martes, 1 de diciembre de 2009

Aplausos

Una vez, hace ya mucho tiempo, una buena amiga me contó que en medio de la celebración de la Feria Internacional del Libro en la zona central de la Isla, El Indio Naborí fue invitado a la Universidad de Cienfuegos para que diera un recital de su poesía, la más antológica. Por esa época, el cantor de los Zapaticos de Nemesia apenas si podía moverse solo debido a su enfermedad en la vista, por lo que se acompañaba de su esposa y de algunos ayudantes locales. Lo cierto es que, esta amiga, de las pocas que estuvo allí para contarlo, dice que al recital no fue ningún estudiante y únicamente se encontraban en el auditorio unas seis personas. Por supuesto, el poeta jamás se enteró de tan desnutrida audiencia y leyó sus textos -quiero decir, los recitó de memoria- como si estuviese ante un numeroso público. Pero lo que resultó macabro y de un irrespeto enorme, para que no se diese cuenta Naborí de que no había prácticamente nadie escuchándolo, el operador de audio cada vez que él terminaba de recitar un poema, este le ponía aplausos grabados al estilo de los más rocambolescos programas de la televisión local de Miami. Terrible.