miércoles, 3 de noviembre de 2010

Marcos Rubio, la profecía...

El entusiasmo del cubano, sin importar latitudes o contextos, es sorprendente. Y la facilidad para profetizar, aunque se equivoquen luego y culpen al oráculo y no a las causas que mueven en otra direción al evento, es mucho más increíble. Allá, en Cuba, por ejemplo, por muy precaria que sea la situación, lo mismo política, social que económica, los partidarios del régimen llevan anunciado por mas de cinco décadas que un futuro promisorio se encuentra al doblar de la esquina. Una esquina cada vez más virtual, cada vez más distante, definitivamente imposible de alcanzar de seguirse al pie de la letra los derroteros revolucionarios, las famosas “metas”. Aquí, en Miami, después de leer un post en la red sobre la victoria del joven Marcos Rubio -hijo de criollos, lo que sin dudas enorgullece a cientos de miles- por la vacante republicana que dejase en el Capitolio en agosto del año pasado el Senador Mel Martínez, veo que al Sr. Rubio ya se atreven a compararlo con Obama en cuanto ascensión, y los pronósticos para que dentro de varios años -no más de un lustro- sea el próximo presidente de los Estados Unidos, ya algunos analistas lo dan por hecho.

Claro, allá, por más que se lo propongan, no hay posibilidades, ni las más remotas, de lograr que finalmente el vaticinio de bonanza y estabilidad se consiga. Sin embargo, aquí, viendo la trayectoria de Rubio, su empuje y juventud, las posibilidades que da el sistema, si bien no me atrevo todavía a apostar porque ha de acontecer el hecho, igual no pongo en dudas el que un día bien que pueda el Senador Rubio ocupar la importante silla de la oficina oval.