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martes, 26 de julio de 2011

Sobre el libro...


Ángel Velázquez Callejas escribe sobre Los Cocozapatos. La reseña, publicada en Neo Club Press, la agradezco y, desde luego, dejo el link para aquellos que les interese leerla.

Gracias Callejas

En la foto, yo cargando a los “protagonistas”. Asustado de que allí mismo ese par de bestias fueran a convertirse...

Promoción: toma y daca...

X, que tiene un blog lo suficiente "cliqueado" como para yo considerarlo entre los más que se "pinchan" en la red, me comenta sobre un tema que lo trae molesto, y que además, de cierta manera I know the feeling.

Resulta que durante mucho X ha promovido en su bitácora cuanto evento cultural se produce en Miami, lo mismo de tirios que de troyanos, como me asegura. Y sin esperar nada a cambio, como no sea que en su momento, cuando él lo precisara, pues aquellos que él favoreció con la promoción en su espacio, le devolviesen al menos el gesto.

Para subrayar el problema, como si yo no lo entendiese, pone a un libro de reciente presentación, el que me toca muy de cerca, que en cuanto a publicidad no me puedo quejar, pero que X considera, pudo recibir más de esos que engrosan en este blog el label de “Promoción a Ecobios ”, si al menos fuesen agradecidos.

Yo en cambio me río. Le respondo que no es para tanto. La gente anda ocupada, metida en sus propios rollos y empeños. Cada cual hace lo que considera. No pretendo comprometer a nadie, y menos deseo que hagan las cosas por considerar que me deben algo.

Sin embargo, X , el muy cabrón, consigue sembrar la duda, y yo pensándolo después con morboso detenimiento -vuelvo y repito, a pesar de que no tengo complain alguno-, no dejo de reconocer que hubo uno pocos que guardaron un sospechoso silencio al momento de el parto de El Libro de los Cocozapatos. Por suerte, estoy conciente lo mismo que se trató de escasos portales, y que igual sus razones tendrán, lo que no representa que ahora me proponga ignorarlos.

Eso sí, resulta curioso, risible, y es por donde comenzó la conversación con X, cuando estos señores promueven sus eventos o páginas, se les olvida que no fueron capaces de apostar, aunque fuese con una mínima bulla, por el vecino. Sin vergüenza evidente o tácita, los olvidadizos chicos te mandan correos electrónicos, unos tras otros, pidiendo que reproduzcamos sus más nuevos esfuerzos.

Pero en fin, sin rencores. Yo realmente gozo el acto de anunciar lo que acontece en el mundo cultural, social y hasta underground de Miami (sin costo además, aunque aclaro que me sirve igual una tarjeta de crédito, de débito, e incluso acepto food stamp). Y “esas pequeña cosas” (X es más severo y las define como miserias; resentimientos, que luego se ignoran pues se lucha por el propio beneficio) no me van a limitar que siga “engordando” la etiqueta de “Promoción a Ecobios”, que si se fijan bien, a la derecha, es la que más post tiene después de “Fernandina de Jagua”.

Ahora, de que X lleva su buena dosis de razón en lo que dice, galera, eu no tenho a menor duvida…

lunes, 11 de julio de 2011

El libro para un pretexto...

En la foto, Armando de Armas, Joaquín Gálvez
y los verdaderos Cocozapatos acompañdos de varias botellas de vino...


Este Viernes se "lanzó oficialmente" el Libro de los Cocozapatos. El empeño que hace prácticamente dos años comencé con Editorial Silueta, por fin vio la luz en Café Demetrio’s.

Y fue una tarde-noche memorable, al menos para mi. Fue lo mismo el buen pretexto para reunirme con buenos amigos, recibir a otros que desde ese día los son, y tomar vino, comer varios entremés, conversando ya ni me acuerdo de qué cosa. Aprovechando lo que más pudiese de sus compañías, que mi trabajo me distancia y a veces prohíbe.

Fue igual la culminación de innumerables horas-nalgas-laptop, intentando que un cuento llegara a ser interesante, al menos que no aburra y que agarre. Fue también el descanso después de un agotamiento que únicamente quien practica este oficio sabe. Un receso que dura poco, ya estoy pensando en un próximo proyecto.

