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lunes, 31 de octubre de 2011

Los versos que me cuadran en la diáspora (XLIV)

Breve intención
para una furia compartida

por Yosie Crespo

A Andrés Galindo


Observa, Galindo.
La furia se ha puesto a cantar.

Ahora es como un lobo solitario
y danza con una flor que se eleva
con sus largas sombras
descuidadas de siglos.

Escuchad, Galindo.
¿No sientes cómo el grito espantoso del silencio,
llena hoy de una muerte fugaz mi pobre pecho?

Me he disfrazado de su breve fragmento,
así he logrado encontrar su rostro extranjero
pisoteado por la sequía,
por nuestro breve aliento.

¿Cuántas veces será el Sol quien nos acerque a su lejano seno?

Propongo, desde cualquier ciudad,
dibujar una rueda en el aire
sin permitirle ni acercarle a su abrazo final.

Yo sé que la vida pasa
que pasa y efectivamente nunca sabremos cuántos ríos,
cuántos mares,
cuántos sueños.

Propongo apenas embriagarnos del verso cansado
armar con una lámpara de olvido el camino de las horas que descienden como dagas.

Obligarnos lejos de nuestro viejo espíritu.

Levantarnos como águilas,
libres del fin,
y no permitirnos hacernos nunca la misma pregunta:

-¿Cuántas millas nos separan?-

Diremos como en un himno cuántas palabras nos unen
y derramaremos eúforicos algún soneto que nos nombre
insistentes,
incuestionables,
talladas nuestra piel por la ciudad y sus terribles trampas.

Cualquier día entonces,
conocerán los colores,
su bandera.

Y no será sino la patria quien nos exija,
solitaria y libre,
un obituario cargado de urgencia con una sola intención:

Aquí yacen los héroes de la furia.

jueves, 4 de agosto de 2011

Los versos que me cuadran en la diáspora (XLVIII)

Carlos Victoria
Poema III


Texto que tomo del blog de David Lago (El Penthouse de Heriberto) perteneciente a Seis poemas para mi madre loca en Camagüey


Qué isla desierta la locura,

la paz de manos grises,

la añoranza!

La tarde en que mi madre

tuvo el único hijo,

todas las calles se le volvieron muerte.

Cabezas de tiniebla

y animales sin labios

merodeaban la cuna de sus noches.

Y sus pechos estaban helados.

las salamandras llenaban

las paredes,

aunque nunca mostraban los ojos.

Y mi madre, que soñaba

con un dios en la puerta,

sentía a los muertos acercarse.

De rezos y de amor

me abrigaba en su blusa.

Y los muertos entraban

sólo a tocar

su sombra,

junto a la mecedora gris

donde ella cada noche me

arrullaba. Y había voces y llaves más reales.

Los dos éramos eco de otra eternidad.



Para leer el post El amigo de Kafka (Carlos Victoria, "Seis poemas para mi madre loca en Camagüey), y que sirve de presentación a los textos de C. V., clic aquí

domingo, 31 de julio de 2011

Los versos que me cuadran en la diáspora (XLVII)

La Navaja de Ockham
de Jesú Díaz (Tinito)
texto y foto que tomo del blog
La otra esquina de la palabras



Envejece aún el Cristo en la morada
más allá de la vida y de la muerte,
enigma indescifrable fue su suerte
que no entiende su todo ni su nada.

¡Atroz algarabía la mirada
del numen en la cruz frente al reflejo,
de un hombre que clavaba su pellejo
en la tez de una mano condenada.

a limpiar con su sangre los pecados,
en oscuras doctrinas que adoramos:
besos Judas, orgías y legados.

Y prevalece Cristo en los racimos
del arcano embrión en que nacimos,
sin saber cuándo ni por qué nos vamos.

Los versos que me cuadran en la diáspora (XLVI)


El personaje oscuro
Yvonne López Arenal
poema que tomo de su blog Archivos y memorias de una actriz 



Allí va mi personaje oscuro. 

Un vampiro, en mi noche desolada de artimañas y mentiras,
por venganza hurta mi espacio,
se retuerce,
me invade el alma. 


Me muestra mil guerras y penumbras.

Su capa es de lujos y apariencias. 

Su sonrisa es odio,
todo un rey de la magia negra. 


