sábado, 16 de noviembre de 2019

Una entrevista de Silvia de Esteban


Desde hace tiempo.., bueno, seamos honesto, digamos que desde hace mucho tiempo, vengo siguiendo el trabajo de Silvia de Esteban. Las razones, son simples, se trata de una excelente actriz y una hermosa mujer, luego entonces, ya entenderán. Sin embargo, no había visto nunca a Silvia desempeñarse como directora, y justo el próximo 29 de noviembre se presenta en Main Street Players “Lorca, flamenco y contemporáneo”, donde no sólo Silvia dirige la puesta en escena, sino que la dramaturgia también le pertenece. Este, y otros motivos además, finalmente me hicieron enviarle un cuestionario, y mira, a veces la suerte me acompaña, y SIlvia amablemente me ha respondido, y por supuesto, comparto. Quede mi agradecimiento a esta actriz, mujer hermosa, (sí, lo reitero), con talento y mucho brío, con sobrado coraje para abrirse paso en un universo nada fácil de transitar, pero lo hace, porque del mundo es lo que más ama: el teatro.

Silvia, esa niña de Tenerife, que no deja de soñar y hacer…
por Denis Fortun




Denis Fortun: Quién es Silvia De Esteban
Silvia de Esteban: Soy una niña de la isla de Tenerife, que ha trazado su propio camino para ser feliz. Crear y trabajar en el teatro, y la belleza de las cosas pequeñas, es lo que me mueve para seguir. Creo en el amor, y en que los sueños se hacen realidad. No creo en la suerte, sólo en el trabajo duro y la honestidad con uno mismo, y con los demás.

DF: En 1990 ganas el título de “Miss International”, en Japón, y eres reconocida como modelo. Háblame de ese momento en tu carrera.
SDE: Fue algo circunstancial, llevaba ya un tiempo trabajando como modelo, desde que cumplí los 13 años, pero siempre supe que no era mi lugar. Ganar el concurso a mis 18 años, me abrió algunas puertas, pero nunca sentí que yo era “la mujer más bella del mundo”, o algo similar, para mí esa experiencia fue un aprendizaje. Vi muchas cosas, muchas que no me gustaron. Así que aproveché el momento, trabajé todo lo que pude como modelo y en televisión, pero volví a estudiar teatro y me centré en el que siempre había sabido era mi camino y mi felicidad, por muy duro que fuera.


DF: Por qué una joven con un futuro brillante como modelo, acaba finalmente siendo actriz ¿Era a caso el movimiento siguiente, calculado además?
SDE: No, nada calculado, como digo, el mundo de la moda se me cruzó en el camino y yo lo aproveché durante unos años, pero mi vocación siempre fue el escenario. Es más, en España, en aquella época, si eras modelo o Miss, no te tomaban en serio como actriz. Así que decidí un día retirarme del mundo de la moda, cortarme el pelo y empezar de cero en el arte dramático, deseando que la gente no recordara a la modelo para que pudieran ver mi capacidad en el escenario e ir creciendo en ello. Estudiar y aprender fue mi decisión y lo hice por mucho tiempo. En el arte de interpretar encuentro que hay mucho más que mostrar y expresar que en el mundo de la moda, que es algo que respeto y conozco bien, pero no me llena como lo hace el teatro y el contacto con el público.

DF: Te has desenvuelto lo mismo en teatro, cine, televisión, incluso en musicales, donde fuiste nominada como mejor actriz en el premio “Gran Vía” por “El Diario de Ana Frank” ¿Cuál de todas estas formas o lenguajes de expresión, incluyendo el canto, te sientes más cómoda, y cuál es tu favorita además?
SDE: Me siento mucho más plena haciendo teatro. El reto de emocionar a un público, cada día diferente, me fascina. Cada función es una entrega y eso es lo que me atrapa de esta profesión. Soy feliz en el escenario, siendo cualquier personaje al que siempre entrego mi alma. La televisión da más popularidad y dinero, algo que me parece injusto, pero la sensación del riesgo, del reto y de tener al público ahí, justo delante y hacerle sentir, es maravillosa. Por supuesto, un buen personaje en tele o cine, es también un regalo para el actor. Yo estoy dispuesta a todo.


