viernes, 17 de febrero de 2012

Las armas elementales...

No sé cómo terminamos El Viejo y yo hablando de Cuba. Creo fue, por un pico y una pala que alguien mencionó, le hacía falta para no sé qué arreglo en el patio de su casa. Pero "ese cómo" es lo menos importante. Y es que El Viejo, aunque él asegure que ya no le interesa “el tema”, en medio de su trabajo jamás deja de revisar la Internet en busca de noticias que se relacionen con la Isla, y mucho menos, de confesarme sus avatares allá.

Si puedo asegurar que, como ya es habitual, terminé sonriéndome por la manera simpática de relatar la más reciente de sus historias. A pesar de que luego, yo me quedo observándolo con cierta compasión por ese sabor un tanto amargo que se le congela en el rostro durante varios segundos; hasta que retoma la palabra con su habitual jovialidad y un asunto diferente. Se trata más bien de una suerte de silencioso repaso que pretende disimular, y que concluye delatando su disgusto, incluso su dolor, el que todavía no consigue sacudirse de encima sin importar los años que lleva en Miami.

Ayer me contó El Viejo que una vez el Presidente del CDR de su barrio lo llamó para comentarle muy solemnemente que se manejaba al más alto nivel noticias muy confiables de que los americanos esta vez sí iban a invadirnos. Por consecuencia, se pensaba hacer un inventario entre los vecinos para saber cuántos picos y palas podrían reunirse para la construcción de trincheras. El Viejo, riéndose discretamente, le contestó al sujeto que en su casa no existía herramienta alguna que sirviese para eso, y con la misma se dispuso a seguir su camino. Sin embargo, el Presidente lo sujetó por un brazo y agregó disgustado.

--Viejo, la verdad que usted es una persona negativa. No se le puede encomendar una tarea de la Revolución, que siempre se aparece con una excusa para no cumplirla ¿Cómo es que no guarda un pico y una pala, sabiendo que son armas elementales en este momento que vivimos?

El Viejo que se quedó mirando al tipo. Después dio una ojeada a su alrededor, tropezándose únicamente con un asfalto agujereado en tramos; con carros viejos; con mucha gente; con edificios en su mayoría extremadamente cansados por el tiempo que llevan soportando la carga que representa el hacinamiento que padecen, y por fin le dijo.

--Compadre, porque esto es Centro Habana y yo no tengo siquiera patio en mi apartamento. Aquí tú no ves tierra, ni matas, ni se sospecha que hayan tesoros enterrados o cosa por el estilo para que uno precise de chirimbolos como esos ¿Está bien...?