Me deja el aliento desbocado.

Es hábil, pero no infalible.

La luz lo acosa, ese es su karma.

martes, 1 de febrero de 2011

Antología cubana en el exilio: empeño que se agradece

Una vez le escuché decir al amigo de un buen amigo, que si algo le asustaba de la literatura cubana contemporánea, era precisamente la cantidad de poetas -y escritores en general- que la “habitan”. Por supuesto, tal aseveración, al menos en aquel instante a manos de Dionisio, contaba con cierto fundamento: hablábamos en ese entonces, entre vinos, rones y refrigerios, de un poeta local que muchos consideran una estafa en este viejo y desagradecido oficio de convertir en imágenes a las palabras, y que su desmedido ego, o quizás los años que sobre sus hombros carga, lo obnubilaban a tal punto que todavía hoy no consigue descubrir la realidad de su desfasada “composición”. 

Si, lo sé, un viejo hábito o embrujo criollo el de “maltratar” al que no está, que muy pocos se atreven a gritarlo en plena cara del aludido, y al que también muy pocos escapan en su momento. Y es que son muchos los que, con una minima sensibilidad y ganas de poetizar, terminan masacrando al verso y desacreditan el arte de otros que lo hacen de manera orgánica y auténtica; lo cual también, para criticarlo, depende de las apreciaciones y la estética de el que “critica”, muchas veces sin razón, y además, repleto de resentimientos; que de todo hay. 

Sin embargo, poniendo en diferente contexto la afirmación de marras, sin dudas la enorme diversidad de voces que asiste a la poesía cubana -no importa fronteras allende al Caribbean Mare Nostrum, y mucho menos décadas luego del 1959-, a mi modo de ver es necesario el reconocimiento. Existe un verso de valía que se encuentra disperso y ha sido mayoritariamente desfavorecido por el único acto de no militar, o de simplemente no estar “allí”, y que le ha costado vivir en medio del silencio a innumerables buenos poetas. Tal vez la prueba de es que afirmo, con los defectos o ausencias que puedan reclamar los más exigentes, algunos ciertamente justificados pero inevitables aunque se trate de un antologador honesto -que no es disculpa para desmerecer el esfuerzo de quien prepara una antología,  y otras, por pura rabieta de “un ente poético” que descubre “no se ve” y se considera merecedor de una página. 

Son varios los blogs y portales de Internet que han anunciado la buena noticia, acto que no me impide reproducirla:m es saludable saber que alguien se dedica durante años, y a costa de su peculio y tiempo, a juntar “bajo un mismo lomo” a aquellos que por infinidad de razones no están hoy en Cuba, y que asimismo, cuentan con una obra, o tan solo un poema, que bien merece publicarse
Antología de la poesía cubana del exilio, Valencia, Aduana Vieja, 2011 Selección, introducción y notas: Odette Alonso Ilustración de portada: Margarita García Alonso

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Los versos que me cuadran... (XLIV)

A tono con su centenario. Con la esperanza de que "lo descansen" un poquito el venidero año...


RAPSODIA PARA
EL MULO
José Lezama Lima

Con qué seguro paso el mulo en el abismo.

Lento es el mulo. Su misión no siente.
su destino frente a la piedra, piedra que sangra
creando la abierta risa en las granadas.
Su piel rajada, pequeñísimo triunfo ya en lo oscuro,
pequeñísimo fango de alas ciegas.
La ceguera, el vidrio y el agua de tus ojos
tienen la fuerza de un tendón oculto,
y así los inmutables ojos recorriendo
lo oscuro progresivo y fugitivo.
El espacio de agua comprendido
entre sus ojos y el abierto túnel,
fija su centro que le faja
como la carga de plomo necesaria
que viene a caer como el sonido
de mulo cayendo en el abismo.

Las salvadas alas en el mundo inexistentes,
más apuntala su cuerpo en el abismo
la faja que le impide la dispersión
de la carga de plomo que en la entraña
del mulo pesa cayendo en la tierra húmeda
de piedras pisadas con un nombre.
Seguro, fajado por Dios,
entra el poderoso mulo en el abismo.

