domingo, 11 de febrero de 2018

Avatar, locura azul (fragmento de 324 Mendoza)




 Hará una semana y media, quizás dos, que no sé de la vecina de enfrente. Extraño su rutina de caos y orden, que se alterna una que otra vez con lujuria. Averiguo con discreción si se ha mudado y nadie consigue responderme. Es como si solo yo la conociera. Sin embargo, anoche tuve suerte y descubrí las cortinas abiertas, y he visto al gato encima de su cama, siempre inamovible como un muñeco de loza. Anoche, la luz de su baño fue la única encendida durante unos veinte minutos, y alumbraba un poco su cuarto. Pero no era la luz amarilla de costumbre, incandescente, sino una de un azul tenue. Me quedé vigilando, al tanto de cuando saliera del baño y regresara acostarse, ese tramo lo hace desarropada, sin cáscara. En cambio, una mano que no alcanzo a distinguir si es de hombre o mujer, que no es la suya definitivamente, supongo que sentado en el piso, desde abajo de la ventana corre las cortinas de un tirón. Nada más cerrarse los doseles del viejo encaje amarillento, la luz azul de su baño se apaga.
Estuve pendiente unos cinco minutos, por si el telón de mi escenario favorito se abre por segunda vez, y no pasa. Antes de dormir le respondo un mensaje de texto a Ela y otro a Carmen. Quedamos en encontrarnos la noche del jueves próximo, como viene siendo usual, y les pido se aparezcan temprano, preferiblemente juntas, para mirar los tres a la vecina de enfrente, y hasta considero por un segundo que también podría invitar a mi vecinita modelo, y concluyo riéndome, y me acuesto de una vez. Siempre he querido hacerlo, pero jamás lo he logrado, ya sea porque no aparece la vecina cuando Ela y Carmen están, y si ellas no están, es cuando se asoma la vecina; o simplemente lo olvido, porque los jueves es noche para fornicar simulando una pasión que compartimos. Así lo prefiere Carmen, en este juego su ternura aflora más que la de Ela y la mía, señalando que lo nuestro se trata de un bello acto únicamente disfrutable para corazones perceptivos al borde de un abismo en donde un mulo se asoma, los tres al amparo de una lubricidad sensitiva, de un lenguaje inescrutable, y no se precisa que aflore la palabra, basta el quejido suave que nos regala la complacencia encima del sofá, que ha venido a ser nuestro templo favorito; Carmen a veces puede resultar muy lezamiana. Cierro los ojos con intención de dormirme, y sigo pensando en la vecina de enfrente. Incluso, temo que al despertar ya no esté viviendo en su edificio, una premonición sin fundamento en ese instante, una idea que me molesta, y me desvelo, lo que se ha hecho habitual luego de estar sin trabajo. Para no continuar pensando, busco una película entre las tantas que guardo. Después de una pesquisa no muy rigurosa, concluyo eligiendo Avatar, y apenas si paso los primero treinta minutos. El cansancio, si bien no es mucho, se impone, y termino por soñar con la vecina de enfrente.
Una de las ramas del cocotero que queda más cerca de la vecina de enfrente ha entrado por mi ventana, que ahora es un hueco enorme, sin persianas de cristal y cortinas. Sus hojas desprenden una luz azul clara que se acentúa en sus puntas, y el junco que las sostiene cuenta con un ancho enorme, sólido, como si fuera un puente que me instiga a cruzar de un edificio a otro. Estamos desnudos, acostados, sin decir palabra, mirando los tres al techo, y escuchábamos el bolero de Ravel. A mi derecha Ela, Carmen a mi izquierda, y las dos se incorporan al mismo tiempo. Me toman por los brazos, invitándome a que vayamos al cuarto de enfrente, donde la mulata hermosa nos espera. Un gato blanco se lanza de la rama del cocotero y se queda con nosotros, pero no es el sedentario de la vecina de enfrente. Este es delgado, se mueve con mucha vitalidad, cariñoso, además, y me maúlla muy quedo, mirándome como si pretendiera confesarme alguna historia de gatos, en su lenguaje de gato que yo irremediablemente no comprendo. Del mismo modo que no lo escucho, su intento se me antoja una mueca, y le respondo moviendo mis labios, en silencio, y no recuerdo qué dije. Como la paloma, el gato sonríe con sarcasmo, y Carmen lo acaricia, le habla, y no sé lo que conversan. El gato responde maullando de nuevo y yo intento averiguar de qué trata la plática inusual de ambos, y por réplica recibo otro maullido, esta vez de Carmen, que sí he oído perfectamente, aclarándome que es gata. El gato flaco es gata flaca, enfatiza Carmen. El único macho dominante en el sueño soy yo, detalle que podría prestarse a un psicoanálisis. Ela pasa su mano, con cariño, por la cabeza de Carmen y esta hace esa mímica tan gatuna de enroscarse con la mano que le acaricia, y ronronea, besando a Ela en la oreja, y acaba pasándole la lengua por el rostro.
