sábado, 6 de febrero de 2016

Mendoza 324 (X)





Me bebo el whisky apurado. Absorbo el tabaco y al soltar el humo, no me cabe dudas que este lugar es una especie de santuario. El Bar, y mi apartamento, se me antojan que son los dos únicos reductos para fumadores que quedan en la ciudad de Coral Gables, en casi todo Miami. Demasiadas prohibiciones habitan en el cosmos floridano, el tabaco la primera.

Miro su foto ya ni sé las veces. A medida que lo hago le dedico más tiempo a la contemplación que ya no me invita, si no que me obliga. Es una hermosa hembra de carnes firmes, insolente. Saberla mi enemigo me provoca, además, un morbo que disfruto. No basta que esté así de rica. Se suma el hecho de que me odia. Quiero cogérmela, no importa el precio, y ver su cara mientras lo hago.

Pago la cuenta y cruzo la calle Hamilton. Considerable tráfico, un empeño casi suicida. Sin embargo, vale la pena. Hace dos semanas que la muchacha viene siguiéndome. Aparentaba no saberlo hasta que finalmente dejé que se me acercara y conversamos. Claro, por las dudas, hice mi pesquisa.
—Es modelo. Hija de tu último trabajo —me aseguró Logan—.
Pero el riesgo lo amerita. Sus piernas, luego sus muslos, me hacen imaginar su centro… Mi boca posada cual astuto mamador oficioso que no quiere abandonar la desembocadura que me ofrece… Hendija que pretendo tragarme —si antes no pasa lo peor— y que supongo siempre húmeda… Su cuerpo, encima, contoneándose; de espaldas y yo disfrutando de sus preciosas nalgas, macizas; aguantando…

Logan me aseguró que ella me busca para vengar a su padre. Que está dispuesta a lo que fuese con tal de que yo pague mi supuesta deuda. Si supiera quién fue realmente el hijo de puta que puso lo suyo dentro de la madre para que su osamenta llegase al mundo, hasta las gracias me daba. Logan me observa con una discreta sonrisa aflorando en sus labios. Sabe lo que va acontecer.
—Qué importa —le dije—. Si viene a matar, no va a encontrar resistencia.