Las sucesivas coronas del desfiladero
-van creciendo corona tras corona-
y allí en lo alto la carroña
de las ancianas aves que en el cuello
muestran corona tras corona.
Seguir con su paso en el abismo.
Él no puede, no crea ni persigue,
ni brincan sus ojos
ni sus ojos buscan el secuestrado asilo
al borde preñado de la tierra.
No crea, eso es tal vez decir:
¿No siente, no ama ni pregunta?
El amor traído a la traición de alas sonrosadas,
Infantil en su obscura caracola.
Su amor a los cuatro signos
del desfiladero, a las sucesivas coronas
en que asciende vidrioso, cegato,
como un oscuro cuerpo hinchado
por el agua de los orígenes,
no la de la redención y los perfumes.
Paso es el paso del mulo en el abismo.

Su don ya no es estéril: su creación
la segura marcha en el abismo.
Amigo del desfiladero, la profunda
hinchazón del plomo dilata sus carrillos.
Sus ojos soportan cajas de agua
y el jugo de sus ojos
-sus sucias lágrimas-
son en la redención ofrenda altiva.
Entonando el ojo del mulo en el abismo
y sigue en lo oscuro con sus cuatro signos.
Peldaños de agua soportan sus ojos,
pero ya frente al mar
la ola retrocede como el cuerpo volteando
en el instante de la muerte súbita.
Hinchado está el mulo, valerosa hinchazón
que le lleva a caer hinchado en el abismo.
Sentado en el ojo del mulo,
vidrioso, cegato, el abismo
lentamente repasa su invisible.
En el sentado abismo,
paso a paso, sólo se oyen,
las preguntas que el mulo
va dejando caer sobre la piedra al fuego.

Son ya los cuatro signos
con que se asienta su fajado cuerpo
sobre el serpentín de calcinadas piedras.
Cuando se adentra más en el abismo
la piel le tiembla cual si fuesen clavos
las rápidas preguntas que rebotan.
En el abismo sólo el paso del mulo.
Sus cuatro ojos de húmeda yesca
sobre la piedra envuelven rápidas miradas.
Los cuatro pies, los cuatro signos
maniatados revierten en las piedras.
El remolino de chispas sólo impide
seguir la misma aventura en la costumbre.
Ya se acostumbra, colcha del mulo,
a estar clavado en lo oscuro sucesivo;
a caer sobre la tierra hinchado
de aguas nocturnas y pacientes lunas.
En los ojos del mulo, cajas de agua.
Aprieta Dios la faja del mulo
y lo hincha de plomo como premio.
Cuando el gamo bailarín pellizca el fuego
en el desfiladero prosigue el mulo
avanzando como las aguas impulsadas
por los ojos de los maniatados.
Paso es el paso del mulo en el abismo.

El sudor manando sobre el casco
ablanda la piedra entresacada
del fuego no en las vasijas educado,
sino al centro del tragaluz, oscuro miente.
Su paso en la piedra nueva carne
formada de un despertar brillante
en la cerrada sierra que oscurece.

Ya despertado, mágica soga
cierra el desfiladero comenzando
por hundir sus rodillas vaporosas.
Ese seguro paso del mulo en el abismo
suele confundirse con los pintados guantes de lo
estéril.
Suele confundirse con los comienzos
de la oscura cabeza negadora.
Por ti suele confundirse, descastado vidrioso.
Por ti, cadera con lazos charolados
que parece decirnos yo no soy y yo no soy,
pero que penetra también en las casonas
donde la araña hogareña ya no alumbra
y la portátil lámpara traslada
de un horror a otro horror.
Por ti suele confundirse, tú, vidrio descastado,
que paso es el paso del mulo en el abismo.

La faja de Dios sigue sirviendo.
Así cuando sólo no es chispas, la caída
sino una piedra que volteando
arroja el sentido como pelado fuego
que en la piedra deja sus mordidas intocables.
Así contraída la faja, Dios lo quiere,
la entraña no revierte sobre el cuerpo,
aprieta el gesto posterior a toda muerte.
Cuerpo pesado, tu plomada entraña,
inencontrada ha sido en el abismo,
ya que cayendo, terrible vertical
trenzada de luminosos puntos ciegos,
aspa volteando incesante oscuro,
has puesto en cruz los dos abismos.

