En un artículo que escribí recién, El virtuoso del prompt. La habilidad de un nuevo DJ en el nuevo mundo del arte, publicado en la revista cultural El Ciclón Invisible, mencioné datos que obtuve a través de consultas hechas a Meta AI, que pronto acabé por descubrir no eran lo suficiente puntuales. Si bien no mentían de manera manifiesta, la información después de verificarla se me antojó confusa y hasta injusta. Es el caso del Jason M. Allen, diseñador de videojuegos y juegos de mesa, fundador y director del estudio Incarnate Games, Inc., quien comenzó a experimentar con arte generativo por IA en el 2022.
Allen,
hasta donde he podido constatar, no es un artista de galería tradicional,
viene del mundo de los juegos y quizas justamente por eso se decidió a
participar en el concurso al que hago mención en el artículo El
virtuoso del prompt…. Al parecer pretendía experimentar si una herramienta
nueva podía competir en el concurso de arte digital en la Feria Estatal de
Colorado, y lo hizo con Théâtre d’Opéra Spatial, bajo la tutela de
Midjourney. Al mencionar su obra, la que compitió en el evento de Colorado y
ganó el primer premio con una dotación de 300.00 dólares en la categoría de
artes digitales y fotografía manipulada digitalmente, en el párrafo que lo
menciono dije, y copio del artículo: se descubrió la estafa y por
consecuencia el mundo lo acusó de plagio y fraude de autoría,
convirtiéndolo así en una suerte de chivo expiatorio. Sin embargo, seamos
justos y demos la información, si no la correcta por falta de elementos,
entonces al menos vamos a mostrar la más apegada a la realidad, evitando
manipulación, fake news y, sobre todo, de esa
manera contribuir al «asesinato» de la reputación del artista aun siendo
involuntariamente.
La
historia más apegada a los hechos no es tan simple como para condenarlo por
imitación y estafa, como insinúa la información que me sirviera de soporte para
el trabajo que le dediqué al fenómeno del plagio y fraude cuando se involucra
la Inteligencia Artificial, y en el caso al que me refería concretamente, en
las Artes Plásticas. Allen participa en un concurso en el que las reglas de la
categoría donde se presentó no se prohibía el uso de la IA, y reitero la
categoría para que se entienda mejor: «artes digitales/fotografía manipulada
digitalmente». Allen la inscribe como Jason M. Allen vía Midjourney,
y no la exhibe como una pintura al óleo hecha a mano.
Théâtre d'Opéra Spatial es una
pieza creada a partir de 624 prompts que Allen escribe y revisa en Midjourney,
que retoca en Photoshop y Gigapixel AI. Y en este punto me remito al
anterior artículo, el prompt como forma de arte dentro del universo de la IA,
que más que una suerte de curaduría es una nueva representación para ejercer la
creación; un dictado a la herramienta que produce; un «ayudante» para el que
esculpe o pinta, lo que se traduce definitivamente en un tema muy polémico en
la actualidad y, reduciéndolo el concepto de ayudante, ejemplos sobran de «esa
mano de obra» en la época de oro de las artes en el renacimiento, sea en la
pintura, y más en la escultura.
¿Fue
plagio? Visto desde la perspectiva legal, o la que vendría a ser la actual
jurisprudencia con sus «puntos ciegos» en este particular, aun así, muchos
coinciden que no. Su pieza, como ya indiqué, fue generada a partir de más
de 600 prompts que Allen redacta y revisa en Midjourney y luego retoca
en Photoshop y Gigapixel A, un esfuerzo de más de ochenta horas, y
revisiones constantes hasta llegar al final, y todo documentado. Allen
experimentaba con diferentes frases, como opera espacial victoriana,
muy ornamentada, luz dorada, barroco futurista, descartando cientos de
resultados. En esa tarea elegía, rechazaba, reencuadraba, hacía upscale en Photoshop y
Gigapixel AI. Para Allen todo ese trabajo representaba la dirección de arte.
