sábado, 1 de junio de 2019

Repatriados



antes del retorno la cabra
antes de muertos los pastores
antes
abominando a una rara nube verde
fue a ocultarse entre renglones
maldiciendo las nuevas soflamas que terminaron suscitando otras

después de huida la cabra
después de la ojeriza
después
decidió pastar al borde de una playa 
y vivió de alimentarse con sargazos por casi medio siglo
y en la playa la cabra
en la playa engordaba
pero nunca dejó de padecer nostalgia por el sabor de su yerba
su verdadera nube blanca
y por la gleba amada

en el regreso la cabra
—esa manía recurrente hasta el exceso
en el regreso
no le importó la muerte antigua de pastores
no le importó la rara nube verde
cada día más detestable y más inconveniente
y agregada y repleta
alocada y predicha
cumplió el axioma que advierte la cabra siempre tira al monte

y en su venida la cabra
se empeñó en sortear el dogma como si del salto de una cuerda se tratara
— pensó era un salto estricto para brutos
y así de leve
así de baladí el rebaño en su abalorio
así fue la omisión y el zurcido

olvidan las cabras
—tacha y nuevo balance de sus saldos—
corresponde incinerar al filamento que hilvana
la punta de un árbol —ese que dio sombra buena a nuestros sueños y pudo tener ramas doradas— con el mar mancillado de injuria