Tu final no siempre es la vertical de dos abismos.
Los ojos del mulo parecen entregar
a la entraña del abismo, húmedo árbol.
Árbol que no se extiende en acanalados verdes
sino cerrado como la única voz de los comienzos.
Entontado, Dios lo quiere,
el mulo sigue transportado en sus ojos
árboles visibles y en sus músculos
los árboles que la música han rehusado.
Árbol de sombra y árbol de figura
han llegado también a la última corona desfilada.
La soga hinchada transporta la marea
y en el cuello del mulo nadan voces
necesarias al pasar del vacío al haz del abismo.

Paso es el paso, cajas de aguas, fajado por Dios
el poderoso mulo duerme temblando.
Con sus ojos sentados y acuosos,
al fin el mulo árboles encaja en todo abismo.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Los versos que me cuadran... (XLIII)

Abuela canta una tonada
por Ernesto Ravelo
poema que tomo de su blog La Terraza Azul

Humea la sopa en la cocina grasienta,
invadida de finos rayos de sol.
Abuela canta una tonada aprendida en sus días de pigmea rubia,
cuando jugaba a ser mujer por los pasillo sombríos.

Sentado en un rincón la contemplo,
contándole de perfil sus arrugas,
admirando la perfección de su nariz griega.

Los grillos despiertan de su letargo,
la brisa del norte entra sin pedir permiso,
extasiada por el olor de la olla,
y abuela
sigue cantando tatuada en mis pupilas
mientras escribo estos versos...

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Los versos que me cuadran... (XLII)

INNOCENCE
por Ginebra

Entre vidrios rotos y papeles en blanco…
sobre siete peldaños comenzó tu muerte…
Escapaste de mis manos sin apenas tocarte,
como de puntillas
sobre teclas de un piano,
escuchando cada nota…
temblando,
padeciendo…




Fragmento de un poema de Ginebra
que tomo de su blog "Los ángeles también lloran"

jueves, 14 de octubre de 2010

Los versos que me cuadran... (XLI) José Kozer

A IMAGEN
por José Kozer
página de Rafael Rojas



Para Rafael Rojas


Antes me parecía mucho al del espejo.
Era del pulgar al índice,
la mano extendida (eso que llaman en mi país quimbe y cuarta)
un muchachón,
la raya a un lado,
mota (la mota cada vez más alta: motón)
Pantalón beige,
recia camisa roja remangada,
cheche
ladeando desde su altura a un lado y otro la cabeza,
a mi paso volutas,
a mi paso estelas de alguna narración que la cabeza
jamás interrumpida
suscitaba, ¿adónde iba?

Prendía la mariquita a la tela de mi camisa,
Daba otro paso el Cheche de aquel reparto,
desde mi altura la contemplaba,
Oh Israel, le perdonaba al insecto
(Yo, Señor de los insectos) la vida.

Iba camino de aquel impertérrito espejo al que me parecía,
equis por ciento la madre,
equis por ciento el padre con toda su parentela
de panes redondos, gigantesco
holocausto el pan de mi
parentela (kimmel broit, allá quedaron amasados)
Tres pelirrojos,
ni una sola hembra,
uno ya calvo pese a ser tan joven
(a la hora del hueso ya era anciano)
a todos me parezco en aquel espejo
primero de La Habana: los rezumo;
me astillo, vuelvo el rostro en todos ellos renovado,
se inscriben las cicatrices,
se inscribe el estigma vuelto ideograma,
y el rostro

vuelto hacia el Rostro
Hecho lamento y muro,
Oh Jerusalén, se inclina y se inclina rozando
casi la piedra, rostro ancestral:
un por ciento equis la muerta
retahíla de mi parentela,
ya pronto migro cual pájara desvencijada hacia poniente,
en su osamenta iré a reclinarme
(despojarme: no por propia voluntad)
veré mi renovado rostro unos instantes antes de incendiarse: alfa pelirroja mi cabellera, delta la camisa recién abotonada (no quiero que se me vea la rala pelambrera cana del pecho)
verdinegro fulgor
el liquen de una palabra que traigo en mente (ofrenda) para presentarme
(un juicio, auguro)
Señor: mucho me parezco en la imagen, apenas soy (ya) en la semejanza.