DF: Háblame de tus influencias ¿Quiénes marcan a Silvia De Esteban como artista? ¿Quiénes marcan pautas, derroteros a seguir en tu carrera, ya sean españoles o de otras partes?
SDE: La verdad es que mis primeras influencias vinieron de la música, y de aquellos primeros video clips que veía encasa desde muy niña. Mis primeras actuaciones fueron en el salón de casa, cuando nadie me veía, frente al espejo del salón, donde con los discos de la época, yo interpretaba historias y me metía en un mundo que no era el mío. Para escapar de todo aquello que me hacía daño, inventaba personajes y los hacía crecer cada tarde a escondidas, siempre con la música de base. Más tarde, al empezar a estudiar teatro con tan sólo 13 años, tuve muchas influencias. Me quedaba pegada viendo películas que a nadie parecían interesar y cuando mi madre me llevaba al teatro, casi siempre lloraba de emoción. Era muy pequeña, pero ya sabía que quería estar ahí. Hay una larga lista de nombres que me influyeron y aun lo hacen, pero van cambiando según la época o el personaje. Juan Diego Botto, grandísimo actor e hijo de mi profesora de interpretación, Cristina Rota, ha sido un referente para mí, verlo ensayar durante horas poemas de Federico García Lorca, por decir algún ejemplo, me llenaba de ganas de hacer, de emoción y su manera de decir las cosas sobre el escenario me enseñó el camino de cómo yo quería ser como actriz. Muchos actores españoles que he visto de cerca en el teatro y muchos nombres de actores americanos o internacionales me influyen cada día. El cine de Isabel Coixet o Pedro Almodóvar, e incluso pequeñas cosas en cualquier pequeño teatro donde haya un buen actor que mire a los ojos y conmueva, me hacen sentir y seguir creyendo en este oficio que tanto amo.


DF: El próximo 29 de noviembre se presenta “Lorca, flamenco y contemporáneo”, puesta en escena que diriges, con un elenco de conocidos en Miami, diverso, además, todos de primer nivel. Cuéntame de este proyecto, dime si es tu primera vez como directora, y qué esperas realmente, teniendo en cuenta se trata de una figura como Lorca, tan llevada y traída, tan querida asimismo en la literatura hispana.
SDE: Esta propuesta es un sueño que se hace realidad. Desde que empecé a estudiar y entender a Lorca, he querido hacer algo así. Y al venir a este país entendí que dar mi visión de Lorca podría gustar, al menos sé que es una apuesta muy diferente a lo que he visto de Federico en esta ciudad, y lo hago asustada, con mucha humildad, pero desenado que guste y que llegue al corazón de la audiencia. He dirigido muchas veces antes, en España y aquí, pero es mi primera en Miami, como dramaturga y directora y con un elenco de diez personas en el escenario, todo un reto.

DF: Silvia y la literatura, en especial la poesía, ¿alguna complicidad fuerte?
SDE: Cuando estudiaba en el colegio, nadie sabía que yo era disléxica, ni siquiera yo que lo supe mucho más tarde, me costaba muchísimo estudiar y entender lo que leía. En sexto de básica, como a los 11 años, tuve una profesora de literatura que nos hacía leer en alto los poemas de la generación del 27, al escucharlos y entenderlos, empecé a enamorarme y a atreverme a leer, poco a poco frente a mis compañeras. Esa profesora, fue la única en toda mi infancia que me daba el tiempo para encontrar la manera de leer y me dio confianza en mí misma. Mis tardes en casa empezaron a ser también de lectura de poesía. Meterme en aquellos poemas me llevaba lejos y encontré otra manera de escapar, me fascinaba ir entendiendo el significado de cada verso y ahí me enamoré de la poesía y la literatura.

DF: Cómo llegas a Miami, luego de escenarios europeos, y por qué decides establecerte acá, en una ciudad que, al decir de algunos desanimados, el arte en general no interesa lo suficiente, y prima lo banal y el mal gusto.
SDE: En Madrid, y después de llevar allí viviendo 22 años, me sentí agotada. Con la crisis y cómo había cambiado todo mi panorama en los últimos dos años que estuve en la capital (2009-2010), sentí que necesitaba un cambio, pero no sabía qué hacer o adonde ir. Volví a Tenerife y quise hacer cosas, y las hice. Monté mi escuela y pequeño teatro “El depósito del arte” que me dio alas y mucha ilusión por seguir. Me recuperé de la depresión que sufría y decidí probar en Miami, al llegar aquí sentí aire fresco, vi que había mucho por hacer y sentí que encajaba bien en este lugar, así que, sin pensarlo demasiado, me quedé aquí. La verdad es que, es una ciudad dura, mucho más difícil de lo que la gente puede pensar desde fuera, pero yo aquí no he parado de trabajar, tengo una casa, me siento cómoda y es una puerta maravillosa para seguir hacia otras ciudades de E.E.U.U. a las que quiero empezar a ir, poco a poco.

