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domingo, 29 de septiembre de 2019

Denis Fortún, una poética en desarrollo



Hay poetas que viven anquilosados en su torre de marfil, y son capaces de crear un universo poético desde su inmovilidad o aventura libresca; también están los poetas que encuentran en la vivencia un imprescindible material creativo, que sirve para revelarles a los lectores lo que los poetas de torre de marfil, -acaso por naturaleza- no pueden hacer. La poesía necesita de un Rimbaud que rescate ese tesoro oculto del antro, o de un Miguel Hernández que nos conmueva con la experiencia de la guerra y la cárcel, testamentos poéticos que no pudieron legarnos un Borges o un Lezama Lima. La calidad de la poesía no se mide por el exceso de referencia culterana, o por el derroche demostrativo de conocimiento (vicios muy postmodernos), sino por el culto que emerge de un verso o una estrofa bien construidas como estatuas que se erigen en la memoria del lector; es decir, con sus propias palabras, el poeta funda otro conocimiento, una referencia.
El poemario Noticia en desarrollo (Exodus Ediciones, Miami, 2019), de Denis Fortún, se circunscribe a esa poética que se forja de la travesía de su hacedor por la vida; sin embargo, el poeta en este libro tiene la capacidad de fusionar su bitácora con el aprendizaje e información de sus lecturas. Fortún  no oculta su ser, un ser que puede oscilar entre la frase culta y la coloquialmente escatológica; entre el humor de fina ironía y la burla mordaz del choteador cubano, razón por la que  deja fluir su instrumental expresivo sin escatimar palabras: como será te prohíban dar oídos a tu sonata favorita y toque a tu puerta un hijo de puta…
Su vocación de cronista, puesta de relieve como narrador, se plasma de nuevo en este poemario a través de esa agudeza ocular que no permite que se pierda la relevancia del detalle. Es así que, a partir de un verso de ese gran observador que fue Antonio Machado, Fortún nos recrea con Escritura mecánica la odisea de una mosca en la cima de una loma.
Aunque este libro desde su título nos anuncia la intención del poeta de reportar su realidad, o hacernos partícipe de su noticiero existencial , este logra trascender el mero retrato testimonial  con un lenguaje en el que la descripción de un hecho se entrecruza con el tropo poético hasta quedar velado,  tal como se puede leer en un poema como Night Club 59: En El Gato Tuerto a una puta le embeben  su mirada con desdichas y entre alcohol besos y boleros descubre en medio de sus muslos el inminente destierro que alguna vez será de antaño. Pero también, en ese mismo entorno en el que pernocta, puede alcanzar el tono descarnado de un Bukowski, tal como nos confiesa en su poema Los dientes de Keira Knightley: imagino casi a diario su lengua y su mordida/ puede que juzgues/ soy un tipo ilícito indecente y además imbécil.
En uno de los poemas más logrado de este libro, Viejo lobo, Fortún, a la manera introspectiva del Darío de Cantos de vida y esperanza, hace una parada en su camino y, poseído por esa sabiduría que otorga el tiempo, nos dice con lúcido pesimismo: se pierde tu nimbo viejo lobo/agoniza el privilegio de lo eterno/quedan atrás los días de deslumbre /cuando tu hocico lucía un perfil vigoroso. Para luego cerrar con la contundencia de esta sentencia: “hoy la oscuridad será tu rutilante hueco/ hueco que engulle al animal que fuiste a esta hora de y última vez y nunca más y olvido.
Otros poemas de este libro registran su itinerario cubano, siempre con ese talante de cronista con el que disecciona un hecho.  Y nos evoca el avatar  familiar que fue la reforma urbana, en la que una madre ve pasar sus años mozos padeciendo de dudas y desasosiegos en medio de esa hecatombe histórica que erosionó los cimientos de la sociedad cubana. Y dentro de este contexto, en su poema Insomne, nos describe como el nuevo sistema de masas se convierte en una invasión a la privacidad del individuo: una multitud con caretas y viseras de marismas se propone estafar la calma de tu inmediata mañana vociferando consignas.
En estas páginas somos testigos de los parajes del poeta, desde su natal Habana a su adoptiva Cienfuegos, a la que le debe su iniciación literaria, para luego emprender su viaje al exilio radicándose en Miami, ciudad donde ha publicado la mayoría de su obra. Y desde la capital del exilio, epicentro vivencial de este poemario, viaja a Buenos Aires a reunirse con Virgilio, con aquel Virgilio sin miedo que desafiaba a Kafka y a Ionesco con su insecto caribeño del absurdo. Y también se va a New Orleans, donde descubre un mundo maravilloso junto a Louis Armstrong, mientras trasnocha entre putas y fornicadores por sus calles y bares.  
Denis Fortún, más que con la noticia, ha dado con una poética que, al igual que la vida, no detendrá su desarrollo. Y ha reportado no solo la realidad que lo circunda, sino que, además, ha dejado una cámara enfocando al escenario de su mundo interior.  De ahí el valor de este libro, pues echa por tierra toda apariencia y engañifa pretenciosa, superando incluso al pertinaz comediante y fabulador de sus narraciones, para recrearnos sin cortapisas al hombre y su medio tal como lo capta su mirada.