No puedo más con las palabras.
Alzo los ojos (Señor)
hoz viva la ceniza,
Parturienta guadaña en verdad esta situación:
échate, perro. Rasca, moscardón.
Tritura, aspa, que llegan el papel y el pan redondo de mis ancestros
rodeados (renovados)
por dulces panes de migración,
un largo pan de flauta en el espejo,
Perfecta división de su infinito de harinas,
la yagua que lo atraviesa (aleluya):
ya mucho me parezco. A éste. Por la falla. A la salida.
El frío del madrugón (¿estaba en verdad preparado?).
De atrás para adelante
me cogió descalzo sobre las baldosas del cuarto
de baño y justo (pues es lo justo) al alzar los ojos al espejo
del botiquín
Oh Padre Jacob
éramos diez soy uno.



Tepoztlán, 1998.

viernes, 8 de octubre de 2010

Los versos que me cuadran... (XL) Rolando Santini

por Rolando Santini
soneto que tomo de su blog Lengua Indómita

Al reclamo voraz de la natura
yo te quité el vestido brevemente
y a la vista total de tu hermosura
hirguióse un cirio como hierro ardiente

¡¿Que cómo fue?! Un sueño, una locura.
Te fui invadiendo así, muy lentamente
y el suave navegar de tu cintura
hízome naufragar en tibia fuente.

¡Qué vértigo! ¡Mi Dios! Senti mi frente
perdida como un ave en noche oscura
y al dulce impulso de tu mar caliente

que a mi playa llegaba con premura
en gimiente explosión, intensamente,
me sentí derramar en tu figura.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Los versos que me cuadran... (XXIX) José Ángel Buesa


Poema del renunciamiento
por J. A. Buesa

Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor, y al pasar,
fingiré una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte ... y jamás lo sabrás.

Soñaré con el nácar virginal de tu frente;
soñaré con tus ojos de esmeraldas de mar;
soñaré con tus labios desesperadamente;
soñaré con tus besos ... y jamás lo sabrás.

Quizá pases con otro que te diga al oído
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amaré más que nunca ... y jamás lo sabrás.

Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar;
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos ... y jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
-el tormento infinito que te debo ocultar-
yo te diré sonriente: "No es nada ... ha sido el viento".
Me enjugaré la lágrima... ¡y jamás lo sabrás!

lunes, 30 de agosto de 2010

Los versos que me cuadran en la diáspora... (XXVIII) Michael Sixto

Cuesta arriba
por Michael Sixto
texto que tomo de KontARTE

Cuesta arriba, cargando el desespero de este tiempo nuevo,
de esta angustia tardía que me ha despertado las ganas de sentir,
de saltar afuera donde los rostros de las gentes otra vez comienzan a confundirse con los olores de la tarde,
regreso despacio por el mismo camino que me llevó hasta ti.

Regreso sin prisa pero con la necesidad de saciar esta sed pospuesta,
este deambular sincero de mis pasos que son luces y son noches,
tan oscuras como limpias.

Si quisiera recorrerte ahora sabría exactamente donde encontrar cada parte,
cada pedazo de piel ya andada,
que se estruja en el desespero de comernos con afán
aprovechando cada segundo robado,
cada instante de encontrarnos al final de la cuesta,
donde los sueños renacen y la vida cobra sentido con la caricia,
o el suspiro,
o el grito que desgarra la noche ensangrentada.

Pero no te encuentro de regreso.
Allá, perdida, te he dejado sin aliento,
sin rostro que recordar,
sin deseos ya de beber de mi agua.
Y mi sed termina por transformarse en delirio y corro,
salto al cielo en busca de tu abrazo,
mas la sombra,
tu sombra,
es tan grande que no logro respirar.

Tengo miedo de perderme entre tus luces y de no encontrarme en el ayer que abandoné por esos ojos tuyos que invitaban,
sigilosos,
conocedores,
a la aventura de morir entre tus brazos.

¿Es el tiempo el culpable, o soy yo? Cobarde desconocedor de tus virtudes, que sin vacilar he tentado al destino y he caído, presa del desconsuelo de saberme repetido en cada rincón de ese abismo, de esa melodía que me acompaña hoy en el cansancio de volver, cuesta arriba, hasta el recuerdo de un lejano yo, al cual, estoy seguro, ya nunca más amaré.

