pipito; las canillas legendarias de Reginita, sólo comparables con las de María Torres (muy diferentes a las de Mirian y Merceditas, que en mi época eran "dos cromitos"). Mi barrio es igual el hogar de Onelita "La Búlgara", que de niña se me antojaba que llevaba la cabeza entre paréntesis por las desproporcionadas oreijtas que le colgaban, y que luego se convirtió, cual la historia del "patito feo", en una de las jovencitas más apetecibles del barrio.

El barrio, siguiendo el orden por esa escalera, es mi beso con Eloina en Tropicana. El barrio son los discos "yumas" de Efraín y el tocadiscos ruso que trajo Juan Manuel de un remoto sitio de la Unión Soviética: un Rigonda; es la parada de la 119 en el edificio de Rene, el hijo de Sulema; son los dos Albertos (el Oso de la Polar, que una gorda se puso pa' él en el Jonhy; y El Alberrrrtico, hermano de uno de los Ale, el "Bueno y Bonito para más señas y que respondía igual al mote de "El Chileno"; el otro Ale es "El "Bocina", hermano de Lili, los chicos más "bocinados del barrio", los hijos de Martha)

El barrio es la mano de hierros que tenía regado por doquier Quiquito "El Ciego", desde que se hizo soldador. Es la noticia de que Leo, la hermana de Gonzalito (hermano lo mismo de otras dos criaturas bien bonitas), hizo una película donde se ven los senos más lindo delabana. El barrio es el Ford del papá de Raciel y el LADA blanco, descojonado en la calle Zanja, acompañando al accidente la frase celebre de: “¡¿Ela, asere, por qué?!”.

El barrio fue igualmente El Mariel, los actos de repudio frente a casa de Loli. Las escupías que vi, le tiraron a Reglita "La Peluquera", o a Raúl “Agar Agar” -que nada más respondió, “Vamos papá”-, y los huevazos que le metimos Ernesto, Aldito y yo, como revancha, al “polaquito” de un coronel.

El barrio, cuando eres pequeño, es último lugar que pretendes abandonar. Sin embargo, si al crecer descubres que todo no es tan simple, que los hijos de puta del CDR te hacen la vida imposible; que el jefe del Sector te comunica que eres un delincuente y te va a “meter la ley de peligrosidad” porque le han asegurado sus informantes que tú fabricas zapatos con El Yuri en casa de Jorge “El Beri”, entonces odias al barrio, te marchas a Cienfuegos, y aquellos recuerdos hermosos de la infancia se ennegrecen…

Sin embargo, ya “viejo”, descubres en Facebook que existe un grupo que reúne a los del barrio en el exilio, que hacen fiestas en los parques de Miami o en la mansión de Aleida, y es entonces cuando una suerte de melancolía delirante te asiste, a tal punto, que te pones a escribir por honor al Barrio...



Gente de mi barrio
Fotos tomadas de la página en Facebook "Los Pastoritas".