La gata se sube a la rama y cruza por encima del jardín, en dirección al apartamento de la vecina del 326, jardín que luce mayúsculo, repleto de plantas que jamás he visto, brillando de un modo penetrante por tantas luces de diferentes colores, de las que no ves sus bombillas, sino el centelleo que sale de entre el follaje, como si fueran parte de la vegetación, de la tierra misma, y lo alumbran todo. El jardín está ordenado, sin tanques de basura, mostrando toda su memoria, gente y hechos que desconozco. El edén en que se ha convertido luce limpio, recién chapeado, pero no es un trabajo by the book por jardinero apurado a cobrar, es como si lo pelara un peluquero exigente, que para engalanar el corte siembra rosas naranjas, verdes, plateadas, y muchas flores de pétalos cortos, de diferentes formas, coloraciones, tamaños y, por último, habitado por gallinas violetas de picos amarillos, empollando unos huevos rojos que parecen de avestruz.
Abajo está Amalia, desnuda, dándoles de comer a las gallinas un pan sumamente negro que huele delicioso, y un sujeto que no conozco, vestido con chaqueta amarilla y pantalón verde, descalzo, la abraza por su espalda, lo que me molesta. Sin embargo, saludo a Amalia con cariño y les pido a Carmen y a Ela que lo hagan. Amalia ríe, se marcha, y el tipo que la abrazó desaparece. Acompañan a Amalia, detrás de ella y en fila ordenada, las gallinas, los huevos rodando, y el gato que Carmen me jura es gata, va en la punta con su cola empinada, como líder de las gallinas y los huevos, caminando todos con marcialidad al ritmo del bolero de Ravel. Noto con sorpresa que la vecinita de abajo, mi deliciosa flaquita modelo, marcha a un costado de la hilera, más despacio, vestida de negro, muy sobriamente, como ejecutiva de un banco, y diciéndome adiós con la mano derecha, se adelanta y con la izquierda abraza a Amalia por la cintura, caminando todos hasta una playa que la alumbra una luna enorme, y que recién me doy cuenta estuvo siempre al final de jardín, llena de sombrillas y sillas, todas vacías. Mi cuarto se alumbra únicamente con la luz azul que irradia de la rama del cocotero. El de la vecina de enfrente, igual está azul, más claro y más intenso, y solo un detalle contrasta entre tanto añil: la bandera canadiense a su espalda, The Maple Leaf, I’Unifolié, ahora de un blanco y rojo iridiscente, y la hoja de arce brillando más roja aún.
La vecina de enfrente nos hace señas, agita sus manos con delicadeza, las mueve como si se tratara de un lenguaje para sordos, asumo que menos complicado por la simpleza de sus movimientos, pero no sabemos qué intenta decirnos. La vecina de al lado, pared con pared, mientras la mulata gesticula con elegancia, le unta una crema en su cuerpo que la hace brillar considerablemente. Luce espectacular la mulata, con su piel canela pálida fulgurando. Ela me susurra que desea besarla de pies a cabeza y se pregunta cuál será el sabor de la crema. Carmen pretende subirse a la rama para cruzar el jardín, y el puente, como si fuese levadizo, comienza a retirarse y no se lo permite. Antes de alejarse la rama, mi gata –a estas alturas del sueño asumo que es mía– regresa corriendo y salta para unirse a nosotros. Ya en mi cuarto pega su boca a la oreja de Carmen, maúlla muy bajo, y aunque ahora consigo escucharla, igual no la entiendo. Carmen asiente con la cabeza y la acaricia. Como si obedeciera una orden me mira sin decir una palabra, llevando a Ela al hueco donde estuvo la ventana. Carmen regresa sus ojos a mí, con mucha serenidad, y me comenta que la vecina de enfrente quiere vernos haciendo el amor.