Los versos que me cuadran... El blog


Los poemas que me cuadran en la diáspora…, los ubico en un sólo espacio. Mientras el proyecto siga desarrollándose, podrán leerse con más comodidad en una pagina que únicamente se dedique al verso. Claro que vendrán más, y continuaré publicándolos, primero aquí y luego allá, y al final, a lo mejor de una buena vez sale un libro con la ayuda de amigos, como la Marga, que gentilmente se ofreció a materializarlo en la gélida Groenlandia…


Sean entonces bienvenidos a

jueves, 26 de agosto de 2010

Los versos que me cuadran... (XXVII) Armando Valdés-Zamora

Rapsodia y dibujo
por Armando Valdés-Zamora
poema del cuaderno Imaginarias..., que tomo del blog de Zoé Valdés

Para Ania

Ha venido a mirarnos con la lentitud de lo desconocido.
Nada podemos hacer y esa es la mayor ausencia.
Los ojos y la máscara oscura recuerdan el espejo que olvidamos en alguna parte de esta ciudad desconocida.
Como si no esperáramos.
La duda y nuevamente el riesgo de avanzar.
Mucho antes de esta sorpresa.
Como si no perdonaras los restos de mi piel dejada cada tarde en los talones húmedos.
Para huir.
Para no despedirnos.
Para que nadie sepa quién sonríe en la pared cuando mi madre abre la puerta.
Porque también al mar debemos callarnos. Aunque el sueño sea el segmento del cangrejo que después quemaremos en los acantilados. O en el sueño.
El mar hincándonos los ojos y la espalda mojada.
Comenzar cuando no dejas de creer en las alas del humo.
Nadie tiene que saber cómo has llegado. O quién llegó primero. Sólo tu color verde. Ondeando. Sólo que ya tú tampoco puedes.
La luz en la garganta, la madrugada y aquel vino atroz bebido entre los charcos.
El color verde en el futuro de una postal donde prometemos ser siempre los mismos.
Algo estuvo ardiendo una vez en aquella ciudad sin conocernos.
Dos árboles muertos y el mismo páramo para volar escondida.
Algo como morder el sol sin conocernos. Algo tuvo que morir por separado.
La asfixia de seguir en silencio junto a las gotas de agua que cayeron sobre el hacha. Acostado en cubierta. Mirando con horror otro desfiladero.
Ni un pájaro golpeado por marines. Ni el sudor de la bestia en la montaña.
Nuestro animal inconforme y de agua. A punto de seguir hacia las nubes.
O mi voz y tu mano en la calma de encontrar la salida antes de tocar ebrios los andenes.
Nuestro animal saltando desde el tren por toda La Habana a pesar del miedo,
la primera vez,
y tanta isla.

martes, 24 de agosto de 2010

Los versos que me cuadran... (XXVI) José Abreu Felippe; Reinaldo García Ramos

Miedo
por Jose Abreu Felippe

El miedo viene a mi cama
y se acuclilla sobre mi almohada.
Veo sus agujeros
goteando sobre mi cara,
su colgajo blando sobre mi boca.
Es pez que agoniza,
que boquea.
Con entusiasmo
reproduzco la mueca con mis labios

Cuento de Navidad
José Abreu Felippe

El vecino descubrió, al fin,
dónde se escondían esas ranas
que cada noche,
trabajosamente,
subían mi escalera,
a disputarle la comida a mis gatos.
A estacazos, triunfal,
las mató a todas.





EN EL LABERINTO
por Reinaldo García Ramos
poema que tomo de La Habana Elegante

En aquel laberinto andaba siempre
un callado señor que se alejaba
y volvía a acercarse lentamente;
repetía funciones certeras y solemnes
que era preciso realizar
con una enorme devoción.
Por la oscura labor que lo absorbía
en el difuso cerco no encontraba
elogios ni promesas;
controlaba sus pasos, recorría sin ruido
y con gran insistencia los pasillos iguales,
pero iba y venía con las manos vacías.
Aquel cerrado espacio se había vuelto
con el tiempo su premio
y cada pared era un enorme espejo;
si miraba hacia ellas descubría
su vieja corpulencia atravesando
el estricto camino una y otra vez,
moviéndose muy cerca de sí misma,
sellando su eco y su presente

miércoles, 18 de agosto de 2010

Los versos que me cuadran... (XXV) Ramón Fernadez-Larrea


Cómo conocí a Peter Pan
por Ramón Fernández - Larrea
poema que tomo de Portal de Poesía.