Joaquín Gálvez
Miami, 27 de septiembre de 2019


Texto de presentación para el cuaderno en el Kendall Art Center
 

viernes, 23 de agosto de 2019

Noticia en desarrollo. Prólogo


El texto que sigue fue escrito por Alberto Sicilia para el cuaderno, y es de esas cosas que te pasan y vas agradecer toda la vida. Sicilia, además de un buen amigo, fue justamente por él, a inicios de los dos mil, que llegué  a la poesía. Para mí, sin dudas representa un privilegio.

Esperaba este libro de Denis Fortún; lo esperaba como un hombre espera que se abran las puertas del edén y adentro lo reciban... cien mil vírgenes putas. Secuencias de una época, de un tiempo en formación, todo libro restituye la visión del vencedor sobre su entorno. Hay poemas de fuerza renovada que se pensaron en la isla maldita, que son parte de una bahía del sur y que zanjan una deuda con los ponientes y describen, como nunca, el hundimiento del sol y de la isla. Esperaba este libro, vomitado a propulsión y razonado por un poeta hecho de fatigas cruciales, un hombre armado de su propia independencia y libertad que se ha preparado para un salto y luego ha asumido sus demonios y sus ángeles. Más adelante estarán los interiores, las tierras revisitadas por el paso del hombre y por la memoria que dicta cada huella; estarán los sitios que acomodan al poeta en su voz y lo hacen despojarse de artificios, de falsas apariencias, de la engañosa reciedumbre de los verbos. Yo conocí al poeta en su Isla y su Bahía. Balbuceante de notas, su acento era certero, aún en la estación de las búsquedas; su convicción de amor por las palabras era un signo de fuerza arrolladora, dispuesta a dar testimonio de su fuego.

Como un film en progreso se abre este libro y a la inversa de todas las obras, donde debes pedir salvoconductos para entrar y pernoctar en ellas, esta llega y entra por todos tus sentidos, forma parte de ti, que has transgredido, como el poeta, las normas y el tabú y alista tu inconsciencia para un nuevo destino, siempre a la espera de esa puerta al amor y a la inocencia.

 Alberto Sicilia Tampa, agosto 8 de 2019

viernes, 9 de agosto de 2019

Propenso



empujas la puerta de un bar con un puñado de versos envilecidos en tus manos
retahíla que has escrito a tu puta favorita
y descubres a punto de beber 
la razón del éxodo de una larva en el fondo de tu vaso de whisky
un viaje que arruga a tu estamento
—la piel mejor ni se mencione— 

empujas la puerta de un bar por evadir tu marcha con dejillo a falacia 
sin saber a dónde
—ella lo mismo carece de flechilla— 
marcha agrimensura de vicios y dudas
que por fuera de una rosa es laberinto y por dentro se te antoja carretera

empujas la puerta de un bar un día otro
de tanto empujar engordan sus bisagras en el abre y en el cierra
y ya tus versos son menos
menos envilecidos
ella no concurre 

Photo from Google
Unknow photographer 

martes, 4 de junio de 2019

Reformas urbanas


Los que se alejan siempre son los niños
sus dedos aferrados a las grandes maletas
donde las madres guardan los sueños y el horror
Heberto Padilla/Fuera del Juego

hubo una vez un viejo apartamento que arrebataron a dos mujeres una tarde de pleonasmos y lo cubrieron de inventarios y sellos amarillos 
para luego dispensar sus paredes a un soldado

hubo una mujer atestada de manías y remordimientos
de sombra disuelta
que no tuvo otro remedio que declararse en banca rota
la inversión para escapar de un tiempo repleto de reformas pasó de largo 
y no consiguieron sus dedos sembrar la semilla de un árbol de Carolina
inventar plumeros con sus flores 
para sacudir el recelo que se amontonaba al frente de su puerta
y la vida después de ochenta equipajes
se le antoja un bolero de Aldemaro Romero

una joven de perfil reciente y flamantes tacones 
carga en su cartera badana una foto de la que fue su madre 
cuando no padecía dudas y desasosiegos
y no cesa de mostrar apartamentos
prefiero abra su blusa 
y trascienda como la presentación de un libro de versos inmaturos 
la belleza de sus senos pequeños