Puse a Ela de espalda a mí, de frente a la chiquita de enfrente –deliciosa redundancia– de pie, y le abrí las piernas. Carmen se pega a mi espalda, me aprieta, intenta fundirse a mi cuerpo, me besa el cuello, y veo como sus brazos se estiran a mí alrededor más de lo normal para manosear con una mano los senos a Ela, y con la otra la masturba. Cuando comenzamos a amarnos, la vecina de enfrente empieza a masturbarse también, y la vecina de mi lado continúa untándole crema por sus senos, su vientre, sus muslos, con una expresión en su rostro que no consigo descifrar. Al terminarse la crema, la vecina de al lado nos muestra el pote vacío, y el látigo, que se lo enreda en el cuello; luego, se acuesta en la cama de la vecina de enfrente, desnuda claro está, con las piernas abiertas, empinadas, como si se tratara de una mujer en trabajo de parto, fumando la pipa de la vecina de enfrente, acariciando a mi gata blanca, que increíblemente aparece echada sobre su estómago, y que nos observa con mis anteojos.
Al retirarse la rama azul de mi cuarto quedamos en penumbras. Ela me pide que encienda la luz para que la vecina de enfrente nos vea mejor, lo que no hubiera hecho porque cierto pudor me asiste, incluso en sueños, si no es que Carmen se adelanta. La muy loca no lo pensó dos veces y antes de yo rumiar siquiera la idea, dar mi consentimiento, nos vimos los tres como en un estadio en pleno juego, sin importar cuál. De hecho, sentía que nos aplaudían y el dueño fotógrafo nos tiraba fotos. Margaret, no muy lejos, sentada en una silla majestuosa en medio de un salón inmenso repleto de fotos con la imagen de Papucho, me pedía que la invitara a la orgía levantándose de la silla para mostrarme sus nalgas, provocándome para que se las cogiera. Total, el vecino de enfrente no las aprovecha como ella merece, cómo lo desea, y no sabe lo que se pierde. A punto de hacerlo, dejando a Ela con Carmen, muy próximo a Margaret, descubro con horror que se transforma en Papucho y trae consigo el arco con que la hechicera pretendía atravesarme, apuntándome. Ela y Carmen ríen a carcajadas al notar que regreso asustado.
Ela ladea su rostro y lo pega junto con sus senos a los cristales de la ventana, que ha vuelto a su forma original, apoyándose con la mano derecha, pidiéndome más, y más, mientras con la otra mano le aguanta por la muñeca el brazo a Carmen, que no para de mover los dedos entre sus muslos, pegada otra vez a mi espalda como ventosa, con sus brazos largos con tal de no soltar la fresa y los senos de Ela. Y se hizo el milagro, el cuarto quedó oscuro por segunda vez, la ventana se transformó en un andén, y regresa la rama azul del cocotero para alumbrarnos, con la vecina de enfrente sentada encima, desnuda, brillando, bella como una estatua del renacimiento italiano, y ahora se escucha el Concierto de Aranjuez. Carmen y Ela la ayudan a bajar de la rama, y cada una la besa en el rostro y la acuestan en la Kon-tiki, que se transformó en balsa, tal y como era la de Thor Heyerdahl en su expedición por el Pacífico, repleta de flores hermosas y mariposas blancas revoloteando encima, flotando mansamente sobre un lago de aguas claras, azuladas por supuesto, con la vecina de al lado haciendo de timonel, marinera experta, que con un remo largo comienza a empujar mi cama balsa. Y el gato, que es gata, reitera Carmen, se une a nosotros, con mi paloma blanca posada encima de su lomo, sosteniendo en su pico una ramita de cannabis, y nos alejamos todos sobre el agua, que ahora es rio, y nos acompaña la paz que nada mas puede ofrecer un violín que canta el adagio de Albinoni.
Hoy en la tarde, parqueando justo en el espacio que lo hace la vecina de enfrente, sin darme la oportunidad siquiera de bajarme del Chrysler, el vecino de abajo se aproxima. Me dice, sin esperármelo y muy parco, que la mulata de enfrente se ha mudado de madrugada –quién si no, el vecino de los bajos, para saber todo lo que acontece en 324 Mendoza Avenue–. Le pregunto la razón, y agrega que únicamente sabe que se ha ido al Canadá.
El vecino me da la espalda, se marcha por el pasillo del primer piso, más oscuro que de costumbre, y por un segundo no supe si yo estaba despierto o si alucinaba aún. Y ahora que lo pienso, lo ideal, y que me ha faltado en el sueño, es que nos hubiese acompañado Zoe Saldana sin su maquillaje de mona azul. Lo habría disfrutado.