Anduve tanto tiempo tropezando con ropas ajenas
Me volvían tan torpe los sonidos
Hice tanto caso a las llamadas al alma
que decidí dejar la ventana abierta una vez

Primero entraba el mar
navíos extraviados de oscuridad
grifos
cartas que nunca más tuvieron ojos
puñetazos de agua contra arrecifes lejanos
y mi hermano Sandokan oliendo el cielo de la mañana

Como me acostumbré a contar el día
por la voz que cargaba el amanecer
seguí mirando el precipicio y la lluvia
bocabajo
con legañas
feliz
enfermo o escribiendo
vendiendo el aire de la ventana
hasta que una noche murió mi niñez

No pude crecer más
el reino perdido es la justificación
No hubo más aire en los ciruelos
Con el cielo pegado en la cara moría
impávido
esperando

Entró de día y mi sombra era suya
Hablamos como viejos piratas
Hizo cuentos de cuevas y madres que nunca tuvo
hasta que le hablé de mi madre
Porque mi madre quería las ventanas abiertas
siempre ponía algo de cielo en la pupila izquierda
en la mano que jamás apagaba el cigarro
y dormía hacia al Este para esperar señales
como hago yo
esperando
o esperándola
otra vez con todos sus dientes
para montar cisnes
o que las nubes nos inviten a buscar sombras cuando la ventana decida

Hasta después de aquel vuelo magnífico
me miro un dedo
y sirve para otra cosa
Echo sangre entre los dientes delanteros
No he crecido buscando sombras en la oscuridad
de asesinos
de generales
de niños perdidos
de gente con el culo tan alto
que vigilan la entrada de aire en mis encías
Aunque no cierre la ventana más
apoyado en la almohada de la ilusión
un dedo en el cielo
y otro que toca un cadáver.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Los versos que me cuadran... (XXIV) Carmen Gonzáles y Mayra Delgado

Espinas de marabú
por Carmen González Placeres
poema que tomo del wall de facebook de la autora

Libertina estampa
la ignorancia
carta impía
al desenfreno
presumió ángel
parvulario
naciente lactancia

estómago
o galimatías

boicotea gritos
suena ligera
y atrevida
sin analgésicos
análisis primario

pócimas
y pañales

ojos niños
de agua y sal
letras en hipo
llanto desabrido
consumación
de divorcios
y bodas

cabalgando
toca albor

litera heredada
ajado satén
de raso blanco
y veneno
colcha de lecciones
torpezas tiernas

trivial
pecado

ciego
el sordo
de olvido consejos
formas y cadenas
palabras
de abuela

acantilados
vértigo

acero diluido
preña delicadezas
prevención pura
apedreó
el infante
detenido confin
una opereta muda
guerra
de muequitos

bostezos
sótano

jaula, cenizas
estaciones secas
otoños
entretiempos
a escondidas
espinas de marabú

simbiosis
terquedad

trastienda
del mapa mundi
amarrada al trapecio
y consentimiento
mudar piel

víbora
cascabel

toxinas
curando madera
interrogantes y matices
adolescencia
carcoma disfrazada

ley
detenido

pañuelo
cuaderno y pizarra
travesura vital
pliego de toxinas
en la inopia

carne de narcótico
afluentes

hiedra en los espejos
proyecto Ser
puertas
de abanico
obstáculo a rombos
sed atrevida
de aceite en agua

sudor
hasta lipoide
crepúsculo sitiado.





BALADA DEL ITSMO
por Mayra N. Delgado Novoa

poema que tomo de Sentado en el Aire, blog de JC Recio

Del otro lado del túnel
está el sueño,
fantasía cromática,
señales ambiguas
que trastocan referencias,
puntos cardinales.
(Los beatos
han invadido el templo
vestidos de mercaderes
y en cada una de sus balanzas
se ofrece
a precio de remate,
un pedazo del corazón de Jesús
).

Pero nosotros,
pobres criaturas de esparto,
no pudimos volar,
no alcanzamos remontar la arena,
áureo polvo de la tarde
con esta vocación de raíz
obstinada y lúcida
en nuestras plantas.