La noche del Viernes sirvió lo mismo para reconocer a todos los que de una u otra forma me apoyaron, aún con el riesgo de que me olvidase de algunos, como siempre sucede. Sin embargo, sin temor a que la desmemoria involuntaria reincida, aquí reitero, y aquí comienzo con Luis de la Paz. Sus palabras de presentación las agradezco enormemente. Me hicieron rememorar mis primeros años en Miami, y la suerte de conocerlo junto a José Abreu (luego a Nicolás) en el mismo espacio en que conocí a Rodolfo (quien parafraseando a Zweig se pregunta, dónde y cuándo fue que escuchó mi nombre por primera vez), y a su esposa Eva (y a otros tantos): la casa de mi buen amigo Armando de Armas y de “Mimí”, a los que, ya por eso, basta para que les agradezca lo mismo.

Quiero, sin mantener un orden cronológico, agradecer a Delio Regueral porque una de sus musas me inspiró una a historia, y por la foto que tomase (aunque en el momento que lo hiciera estuviese trajinado por Baco, o Dionisio, lo que no fue óbice para que su talento como fotógrafo quedase de manifiesto una vez más), para que el “monstruo” de Omar Santana compusiese la ilustración del cuaderno, que para mi es un privilegio y la confirmación de que, si valen Los Cocozapatos, es fundamentalmente porque el maestro logró pintarlos tal y como yo me los imaginaba cuando escribía la historia.

Claro, hay más, muchos más, como ya dije la noche del Viernes, los que luego de que se confirmara la salida de El Libro..., apostaron por “el calzado maldito”. Ernesto G, esa suerte de Subiela-Hitchcock de la blogo nuestra (y no lo comparo con Spielberg, no por falta de talento, sino por la fragilidad de su capital si se establece un paralelo con el judío pródigo), que va dejando testimonio de lo que acontece en Miami en cuanto al arte criollo. A la nueva identidad Idañel (Armando e Idabel), que no han descansado, ni escatimado espacio, para promover a The book of The Crocoshoes en Neo Club… De nuevo a Rodolfo, porque llegó a involucrar a artistas de teatro, como Sandra García, de Teatro en Miami Studio, para la realización de uno de los tres videos que andan por You Tube; sin dejar de mencionar su paciencia y más la de Eva, que después de mi, posiblemente haya sido la persona que más se haya leído Los Cocozapatos.

No quiero dejar de referirme a El Nuevo Herald; a Diario Las Américas. A portales en la Web como Cubaencuentro, Diario de Cuba. Los blogs La Casa Cuba, de Eduardo Mesa; X amor al Arte, blog de Irami; el blog de Ernesto G; Cuba Inglesa (no me acostumbro a lo de Agencia Cansa), KontARTE de Zahyli y Michael, y a Joaquín Gálvez, otro al que le debo tanto por su apoyo (y por el audio nuevo que disfruté), y por la prestación de su blog, que por estos días nada más que ha posteado sobre los zapatos convertidos en fiera; y por el espacio en su tertulia; y que de alguna manera, junto a Mandy, me sirvió de pretexto para que haya un libro donde una historia les pertenece a ambos.

Y por último (y esto lo hago con toda intención, para subrayarlo), quiero agradecer a Rosana. Por ella, por su paciencia, es que pude practicar el acto de exponer mi libro como un producto terminado.

Por Rosana conseguí distanciarme de vicios (o al menos lo intenté con fuerza) que a veces lastran a aquellos que, como yo, al momento de escribir no pueden renunciar a la complicidad que durante mucho establecimos con la catarsis. Sus consejos me mostraron las maneras que manchan a la ficción si se usa indiscriminadamente esta herramienta que brota del pecho, a veces para bien, que sino nos ahogamos, pero que nos puede hundir en el panfleto si se pierde el control. Resentimientos que contaminan una historia por el deseo transmitir una denuncia, olvidándonos que la historia misma se encargará de denunciar. Mi mujer me mostró la distancia que le debo a nuestras miserias, y supo prestarme con amor su sexto sentido para que yo contase un cuento, varios, pero sólo eso. Quiero mencionar a mis hijos, a ellos va dedicado este libro

Ahora me queda agradecer a los que compraron el cuaderno, y hacerles saber que mi mayor deseo es que lo disfruten…


foto Denis Fortun/Fernandina de Jagua Blog

jueves, 7 de julio de 2011

El libro, la lluvia y el plan B


El tiempo al parecer será lluvioso este Viernes. Tratándose de mi, no me extraña que un fuerte aguacero se deje sentir, si tengo en cuenta que el día en que nací, hace ya los años suficientes como para evitar reconocerlos de manera pública, el ciclón Flora azotaba la región del oriente cubano.