Tal y como si fuese un director de cine que no maneja la cámara, para eso hay
un camarógrafo, pero que gobierna un equipo y al final es quien decide todo,
equipo que él como director general eligió, incluyendo los actores principales,
de reparto, y hasta el título de la película, así asume Allen que fue su labor
al momento de crear Théâtre d'Opéra Spatial. Por otra parte, quedó
probado que Allen no copio obra alguna de las tantas que
guarda Midjourney. Es decir, y aquí regreso al inicio de este párrafo, en
el sentido legal no le robó a nadie.
¿Y
por qué lo acusan de fraude en el concurso? La polémica llega porque otros
artistas lo ven como un tramposo por el uso de la IA, dando por cierto que su
trabajo no es arte. Lo curioso, sobran ejemplos en la historia, existe un
claro precedente, que muchas manifestaciones hoy consideradas como arte, el
cine, la fotografía, por solo citar dos ejemplos, hubo su momento que la
menospreciaron porque según la época de sus inicios era una máquina la que lo
hacía todo; también obras como la de Duchamp, aun polémica hoy día, la
renegaron aduciendo que su orinal no lo creó él. El arte
digital corrió con la misma suerte, categoría en la que Allen compite; y con el
Photoshop pasa otro tanto, los hay quienes juran que es solo filtro.
Si
bien pienso que va a cambiar su definición por el peso que va adquiriendo, lo
digo en el artículo al que hice referencia al inicio, aunque el mundo aun no
reconoce al prompt como arte porque, entre otras razones es evidente que
ordenar no es lo mismo que ejercer, imaginar y escribir no es lo mismo que
pintar, no controlas y menos disfrutas cada pincelada, y dictarle a una
herramienta que lo haga por ti para un grupo numerosísimo de artistas es algo
vergonzoso y en la literatura personalmente lo veo como algo que raya lo infame
a pesar de que la intención de consulta sí cuenta como favorable, también hay
otro grupo no menos importante que juran la comparación es vaga. Sin embargo,
los apegados al hacer más ortodoxo califican a la IA como relleno en un 90%. En
la plástica es curaduría y no creación. Ahora, los defensores de la «nueva
forma» apuestan a que ningún artista controla todo y ponen ejemplos que, si
bien reconozco no me convencen mucho, igual no dejan de ser interesantes: el
pintor de hoy no prepara sus pigmentos, el fotógrafo no fabrica la luz. El arte
conceptual desde los años sesenta viene manejando la tesis de que el concepto
vale más que la ejecución.
Pero,
caramba, entiendan a los que protestaron en el concurso por la obra de Allen,
él compitió contra ilustradores que pasaron meses pintando a mano. Para ellos
no resultó imparcial y razonable rivalizar con una «forma» que los supera en
tiempo y habilidad. Entonces, me preguinnto, ¿es sobre la obra, es sobre el
contexto del concurso, hay dos tipos de arte? Como bien descubro en esta
nueva pesquisa, practicada con la intención de rectificar el error de
apreciación que cometí con Allen, está claro que ya el mundo se muestra
parcializado y existen al menos dos bandos definidos y representados: los puros
y los integracionistas. Para los primeros, el bando de los que protegen la
forma clásica lejos de lo híbrido, cualquiera que pueda generar algo
bello en diez segundos devalúa el oficio. Para los segundos, sin miedo
a conformar una nueva santísima trinidad donde participan talento, oficio y
tecnología, es una herramienta más. Como la cámara, separará a quienes
tienen algo que decir de quienes solo tienen técnica. Y me nace una
pregunta ¿El hecho de que tengas una cámara y apuntes a un lugar, te hace
fotógrafo? Para concluir, Jason M. Allen, según lo que pude comprobar a
través de diferentes fuentes, no cometió fraude. Y cito sus palabras: no
me voy a disculpar por eso. Gané y no rompí ninguna regla. Y se fue a
casa con su premio de trescientos dólares.