DF: Dos preguntas, quizás complicadas, pero que me interesa saber tu opinión: una vez le escuché decir a alguien que Micro Teatro Miami es como “el McDonald” de las artes escénicas ¿Te parece prudente un proyecto así, con esa manera de presentar tan peculiar, un tanto arrolladora, inmediata? ¿A tu juicio, crees que goza de buena salud el teatro en Miami?
SDE: Para mi Micro teatro es un escaparate perfecto y un laboratorio maravilloso para un actor o director. Gracias a Micro Teatro, yo me día a conocer en esta ciudad y de ahí salieron muchas cosas, novelas, musicales, amigos, compañeros… En Micro te puedes encontrar de todo, lo interesante es cuando se cuidan las propuestas y ves a grandes talentos en un espacio pequeño, dar lo mejor de ellos. Yo he hecho 14 temporadas en mis primeros años en Miami, tanto como actriz como directora, pero también me atreví a escribir mis obras, alguna en español y mi primera en inglés, cosa que no me hubiera atrevido a hacer en otro lugar, y de todas he sacado muchas cosas positivas. El espacio y la oportunidad es genial, después ya viene el criterio de cada uno para hacer buen teatro o no, y de la audiencia de ver lo resulte más arriesgado o interesante, o de ver cosas más banales. Se hace buen teatro en esta ciudad, hay grandes actores y grandes directores, sólo hay que buscarlo e ir a verlo. Nuestra misión es seguir educando al público y hacer propuestas diferentes e inclusivas, para que la gente vaya más al teatro y disfrute de él. Fomentar el teatro y la cultura es nuestro trabajo. Hay que tener en cuenta que en esta ciudad no había casi nada de teatro hace unos pocos años, hay que seguir y hacer, es la única manera de que dentro de un tiempo haya más y mejor criterio.

DF: Proyectos para un futuro inmediato, o a largo plazo, que quieras compartir
SDE: Además de las cosas que puedan salir por el camino, que siempre salen, mi intención ahora es hacer este montaje “Lorca, flamenco y contemporáneo” y llevarlo a otras ciudades, Nueva York, Puerto Rico… Estoy trabajando para que eso ocurra. Y mi siguiente proyecto grande, es una apuesta completamente personal que estoy creando con el gran escritor Edui Tijerina, algo que todavía no puedo hablar, pero será un viaje increíble para mí, y espero que para el público.


DF: ¿Es Silvia De Esteban una apasionada de la vida, enamorada de alguien y de algo?
SDE: Amo la vida, sobre todo desde que aprendía a disfrutarla y disfrutarme a mí misma, con lo que soy, con quien yo quiero tener a mi lado. Disfruto de las pequeñas cosas, y soy feliz rodeada de amigos. Mi familia es un pilar para mí, de ellos he aprendido muchas cosas, algunas que quiero y otras que no quiero seguir, son una escuela continua y los adoro. Estoy enamorada de muchas cosas, y me encanta querer y dar a los demás todo lo que puedo. Creo en el amor, pero todavía no ha llegado alguien especial como para entregarlo todo, cuando llegue, estaré preparada y feliz de compartir mi vida. Pero ha de ser alguien muy especial, no me conformo con alguien que no sea lo que yo necesito o quiero, he aprendido muy bien las lecciones de esta vida y sé perfectamente lo que quiero y lo que no quiero. Y mientras tanto, estoy feliz sola, no necesito un hombre para hacerme feliz.