De una manera u otra, aunque sea difícil creer, la lluvia me acompaña desde niño, lo que igual no me molesta. Quiero decir, siento una suerte de relación muy peculiar con ella. Los días lluviosos ejercen en mi una especial fascinación y desde que era pequeño, casi siempre en las fechas más importantes para mi, si no se nubla, cae al menos uno que otro chubasco que bien puede terminar en una versión light del diluvio. Contrario a una gran mayoría, mis horas favoritas son aquellas que permanecen nubladas, con agua y amenaza de más; grises, como gustan de definir aquellos apegados a imágenes clásicas, comunes para algunos más exigentes.

Además, teniendo en cuenta que una de las historias de mi libro a presentar este Viernes, uno de sus protagonistas más importantes son un par de zapatos de cocodrilos, el agua es elemento que más se justifica.

En fin, tampoco hay por qué preocuparse. Mi buen amigo Joaquín tiene previsto un Plan B en Café Demetrio’s. Para los que aún no lo han notado, existe un techo seguro que bien puede cubrir a los que asistan a la presentación. Una estrategia que, para que funcione bien, depende de nuestra puntualidad criolla; el único punto que puede preocuparme ciertamente.

Los cubanos, sin importar latitudes, somos reconocidos mundialmente por nuestro manejo impropio de la exactitud al momento de asistir a algún evento. Nada, que nuestro desapego a Cronos es proverbial…

martes, 5 de julio de 2011

Pápi, ¿qué es esto...?

Michael y Zahylis, entiéndase KontARTE, han tenido la gentileza de escribir una texto sobre Los Cocozapatos. Mis buenos amigos se han entusiasmado con las historias del libro. Sin embargo, su pequeña hija, no tanto. Dice la hermosa pequeña que no le gustan los bichos-calzados.
Los niños no mienten, asegura Maurice… Y tiene razón

Para leer la reseña, clic aquí.

domingo, 26 de junio de 2011

El duende va a robarte para hacer de ti un cuento...



Por Joaquín Gálvez

Denis Fortún Bouzo es uno de esos escritores cuya imaginación desbordante lo convierte en un personaje salido de una obra de ficción, infiltrado, para bien o para mal, en el mundo de la realidad. Es así que, como el maldito duende al bosque, el narrador regresa a su hábitat fabulador llevándose consigo a uno de los mortales, para exaltarlo mientras se mofa de él. Sus cuentos parten de una realidad inmediata que se transfigura, hasta lograr que el lector más avispado pase de un estado dubitativo a uno de credibilidad (y viceversa) en esa frontera que divide a la ficción de la realidad; acaso con la intención de incorporarlo a sus cuentos y convertirlo en su última víctima. Quien comparta una conversación con Fortún, sobre todo esas que tienen lugar en festividades de amigos, puede quedar atrapado en uno de sus cuentos, bajo el auspicio de su lenguaje choteador, que no repara en llegar a los bordes de lo mordaz y burlesco. Muestra de esto lo constituye el libro de cuentos El libro de los Cocozapatos, que acaba de publicar la Editorial Silueta, dirigida por el también escritor Rodolfo Martínez Sotomayor, y que se presentará el 8 de Julio en La Otra Esquina de las Palabras, en el Café Demetrio. A raíz de este acontecimiento editorial, Denis Fortún tuvo la amabilidad de concedernos esta entrevista.


JG. ¿Por qué el título El libro de los Cocozapatos?