Avatar, locura azul, capitulo de 324 Mendoza, de próxima publicación por

CAAW Ediciones, 2018
Foto: unknow photographer. From Facebook

martes, 6 de febrero de 2018

Armando de Armas en Altamira, Coral Gables




El próximo viernes 9 de febrero, a las 7:30 pm, en la librería Altamira, ubicada en el 219 Miracle Mile, Coral Gables, Armando de Armas presentará dos novelas, y lo hará en compañía de su editor, Luis Leonel León, en lo que ambos llaman un “Encuentro de tercer tipo”. Armando trae  “Escapados del paraíso” (Editorial La Palma, colección Fugas. España),  y “El guardián en la batalla” (Neo Club Ediciones. Miami).

Comenzando por la segunda, es decir, “El guardián…”, tuve oportunidad de presentarla en diciembre pasado, en el Festival de Arte y Literatura independiente VISTA 2017, que organizan Armando Añel e Idabel Rosales, presentación que compartí además con José Abreu. La historia, ya lo he dicho, un lapso en la existencia de un hombre que vive dos orillas, que concluye escapando de una, no olvidándola, para establecerse en la otra, espacio para el plectro de un hijo de pez que bojea, circunvala a una Isla que le punza, incluso desde la Península; el link que sigue (clic aquí), es justamente el texto que leyera.

La primera, “Escapados…”, se desarrolla en Miami (la otra orilla), entre un escritor, Amadís, (personaje que se repite en la obra de Armando, y que asimismo no se repite, él evoluciona, su condición cambia y asciende), y una pintora, Urganda la desconocida. Es una historia de amor, sin embargo, no es la primera que escribe Armando, pero como todas sus historias, es enrevesada, compleja, sumamente real, lo mismo metafísica, y por supuesto, paradójica, donde se recrea la crudeza que ofrece el entorno en el que por lo general se mueven sus personajes.

