martes, 27 de octubre de 2026

Descarga a modo de catarsis: Cuba ya no es trauma, se trata de una condición crónica…


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Hago mi pesquisa en las redes, voy de un sitio a otro en busca de elementos, de información. Pretendo diferenciar trauma de condición y la razón se debe a una expresión que por estos días veo que se abusa de ella, con la que no coincido. Me detengo primero en la categoría anímica, que igual a la corporal está signada por un minuto infausto y la psiquis para procesarlo desborda toda capacidad de intentos, siendo en su mayoría estériles para comprender, corregir y finalmente superar. Porque en oposición a lo que nos sucede en la mente, en el cuerpo la herida muchas veces alcanza a recuperarse aun cuando quedan cicatrices; la mente no, muy pocas veces puede entender y superar una tragedia que nos marca: trauma, la definición más socorrida, que no es una enfermedad, sino que algo o alguien llega desde afuera y te rompe.

Y según descubro en mi indagación, existen tres clases o rasgos que no se someten a una evocación dolorosa: la primera es de rompimiento, una fractura a la prolongación de la vida en lo personal y en lo social, lo que fue ya no será ni remotamente parecido en el futuro. Viene la segunda, la repetición, signada por la desconfianza y, como consecuencia, el miedo. Y la tercera, que denominan la intransferibilidad parcial, que prefiero mencionar como eso que no logras ceder a otro, entregárselo de manera que te sientas liberado y en todo caso se traspasa a través del silencio, de gestos, y puede que murmullos imperceptibles, pero nunca con suficiente claridad, lo que es sin dudas frustrante y termina siendo—qué sí no— traumático.

Llego entonces a la condición: es el estado de salud general o una situación médica que persiste en el tiempo. Su padecimiento puede ser continuo o crónico, agudo y congénito; también por hábitos de vida y curiosamente aclaran que no es algo que llega desde afuera. Pero en este último punto no coincido del todo. Costumbres (vicios suena mejor) como beber y fumar no vienen con uno, decía mi abuela que los traen las malas amistades. En fin, no me hace falta más…


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Cuba, para la mayoría de los que están exiliados, aseguran es un golpe que no deja de doler, el «trauma cubano» le dicen, y como todo trauma que se respete representa una herida, limita movimientos, cambia conductas, propone un nuevo modo de vida al que adaptarse en medio de una ansiada recuperación, un ya viene llegando que no aparece por ninguna parte. Ahora bien, ese trauma no se reduce a lo personal, se padece igual de manera colectiva, provocando esa ruptura que mencioné antes en la prolongación de un estado, una situación (…) que persiste en el tiempo, evidenciando que lo que fue ya no será, constituyendo una desconfianza difícil de vencer, terror que en sobrados casos no basta la palabra para describirlo, induciendo a nuevas conductas, prohibiciones y no solo las legisladas, que también están las autoimpuestas como modo de sobrevivencia. En fin, el caso Cuba ha sido de larga data en angustias, acumulándose en el imaginario criollo no una herida, sino varias, muchas, llegándose a vulgarizar el concepto de «el trauma cubano…» junto a otro no menos vulgarizado, ese tan traído y llevado por los sociólogos de la nueva ola: el daño antropológico, que curiosamente en el caso criollo la mayoría cuando sale de Cuba se recupera.

Ahora bien, ¿puede el trauma convertirse en una condición?

La respuesta es sí. Un trauma, ya se ha dicho, es un evento; la condición es un estado. Cuando el organismo, la psiquis en este escenario particular, no llega a superar esa herida, el puto evento se convierte en un estado perenne, una enfermedad crónica, la literatura médica está atestada de ejemplos. He ahí, que ya el manejo del concepto «un trauma nacional» deja de ser atractivo, conmovedor, utilitario y acertado al momento de referirnos a nuestro drama. Hubo un evento, sí. Pasó en 1959 y cambió por completo el comportamiento de una sociedad. La tragedia trocó la psiquis nacional y no hay psiquiatría u otra especialidad neurológica y del psicoanálisis que aún dé con la cura. Siendo así, conseguimos insertarnos en los caminos mas comunes de la medicina. Al no recuperarnos, de evento pasamos a estado, de trauma a condición, y no una condición por genética, deuda que adquirimos de nuestros ancestros, sino una desde afuera que apareció como un despreciable vicio, traído por gente peligrosa, mala, que nos convirtió en una nación endeble, frágil, que adolece, país que se mantiene de milagro y no con un plan médico riguroso, más bien con curanderos y a base de remedios caseros y rezos.  

Por cierto, por si no me entiendes del todo, lo escrito hasta aquí se debe a un comentario que vi hoy hablando justamente de «el trauma cubano» con tono lastimero. Y no, es la «condición crónica cubana» que desafortunadamente no se le ve mejoría... 


 Foto: Panol Vega