DF.Te confieso que no estoy conforme con el título. Si bien es el que le corresponde al cuento de los zapatos cocodrilos, en general no me agrada para la portada, y todavía hoy, luego de impreso el libro, cuando ya no hay remedio, pienso en otros. Sin embargo, si soy honesto, es ese el que ha de llevar y también mis razones tengo. Primero, que la historia de Los Cocozapatos es donde descansan los demás relatos, la columna vertebral, por llamarlo de algún modo. Sin Cocozapatos, ten por seguro que no habría libro. Segundo, gracias a este título, a partir de una foto que Delio Regueral le tomase a Armando de Armas, quien tan gentilmente “sirvió de modelo”, Omar Santana hizo una ilustración que considero es el mérito mayor del proyecto. Omar, quien es un maestro, se ofreció a realizar una estampa de la que me siento extremadamente agradecido y contento. Un trabajo que con la sola imagen dice de que trata la historia y a su vez no la cuenta. Induce, provoca, sugiere. Luego entonces, por esas razones y además por la convicción de Eva y Rodolfo, los editores, de que éste y no otro ha de ser el nombre -a pesar de unos pocos detractores y hasta de intelectuales importantes que se mostraron renuentes a comentar sobre el libro por llamarse así- es que finalmente decidí titularlo El Libro de Los Cocozapatos.

JG. ¿Cuál es la temática que abordan los cuentos de este libro? ¿Lo consideras un libro humorístico?

DF. La temática es variada. Un juego constante, irreverente en algunas ocasiones, pero asimismo una suerte de homenaje a los grandes que me inspiraron. Hay algunas apropiaciones que disfrute mucho adulterando las historias que me sirvieron de “material”; o en otros casos, valiéndome de personajes como la Sra. Hirsch, del cuento “Los asesinos”, de Hemingway. Pero en general, fantásticas utopías que tomo de la realidad criolla y universal, a veces tristes, que en medio del papel y la letra impresa se convierten en sucesos posibles.

En cuanto al humor, es más la burla un tanto refinada, el irrespeto, la nueva versión, mi versión, de un hecho o una literatura que gusto en desvirtuar; o en otros casos, como el cuento “Deseos”, donde disfrazo con sarcasmo la frustración que me provoca mi propia miseria y que visto de esa manera a lo mejor la ironía invita a la risa. Eso si, en este caso, una risa que bien pude anteceder a una lágrima. Algo que después le imprime esa onda paródica de la que hace referencia mi buen amigo Añel en la nota de contraportada. Ahora, libro humorístico como tal, no lo es a pesar de que te rías.

JG. ¿Crees que el choteo y otros aspectos de lo vernáculo cubano no están reñido con una obra literaria que trascienda los lindes de la insularidad?

DF. El choteo, lo vernáculo, al menos dentro del drama cubano, es pan diario sin importar orillas. Y esa peculiaridad bien que sirve para trascender los lindes de esa insularidad. Sin que se caiga en el panfleto, la apología o lo escatológico, la burla de ese drama sirve lo mismo para denunciar, e igual para hacer buena literatura. No creo entonces en una supuesta enemistad entre la parodia y la trascendencia de una obra literaria. Todo depende más bien del talento, de la garra y el oficio de quien la escriba.

JG. Algunos titulares anuncian que es el libro más esperado del año ¿Crees que esto se debe a la demora de su publicación, o a los pasajes burlescos en los que aludes a varios amigos tuyos?

DF. Esos titulares parten de buenos amigos, como Ernesto G -muy jodedores, por cierto- . Amigos de los que me siento cómplice absoluto en la broma y a los que les agradezco enormemente su esfuerzo para promover la presentación. Amigos que quizás el entusiasmo los ha atrapado por el tiempo que se demoró en salir Los Cocozapatos, y que algunos, como me han servido cual suerte de cantera literaria, pues ya están ansiosos porque de una vez se publique el susodicho cuaderno. Fueron prácticamente dos años desde que Rodolfo y yo concertamos su publicación, hasta que sale finalmente. Y todo por mi culpa, aclaro. Que los editores han sido siempre muy pacientes y gentiles conmigo. Y reitero, agradezco esos titulares, son de buena fe. Y doy gracias lo mismo por la suerte de tener amigos así, entusiastas.

JG. ¿Cuáles son las influencias literarias de El libro de los Cocozapatos? Tratándose de una personalidad tan criolla como la tuya, ¿pueden los chistes de Álvarez Guedes y los de la tradición oral cubana, como los de “Pepito“, ser ingredientes capaces de enriquecer tu obra?