La invitación está hecha. Será sin dudas (y no lo aseguro porque el autor sea un buen amigo, y desde hace mucho) una noche de excelente literatura y testimonios. Un espacio que, nos dará la ocasión para compartir con alguien que escribe desde su piel, y sobre su aliento.   

lunes, 5 de febrero de 2018

JENNY ALFONSO RELOVA. “Polípticos y Elipsis”, en Miami






Próximamente, el viernes 9 de febrero, el Miami Hispanic Cultural Art Center, presentará la exposición personal de Jenny Alfonso Relova “Polípticos y Elipsis”, los últimos trabajos de esta artista plástica radicada en Francia. Jenny, que expone por segunda vez en el Centro Cultural, nace en Cuba, en 1976, y confiesa que siempre fue una niña inquieta, muy creativa. Sin embargo, mejor sea ella quien cuente cómo llega al mundo del arte, de la pintura y la realización de un proyecto fascinante, de constante hallazgo, al que no renuncia porque forma parte de su esencia.  

“Prefería fabricar mis propios juguetes con madera, hojas, hilo de coser, alfileres, que jugar con las muñecas. Los colores, la materia, la magia del descubrimiento y la creación siempre fueron mi bandera. A los 13 años empecé a concebir bolsos y vestidos con retazos de tela, y me vestía con lo hecho. Mi abuela paterna, y mi madre, fueron mis mejores cómplices. Junto a ellas aprendí la costura, el bordado y el tejido. 

En junio de 1995 salí de Cuba a París, y luego a Londres, donde empecé a estudiar Diseño y Decoración de Interiores. Allí, un amigo me pidió que le regalara por su cumpleaños una pintura mía, es decir, pintada por mí, afirmando él que yo era capaz de crear cualquier cosa con mis manos. Compré el material necesario, y justo ese día empezó la maravillosa aventura de la creación. Lejos del caos de Cuba en aquel entonces, y más cerca de conseguir mis sueños, descubrí un mundo de telas, pinceles, texturas, sombras, luces. A medida que la pintura se desarrollaba, un universo nuevo, figurativo, surgió, relatando mis recuerdos, reflejándose mis expectativas, explorando mis sueños a través de alegorías. De Londres me fui a Madrid, donde viví dos años. Sin embargo, allí decidí que necesitaba belleza en mi vida, y me mudé a la Ciudad Luz: París. 

A fines del 1999 empecé a pintar una gran serie sobre Cuba, y la nostalgia que padecía fue el motor impulsor sin duda alguna. Fue un período de intensa creación, muchos collages y reciclajes de objetos que añadía a las telas. La forma, o las múltiples formas de la Isla surgían una y otra vez. Solía utilizar frijoles negros para escribir sobre las imágenes; ungía arena sobre ventanas antiguas y la mezclaba con poemas. Hasta creé mi propia bandera cubana, utilizando mis viejos jeans con los que había recorrido Europa.


En el año 2000, tengo mi primera exposición colectiva, y resultó todo un éxito. Tuvo lugar en el Ayuntamiento de París, y obtuve Mención de Honor, terminando entre los cinco finalistas del concurso. A esto le siguieron decenas de exposiciones individuales, más colectivas, y varios festivales. A partir del 2001, empecé a afirmarme como mujer, y la pintura se modificó lentamente. Cambié las formas, exploré el acrílico, uniéndolo a las raíces que encontraba, hojas de arboles, flores secas, y todo sobre soportes que siempre reciclaba. Mientras crecía y ahondaba en mi pasión por las mujeres que pintaba sobre madera, me inscribí en un curso de trabajo con vidrio, lo cual me permitió conocer infinidad de variadas técnicas.  A finales del 2002, junto con otros artistas cubanos, todos residentes en París, creamos una asociación llamada “Lézard Cubain”, que traducido al español es “Lagarto cubano", o "Las artes cubanas", según el juego de palabras en francés. La idea era existir como colectivo, lanzar propuestas artísticas, participar en festivales, exposiciones, etc. Y nada, tuvimos un éxito rotundo.


