miércoles, 8 de junio de 2011

¿Será..?


Hace varios días que circula en la red, ya sea en formato de correo electrónico, o en post reproducidos por varios blogs, una entrevista donde se asegura que en el Palacio de Buckingham se come tostones. Nada menos que un emprendedor pinareño, marielito para mayores señas, es el responsable de que duques, príncipes y reyes de nobleza británica, alternen sus refinadas comidas y exóticos refrigerios con “ropa vieja, yuca y arroz congrí”.

En fin, la historia que nos cuentan de este joven cubano, que supuestamente vive en Londres y que responde al nombre de Eloy Gutiérrez (no se menciona su apellido materno), es la de un guajirito nacido en el pequeño poblado de Pilotos, al extremo occidental de Cuba, que sus padres lo llevan a un exilio en el que la vida no sabe lo que depara, y que finalmente triunfó. Un hermoso pasaje de sacrificios y dedicación al trabajo. Un desmedido esfuerzo por superarse cuando se cuenta con las herramientas correctas, en medio de una sociedad sana y competitiva, que le reservó al joven un final feliz, sólo comparable con historias de hadas, príncipes y castillos…

Un cuestionario hecho por una publicación de la que no consigo encontrar referencias en la red, que conversa con una persona de la cual tampoco logro hallar una foto en Google -como no sea la de su tocayo Menoyo-, por lo que ya algunos blogs, más recelosos, sugieren que se trata de una broma que le han gastado a nuestro criollo orgullo. Esa leyenda que, en todo lo bueno o importante ha pasado en el mundo luego de que Rodrigo de Triana gritara tierra, en medio de todo hubo un cubano.

Claro que la historia cuenta con los elementos suficientes para ser creíble, mucho más tratándose de nosotros; y el que lo dude, remítase a los innumerables ejemplos de cubanos exitosos en este país y en el mundo luego de que escapasen de la Isla, ya fuesen de niños, con sus padres, o de adultos. Igual, que mejor muestra de salto adelante (como diría mi buen amigo Añel). Un ejercicio que cuando se hace bien, provoca que el resto de tus congéneres se sientan orgullosos de que, al menos uno se abrió paso en la vida, a un nivel de tan jerarquico, y que la satisfacción que nos provoca ese acto ajeno lo celebremos como si fuese personal, y nos lleve entonces a reproducir lo leído con fe ciega.

Sin embargo, como ya dije antes, la falta de información sobre la publicación que practica el cuestionario, y mucho menos de el entrevistado, con toda razón comienza a provocar sospechas en unos pocos.

Por lo pronto, a riesgo de que tal vez alguien me acuse de inocente, prefiero imaginar que la más reacia nobleza británica gusta de la sopa de malanga y el boniatillo con canela. Y que todo eso se lo debemos a un tipo que, como nosotros, escapó de una pesadilla y por premio el mundo le regaló una sonrisa. Un cubano, parecido a cualquiera de los que estamos dispersos por el mundo, que sin dudas merece lo mejor…