DF. Álvarez Guedes y Pepito -este último un muchachito precoz hijo de la gran puta y del imaginario popular cubano- son mis héroes. Los únicos que le han dicho lo que le tienen que decir, y con una sabrosura increíble, llenos de felicidad y risa aún cuando se burlen de nuestras miserias, a aquellos que durante tanto años han invitado únicamente al sacrificio y al llanto. Como cubano, no escapo a ninguna de las dos influencias al momento de hacer un chiste, de ese humor que corroe. Sobre todo Álvarez Guedes, a quien considero un maestro en el género, lo que bien puede enriquecer no sólo mi obra, sino la de cualquier cubano que escriba con pretensiones más elevadas que la de guardar en una gaveta lo escrito, lo que tuve que hacer yo por años, y sudando ese humor peculiar que descubre quien lee mis historias.

Sin embargo, en este libro no es esa precisamente la fuente inspiradora o la herramienta a mano. Las influencias están determinadas por los grandes que he ido leyendo desde que aprendí a leer siendo niño, hasta que después, ya viejo, cuando decidí que escribir me era tan importante como comer o beber y amar a mi mujer. Ellos me me marcaron definitivamente, transmitiéndome ese virus incurable que se llama pasión por la escritura.

Nombres que fui descubriendo y que me tatuaron su letra “encima de mi pellejo literario”, que me contagiaron, como J. H. Rosny,Verne, Bulgakov, Faulkner, Saramago, Rulfo, Borges, Kafka; qué se yo, hasta Martí; o más contemporáneos, como Arenas, Vargas Llosa, Cortazar, García Márquez -cuando lo filtro y me quedo nada más con el escritor magistral que es-; o el mismo Armando De Armas, a quien le debo mucho en este oficio y al que le disparé mi primer cuento una madrugada en La Habana, hace ya más de veinte años, y que me respondió muy circunspecto, “asere, deja eso pa’ mañana que ahora ni al mismísimo Mario Vargas Llosa le aguanto yo una historia”; o tú, por ejemplo, que junto a De Armas, les debo algo -y no poco-, para que estas historias hoy sean posibles. Es que la lista es inmensa, mi ecobio. Los deudores serán siempre una retahíla enorme.

JG. El 8 de julio será el lanzamiento del libro en La Otra Esquina de las Palabras ¿Qué esperas del mismo?

DF. Hablar por los demás es arriesgado. Lo que yo espero al menos, lo que quisiera, es que fuera mucha gente y vender todos los libros que se puedan. Luego invitar a mis amigos a una botella de vino, que le voy a pagar a Demetrio personalmente por si acaso (y fíjate que digo solo una, que no hay que exagerar; bueno, va y a lo mejor hasta compro un entremés de jamón y queso, todo depende de cuantos libros se vendan). Que toda esa gente de que te hablo la pase bien, y que hasta Demetrio le de por ofrecer un descuento. Y que al audio no me juegue una mala pasada, a tal punto que alguien se levante cabrón de una silla y diga que no se oye, y luego se vaya pal carajo…

JG. ¿Cómo te gustaría que en 15 años el lector recordara este libro? ¿O sólo basta con escribir y publicar por el mero placer de los 15 minutos de fama que mencionaba Andy Warhol?

DF. Las dos cosas... Los quince minutos de fama de Warhol se traduce en ese orgasmo merecido luego del esfuerzo por crear una obra y en el caso de la literatura, después del acto, publicar lo escrito en un libro y presentarlo. Y que se recuerde quince años más tarde, es la confirmación de que lo hiciste bien. Al final el tiempo es el mejor jurado. Si perdura lo que has hecho, entonces no fue del todo mal. Claro que me gustaría las dos variantes. Pero eso ya no depende de mi. Quien tiene que defenderse ahora por si mismo; quien ha de luchar ambos espacios temporales, es el libro, no yo. El ya no me pertenece.

JG. Para terminar, háblanos de tus planes futuros como escritor.

DF. Comprar un condominio y rentar sus apartamentos a buen precio para dedicarme únicamente a escribir. Disculpa, no pude resistir la tentación de bromear un tanto. No, serio. Planes para el futuro como escritor, no son ambiciosos: escribir y publicar a la medida que pueda y con quien esté dispuesto a apostar por mí. Y por supuesto, que la musa o inspiración no me falte para contar historias que la gente desee leer…

sábado, 18 de junio de 2011