En el 2003, decidí buscar un lugar tranquilo donde pudiera tener mi propio taller, dar clases de dibujo y pintura, vender mi trabajo. Esto se hizo realidad en Sospel, no lejos de la Riviera francesa, en el sur de Francia. Desde entonces, la creación ha sido el centro de mi existencia, y se ha desarrollado inmensamente. Comencé a explorar el dibujo sobre tela con tizas, y a incluir el café como pigmento, principal pintura. Lo conceptual se ha ido substituyendo con lo figurativo, y el subrealismo, lo imaginario, lo onírico incluso, acapara hoy toda la tela. El café en la representación de mis raíces, y de la tierra como suelo, como patria; es mi tributo y mi signo distintivo. Su transparencia y brillo lo hacen único. Luego he ido descomponiendo las telas en fragmentos, lo que hace que la obra sea un compuesto de formas complejas. En esta misma línea, continúo explorando el vidrio en todas sus capacidades. Reciclado o no, lo trabajo en el horno, y le incluyo fragmentos naturales, hojas secas, madera, metal, y lo convierto en un objeto misterioso gracias a su textura. El resultado, es un caleidoscopio, colores integrados en el todo, amalgama de lo pintado en frío. Intento reflejar la unión simbiótica en la materia, y crear una nueva, mi propia materia, como una suerte de alquimia moderna. Deseo con este trabajo, representar a la mujer como madre, como elemento, estandarte de la creación Universal. Algunos la llaman Pachamama, para otros se les antojan vírgenes, diosas, Madre-Tierra. Para mí, es simplemente la naturaleza, la cual intento recuperar, moldear y recrearla en mi universo artístico. Su ciclo reflejado en el vidrio, y en los materiales vivos, representando el huevo original, el bulbo, la redondez de los cuerpos, los nacimientos y el despuntar de la vida cada año. 

Desde el 2005 hasta la fecha, me he dado a la tarea de "deconstruir" las obras, separarlas, inhibir lo superficial y dejar el mínimo espacio útil en la tela. Nació entonces la “Fragmentación de la Obra”. Pienso que esta idea surge al estudiar la complejidad de los seres humanos, así como sus dobleces. Sólo quedan fragmentos de contradicciones. Al mismo tiempo, sigo pintando con café y pasteles sobre fondos acrílicos. El café, ganando cada vez más espacio, lo que afirma su presencia y rememora la tierra-madre-naturaleza, un todo definitivamente. Hoy del café, quedan apenas hilos. Pretendo hacerlo aún más sutil, y cada vez menos visible”.

Jenny, travesea el simbolismo con espontaneidad, y quienes disfrutan de su trabajo, terminan por arrogarse lecturas desemejantes sobre una misma pieza, que asumen además de forma incomparable. La exposición estará abierta al público hasta el 1 de marzo, en “La Casona”, Miami Hispanic Cultural Art Center, ubicado en La Pequeña Habana, 111 SW 5ta Ave. Miami. Teléfono: 786 747 1877. Parqueo gratis.


Exposiciones permanentes de Jenny Alfonso Relova

Artelier Habana, Sospel, Côte d'Azur, Francia. 
Galerie EBMosaiques, Sospel, Côte d'Azur, Franci
Sout'à L'aupia, Sospel, Côte d'Azur, Francia. Le Boudoir, París, Francia.

Exposiciones individuales

2013- “Fragments", Miami Hispanic Cultural Arts Center, Miami, Estados Unidos.
2011- “Fragmentation”, Niza, Francia.
2009- “Modern Bar”, Sospel, Francia.
2007- “Café sentido”, Barcelona, España.
2007- “Café concepto”, Barcelona, España.
2005- “Sout’à Laupia”, Sospel, Francia.
2004- “Calle 24", París, Francia.
2003- “Le Sputnik”, París, Francia.
2003- “Imágenes cubanas” Café-teatro "Moloko",  París, Francia.
2002- “Le Concorde”, Bd. St. Germain, París, Francia.
2002- “Au Clos Marcel”, Lac d’ Annecy , Francia.
2002- Festival "La Hora Latina", Marsac-sur-L’Isle, Francia.
2002- “Loft in Paris”, París, Francia.
2002- Festival “La Habana, en la Literatura, el Cine y las Artes visuales contemporáneas", Marsella, Francia.
2002- “Valérie Tortu”, París, Francia.
2001- “Cuba, utopía y realidad”, Centre d’animation “La Jonquière”, París, Francia.
2001- “L’ art au marché”,  St Maixent l’Ecole, Francia.
2001- Maison de Radio France,  París.

