El 31 de agosto del 2021 publiqué
el texto que sigue en un post en Facebook y la razón fundamental fue por esa “estirpe”
de cubanos acá, en Miami, que se dicen anticastristas, pero increíblemente
adoran a aquellos artistas e intelectuales que históricamente han limpiado, y
de qué manera y con sobrado fervor, la imagen de la dictadura, sujetos encubridores
de la tragedia diría yo, y sin vergüenza alguna que, peor aún, no se reducen a
la geografía criolla. Por supuesto, el sitio web, como es usual, me lo recordó,
sin embargo, preferí ignorarlo, entre otras razones porque no estaba al tanto de
que el bardo proletario, que vive como burgués en La Habana, amenazaba con dar
otro concierto en Barcelona. Y el sujeto repitió la hazaña, y Barcelona volvió
a defraudarme, bueno, me refiero a los que fueron como corderos a ver su
concierto, bastantes, por cierto, según dicen entusiasmados algunos despachos
de prensa, que de las 2300 butacas que tiene el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, aseguran
que todas estuvieron ocupadas por aquellos nostálgicos del bardo revolucionario
que hacia una década no visitaba a la “madre patria”.
En fin, Cuba sigue de nalgas para buena parte del mundo, nadie le mira a la cara y ver así su sufrimiento, su miseria, y en Europa, no solo Barcelona, incluso de este lado, donde habitan la mayoría de los cubanos que escaparon de ese infortunio, pues sobran cómplices de esa dictadura horrible que en su letargo lo único que hace es culpar a su vecino del norte de su descalabro y no menciona lo inoperante que resulta el socialismo, el comunismo, y toda esa metralla ideológica que nada aporta como no sea miseria, y sobre todo una escatológica represión que tiene sometido a su pueblo. Por cierto, tal y como dicen los despachos de prensa que menciono sobre los que tuvieron el coraje de protestar y denunciar el acto que representa un hecho así: legitimar una vez más a el oprobio, mis respetos a esa media docena de cojonudos…
El
texto en Facebook, cinco años atrás
Te reproducen, significa que naces,
y con suerte luego te toca y reproduces tú, vendrán otros a enriquecer tu estirpe.
Claro, no lo sabes, pero vas a llegar al mundo en una tierra que padece un
proceso peculiar, a cuatro años de estrenarse el fatídico experimento social, y
ya crecidito te vas a retorcer el estómago (descubres que te asiste vergüenza)
y acabarás odiando a ese mundo.
Y en tanto odias a ese pedazo de
tierra que te ha tocado por el azar geográfico, no por la geografía que ostenta,
la isla es un lugar hermoso, sino por su política, su desfasado sistema, su
cadena de mentiras, finalmente un día huyes con el dolor de que los tuyos
quedan atrás, te pones el bendito traje de exiliado, corbata incluida (a no ser
que prime tu estómago y no los valores, entiéndase la vergüenza; porque desde
el momento que priorizas la barriga y obedeces a la desfachatez calórica y de
pacotillas, ya no tienes derecho a vestirte de destierro), y por fin te
estableces afuera con eso que trajiste contigo, lo usual para la nostalgia
criolla: "la palma, el colibrí, La Edad de Oro", y otras joyitas de
la colección "melancolía delirante", parafernalia sentimental de
marca mayor y hasta imprescindible para el cubano.
Sin embargo, un día, del lado de
acá, después de muchos años de inmovilismo allá bajo la égida de ese terror que
aún de lejos por momentos te congela, un sábado de 11 de julio ves que tú
pueblo se tira a la calle y amén que el mundo vira el rostro, mundo que le
importa un puto pito la suerte de miles, de millones, y esos que dicen ser
"solidarios" con nuestro dolor, con el bendito calvario que va por
seis décadas, son tan pálidos en su postura que es mejor que se hubiesen
callado, tú de todas formas apuestas por aquello que es nuevo, eso que luce
verde porque va cargado de esperanza y merece que lo apoyes.
Y compras tu bandera y tu t-shirt
alegórico, sales a las calles de Miami, dónde si no, al Versailles
preferiblemente, y vociferas a punto de desgañitarte, quedándote ronco, pero
conmovido, coño. Y por primera vez en mucho tiempo crees que se avizora un
cambio (con los pro y los contras de los cambios, con los advenedizos y los que
se aprovechan y a última hora se montan en la guagua que supuestamente llevará a
ese cambio a alguna parte; pero te dices, confía, es un cambio, ya veremos...)
¿Cómo entonces, siendo luchador anticastrista al amparo de una desequilibrada y
dolorosa heredad, eres capaz de defender el derecho de que un tipo tan abyecto
como Silvio Rodríguez, ese juglar que durante años ha legitimado al puto
régimen, y vengas tú a decirme, exigirme incluso, que en nombre de la
pluralidad y la democracia el tal Silvio tiene que cantar y
"nosotros" no podemos ejercer la censura tal y como han hecho ellos
por años con todo aquél que se les enfrenta...?
No, tú, sujeto "correcto
amoroso" que me lees, a esa gente hay que darle de lo mismo que ellos ofrecieron
y todavía ofrecen a esos que han excomulgado y por la única razón de disentir y
alejarse del rebaño. No, el día que esa Isla cambie y sea serio su canje de
sistema, se habrá de proscribir todo lo que los legitima, incluyendo a los poetas
y bardos revolucionarios que lamieron las botas de quienes por años nos han
reducido al destierro y, a los de allá, a un genocidio. Y es bueno, muy bueno
desde ahora, hacer presión porque al tal juglarcillo de la corte, ese
Rodríguez de marras, le suspendan su concierto en España, escenita que servirá
únicamente para engordar su bolsillo y dar otro toque de colorete a esa
dictadura; que le corten hasta la luz de sus ancestros y no cante; que lo deje
mudo, al menos temporalmente, un "rabo de nube" (u otro tipo de rabo,
cada cual su preferencia). Porque, "amiguito correcto, amoroso y
reconciliatorio", no olvides que tipos como esos, los bardos y juglares
revolucionarios, por mucho han girado por el mundo promocionando a una terrible
y sangrienta dictadura, dándole crédito, participando en primera fila en la
construcción, mercadeo y venta, de una inmensa estafa. Y esa promoción ha
tenido consecuencias terribles para millones.
Por último, si un día te descubres
tarareando una de las canciones de este payaso despreciable mientras limpias tu
apartamento; o en medio de una reunión con amigos te aprovechas de que el nivel
de alcohol en sangre ha subido y ya crees por eso que habrá más
"tolerancia", y hasta te atreves a pensar que esta es la oportunidad
para cantar "Chamamé a Cuba, pregúntate para qué te fuiste de esa Isla...
Porque, no te quepa dudas, tu lugar
no es este y no porque yo te lo prohíba, sino simplemente tú estás muy
confundido y tu corazón palpita por esa izquierda de caviar y de mortadella,
esa izquierda beligerante y trasnochada que le da soporte y apoyo total a esa
mierda que el occidente refinado y oportunista denomina mundo woke…
Denis Fortun. Miami.