¿Dónde
se complica todo para él? El copyright. Allen solicitó el registro de su
obra en la Oficina de Copyright de EE. UU. el 21 de septiembre de 2022. La
oficina rechazó su pedido en dos instancias. El fallo conclusivo el 5 de
septiembre de 2023 estableció que el aporte humano reflejó que era minimis y
la figura creada, la IA, era mayoritaria en la obra. Dicho así, no cumplía la
exigencia de autoría humana. Incluso, indicaron que Midjourney es el
hacedor del cuadro, entiéndase entonces que reconocen a la plataforma IA como
el artista y no a Allen.
Y,
hagamos un paréntesis, ¿quién es realmente Midjourney? Hablo de una IA que, a
partir de un texto (el prompt) te brinda a cambio una imagen, similar a como lo
hace a DALL·E y Stable Diffusion. Tú le escribes lo que pretendes, desdoblar tu
idea, manifestarte de tal modo que te entienda, y a cambio te da cuatro
propuestas visuales que tú puedes variar, ampliar y editar. No busca fotos
en internet, se vale de un modelo de difusión más aprendizaje profundo.
Midjourney fue entrenada con millones de pares texto/imagen, y convierte tu
redacción en tokens, los compara con lo que ha ido aprendiendo y concluye con
una composición nueva. Y el resultado es impredecible, no es un collage. Desde
luego, la plataforma ha ido desarrollándose y ya sus versiones revelan mucho
más realismo y por primera vez hay texto legible dentro de la imagen, y hasta
genera videos.
Visto
así, Midjourney es la cámara, Allen quien decidió a dónde apuntar y qué dejar
ver. Regreso entonces a la pregunta que me hice en algún momento de este
artículo ¿Apuntar la cámara te hace fotógrafo? Por cierto, dato curioso,
traducido al español de manera literal, Midjourney significa «a mitad del
camino». Simbólico esto ¿No…? Por su parte, Allen no quedó conforme y
estableció una nueva demanda en el 2024 (caso Allen versus
Perlmutter, en Colorado), fundamentando que su trabajo creativo fue
sustancial y el caso continúa en litigio con mociones de juicio sumario presentadas
en agosto de 2025.
En
fin, Allen no violó ninguna regla del concurso en el 2022, no reprodujo ni por
asomo otra obra, no se probó que su trabajo fuese fraudulento, en todo caso un
tipo listo dispuesto a la búsqueda de formas novedosas dentro del arte. Sin
embargo, la ley estadounidense presente no lo registra como un autor con
derechos y da por sentado que la IA creó la mayor parte del trabajo creativo.
Los prompts de Allen, sus más de ochenta horas de esfuerzo, no cuentan a los
ojos de la imparcialidad como un trabajo de creación, por lo que pienso que, en
su momento, acorde al rumbo que van tomando los hechos en lo que concierne a la
IA, no habrá otra opción que revisar la ley, más cuando ya se habla que hoy se
convocan concursos donde la IA no es óbice, por el contrario.
También
no debe ignorarse que el esfuerzo personal de la creación a la vieja usanza,
sea de horas, días, meses pintando sobre una tela, pueda competir en la misma
categoría donde otra opción es tu rival, y para colmos que en menos de diez
minutos la elabora. Y lo triste es que el mundo de hoy se empeña en virar la
cara en lo que a competencias dispares se trata, pasa en el deporte lo con el
tema trans. Y está claro que fábrica y arte ni remotamente tienen que ver;
creación y producción distan mucho una de la otra; que dos mercados y maneras
en las artes se va imponiendo, uno bajo la sombrilla del talento personal, al
más tradicional modo de la creación, y otro que será visto como arte bajo el
enorme paraguas de la tecnología, y queda claro, al menos para mí, el primero
gana en valor. En fin, amanecerá y veremos. Por cierto, dicho sea, amén de su
hechura, es una hermosa pieza que me recuerda a The Fifth Element…