Exposiciones colectivas

2014- "Cadre-Art", París, Francia.
2014- "Mar por Cuba", Coral Gables, Florida, Estados Unidos.
2014- "Plume d'ange", Sospel, Francia.
2014- "Autour de l'olivier". Galería EBMosaiques, Sospel, Francia.
2013- "Mar por Cuba". Coral Gables, Florida, Estados Unidos.
2008- Galeria Qbava, New Jersey, Nueva York, Estados Unidos.
2008- "Mar por Cuba". Coral Gables, Miami, Florida, Estados Unidos.
2006- Exposición para la Cruz Roja Francesa, Ollioules, Francia.
2005- Festival Europeo, Gran Hotel “La Florida”, Barcelona, España.
2004- Festival Europeo “Studio Open Doors”, The Italian Institute, Dublín, Irlanda.
2004- Festival Europeo “Studio Open Doors”, The Browns Hotel, Dublín, Irlanda.
2003- “Cuba en blanco y negro”, Festival cubano, Association Horizontes del Sur, Marsella, Francia.
2002- Artistas cubanos en homenaje a Wifredo Lam, Galerie Intemporel, París, Francia.
2002- 48vo Salon International, Thouars, Francia.
2001- Fiesta “La Vuelta Latina”, Blois, Francia.
2001- Salon Marivalois,  Castillo de Lacapelle-Marival, Francia.
2001- Salon des Artistes Indépendants, Venes, Francia.
2001- Festival "Mundo Latino", Issy-les-Moulineaux, Francia.
2001- "Homenaje a la Plástica", 2do encuentro Internacional, C. Cinematográfico Yara, La Habana, Cuba.
2001- Artistas cubanos, UNESCO, Paris, Francia.
2000- Centre Culturel “Interclub 17",  Paris , Francia.
2000- Salon des Artistes-Peintres de la Mairie du XVII ème, París, Francia.

Exposiciones colectivas con la asociación LEZARD CUBAIN

2010- Mediateca, Sospel, Francia.
2005- Artelier Habana, Sospel, Francia.
2005- “Modern Bar", Sospel, Francia.
2004- Portes ouvertes “Villa Amiel”, Sospel , Francia.
2004- Festival cubano “L’Âme de Cuba”, Vincennes, Francia. 
2004- Portes ouvertes du XIV arrondissement, Marché d’Art contemporain, París, Francia. 
2003- “Novembre couleurs cubaines”, Maison des Provinces, Blois, Francia. 
2003- Centre International CIMADE, Massy, Francia. 
2003- Le Concorde, Bd. St. Germain, París, Francia.      
2003- “Made in Cuba”, Centre Culturel “La Jonquière”, París, Francia.
2003- Abracadabar, París, Francia.      


Premios

2004- Premio asociativo, Catálogo Gerstaecker des Beaux Arts, Francia.
2002- Mención de Honor en el 48vo Salon Internacional, Thouars, Franotoscia.
2001- Premio a la joven creación, Salon  annuel, Vernou, Francia.
2000- Mención de Honor y medalla en el Salon des Artistes-Peintres de la Mairie du XVII ème, Paris, Francia.


Colecciones privadas

España, Francia, Cuba, Reino Unido, Australia, Estados Unidos, Canadá, México, Japón, Irlanda. 


Colecciones publicas

Ayuntamiento de Marsac-sur-L’Isle, Francia.

Fotos propiedad de JAR