De este lado del túnel
está la espera
el silente film
en blanco y negro,
la dimensión intemporal
del espacio,
la espiral sin límites
del tiempo.

viernes, 6 de agosto de 2010

Los versos que me cuadran... (XXIII) Reinaldo Arenas


Tú y Yo estamos condenados
Reinaldo Arenas

Tú y yo estamos condenados
por la ira de un señor que no da el rostro
a danzar sobre un paraje calcinado
o a escondernos en el culo de algún monstruo.

Tú y yo siempre prisioneros
de aquella maldición desconocida.
Sin vivir, luchando por la vida.
Sin cabeza, poniéndonos sombrero.

Vagabundos sin tiempo y sin espacio,
una noche incesante nos envuelve,
nos enreda los pies, nos entorpece.

Caminamos soñando un gran palacio
y el sol su imagen rota nos devuelve
transformada en prisión que nos guarece.

La Habana, 1971


De modo que Cervantes era manco
Reinaldo Arenas

De modo que Cervantes era manco;
sordo, Beethoven; Villon, ladrón;
Góngora de tan loco andaba en zanco.
¿Y Proust? Desde luego, maricón.

Negrero, sí, fue Don Nicolás Tanco,
y Virginia se suprimió de un zambullón,
Lautrémont murió aterido en algún banco.
Ay de mí, lo mismo Shakespeare era maricón.

También Leonardo y Federico García,
Whitman, Miguel Ángel y Petronio,
Gide, Genet y Visconti, las fatales.

Ésta es, señores, la breve biografía
(¡vaya, olvidé mencionar a san Antonio!)
de quienes son del arte sólidos puntales.

La Habana, 1971

Los versos que me cuadran... (XXII) María Elena Cruz Varela

Soy la canción fatal de Eleanor Rigby
por María Elena Cruz Varela
poema que tomo de Conestabocaenestemundo

Estoy lanzando piedras contra la oreja sorda
cambiante de ambos mundos.
Esto es la soledad y sus crepitaciones.
Estoy haciendo señas junto al tonto paciente
que yace en la colina y con la pobre loca
que remienda sus cuitas en un banco del parque.
Por sus dedos conclusos.
De tejedora rota.
Destilan los retazos.
La crónica final del abandono.
Le digo que me espere.

No es tiempo de morir a la sombra
marchita de los álamos.
Estoy lanzando piedras contra la oreja sorda
sangrante de este mundo.
Este mundo convexo que muestra sus espaldas.
Se extraviaron los planos
que ayuden a escapar del Laberinto.

Estoy lanzando piedras: soy la loca del parque.
Soy el tonto decrépito que yace en la colina.
Soy la canción fatal de Eleanor Rigby.
Y soy la antología
de los que mueren solos
sin traspasar el túnel.

Sigo lanzando piedras.
Estoy cansada y sigo.
La loca muestra impúdica
la mueca desdentada de su hastío.
Vira al revés su bolso.
Esparce pieza a pieza
su manojo de olvidos.

Le digo que me espere: no es tiempo de morir
a la sombra marchita de los álamos.
No resisto esta paz de abrevadero.
Ni la culpa redonda
pendiente del manzano.
Ni la flecha buscando
centro en mi cabeza.
Estoy lanzando piedras.
Quizás encuentren eco.
O las devore el fondo.

jueves, 5 de agosto de 2010

Los versos que me cuadran... (XXI) Elena Tamargo


Fragmentos De La Habana
por Elena Tamargo
poema que tomo de Portal de Poesía

Pensar, robar, gozar
todo un único espasmo.
Arpegia y pica, Lázaro.
Salta de los tejados cuando nadie te vea
y muestra el interior de la sonata.
Aquella criatura desenfrenó la nada.
Es la maldad tan natural lo que te bambolea.
Veo tu insomnio a su manera
veo el disco girar y a los hombres
veo charcos, tranvías
veo enormes pedazos de La Habana.
A los negros los veo
resonando a sus pies el toque de los siglos.
Negros espirituales.
Blanco el mantel del primer desayuno
blanco mi abuelo
blancos en el exilio, desconcertados
borrachos de blancura
blancos los hospitales
negro mi cuerpo en el primer amor.
Llegan las mariposas a confirmar que ardí
y me dejan besando su jadeo
la inútil ceremonia
junto al candil oscuro.