Fotos cortesía de SIlvia de Esteban y de su muro en Facebook

domingo, 29 de septiembre de 2019

Denis Fortún, una poética en desarrollo



Hay poetas que viven anquilosados en su torre de marfil, y son capaces de crear un universo poético desde su inmovilidad o aventura libresca; también están los poetas que encuentran en la vivencia un imprescindible material creativo, que sirve para revelarles a los lectores lo que los poetas de torre de marfil, -acaso por naturaleza- no pueden hacer. La poesía necesita de un Rimbaud que rescate ese tesoro oculto del antro, o de un Miguel Hernández que nos conmueva con la experiencia de la guerra y la cárcel, testamentos poéticos que no pudieron legarnos un Borges o un Lezama Lima. La calidad de la poesía no se mide por el exceso de referencia culterana, o por el derroche demostrativo de conocimiento (vicios muy postmodernos), sino por el culto que emerge de un verso o una estrofa bien construidas como estatuas que se erigen en la memoria del lector; es decir, con sus propias palabras, el poeta funda otro conocimiento, una referencia.
El poemario Noticia en desarrollo (Exodus Ediciones, Miami, 2019), de Denis Fortún, se circunscribe a esa poética que se forja de la travesía de su hacedor por la vida; sin embargo, el poeta en este libro tiene la capacidad de fusionar su bitácora con el aprendizaje e información de sus lecturas. Fortún  no oculta su ser, un ser que puede oscilar entre la frase culta y la coloquialmente escatológica; entre el humor de fina ironía y la burla mordaz del choteador cubano, razón por la que  deja fluir su instrumental expresivo sin escatimar palabras: como será te prohíban dar oídos a tu sonata favorita y toque a tu puerta un hijo de puta…
Su vocación de cronista, puesta de relieve como narrador, se plasma de nuevo en este poemario a través de esa agudeza ocular que no permite que se pierda la relevancia del detalle. Es así que, a partir de un verso de ese gran observador que fue Antonio Machado, Fortún nos recrea con Escritura mecánica la odisea de una mosca en la cima de una loma.
Aunque este libro desde su título nos anuncia la intención del poeta de reportar su realidad, o hacernos partícipe de su noticiero existencial , este logra trascender el mero retrato testimonial  con un lenguaje en el que la descripción de un hecho se entrecruza con el tropo poético hasta quedar velado,  tal como se puede leer en un poema como Night Club 59: En El Gato Tuerto a una puta le embeben  su mirada con desdichas y entre alcohol besos y boleros descubre en medio de sus muslos el inminente destierro que alguna vez será de antaño. Pero también, en ese mismo entorno en el que pernocta, puede alcanzar el tono descarnado de un Bukowski, tal como nos confiesa en su poema Los dientes de Keira Knightley: imagino casi a diario su lengua y su mordida/ puede que juzgues/ soy un tipo ilícito indecente y además imbécil.
En uno de los poemas más logrado de este libro, Viejo lobo, Fortún, a la manera introspectiva del Darío de Cantos de vida y esperanza, hace una parada en su camino y, poseído por esa sabiduría que otorga el tiempo, nos dice con lúcido pesimismo: se pierde tu nimbo viejo lobo/agoniza el privilegio de lo eterno/quedan atrás los días de deslumbre /cuando tu hocico lucía un perfil vigoroso. Para luego cerrar con la contundencia de esta sentencia: “hoy la oscuridad será tu rutilante hueco/ hueco que engulle al animal que fuiste a esta hora de y última vez y nunca más y olvido.
Otros poemas de este libro registran su itinerario cubano, siempre con ese talante de cronista con el que disecciona un hecho.  Y nos evoca el avatar  familiar que fue la reforma urbana, en la que una madre ve pasar sus años mozos padeciendo de dudas y desasosiegos en medio de esa hecatombe histórica que erosionó los cimientos de la sociedad cubana. Y dentro de este contexto, en su poema Insomne, nos describe como el nuevo sistema de masas se convierte en una invasión a la privacidad del individuo: una multitud con caretas y viseras de marismas se propone estafar la calma de tu inmediata mañana vociferando consignas.
En estas páginas somos testigos de los parajes del poeta, desde su natal Habana a su adoptiva Cienfuegos, a la que le debe su iniciación literaria, para luego emprender su viaje al exilio radicándose en Miami, ciudad donde ha publicado la mayoría de su obra. Y desde la capital del exilio, epicentro vivencial de este poemario, viaja a Buenos Aires a reunirse con Virgilio, con aquel Virgilio sin miedo que desafiaba a Kafka y a Ionesco con su insecto caribeño del absurdo. Y también se va a New Orleans, donde descubre un mundo maravilloso junto a Louis Armstrong, mientras trasnocha entre putas y fornicadores por sus calles y bares.  
Denis Fortún, más que con la noticia, ha dado con una poética que, al igual que la vida, no detendrá su desarrollo. Y ha reportado no solo la realidad que lo circunda, sino que, además, ha dejado una cámara enfocando al escenario de su mundo interior.  De ahí el valor de este libro, pues echa por tierra toda apariencia y engañifa pretenciosa, superando incluso al pertinaz comediante y fabulador de sus narraciones, para recrearnos sin cortapisas al hombre y su medio tal como lo capta su mirada.

Joaquín Gálvez
Miami, 27 de septiembre de 2019


Texto de presentación para el cuaderno en el Kendall Art Center