domingo, 5 de enero de 2014

Diles que no me devuelvan... Reseña de Luis de la Paz

Especial/El Nuevo Herald

Un empleado del aeropuerto internacional de Miami, encargado de atender a los pasajeros que arriban a la terminal, es el protagonista silencioso de Diles que no me devuelvan… crónicas del aeropuerto (Alexandria Library, 2013) del escritor cubano Denis Fortún Bouzo (La Habana, 1963). Con un lenguaje relajado, en ocasiones irreverente y abundante humor, Fortún entrega 26 breves narraciones alrededor de las necesidades, reclamos y observaciones de los viajeros.

Desde una perspectiva humana –trato cordial, aunque severo, en ocasiones ocurrente–, el funcionario enfrenta a los viajeros en tránsito. El primer relato del libro reencuentra al narrador con un amor del pasado; una mujer a la que hacía años no veía: “No hubo mujer en Cienfuegos que me gustase tanto no solo por su sensualidad afrancesada, rayando en lo adorable además, sino por su verbo, su cálida voz”; evocación que exalta un momento especial de la memoria, pero que conduce de inmediato a un comentario despiadado, que el lector atento puede anticipar: “Una mujer que arrastra como pesado fardo una prematura vejez; con miedo, repleta de lasitud”.

Como ya se apuntó, algunos de los elementos narrativos que mejor, y de manera más recurrente, maneja Fortún a lo largo del volumen de 84 páginas, son el humor y la aguda ironía. En Casi millonario, un maletero del aeropuerto, Daniel, se cree ganador del premio mayor de la lotería. Entusiasmado emprende una serie de acciones hasta que comprende que en realidad no es millonario…, sino casi millonario, pues confundió uno de los números del ticket, lo que lo fuerza a dar marcha atrás ante sus superiores en el trabajo. En otro de los cuentos, La señora de la valija, la pasajera que ha viajado en primera clase desde Caracas, afirma que una de sus maletas se ha perdido. El encargado de tránsito la ayuda, pero la señora insiste una y otra vez en recibir un trato especial por haber pagado un boleto más caro. Tras varios reclamos y proceder arrogante, el funcionario le pregunta si es casada. La respuesta es negativa y el hombre le responde: “Ya veo por qué”, dejando muda a la fastidiosa mujer.

Con esa tónica ligera se van desarrollando las distintas temáticas del libro. En su conjunto se impone la anécdota como eje conductor de la narración. El autor, como buen cronista, apenas eslabona los hechos que vivió, los cuenta con naturalidad y es el lector quien debe encontrar el trasfondo del conjunto de eventos que ocurren en el aeropuerto, entre un empleado (los empleados) y los cansados y atormentados pasajeros.

Un certero ejemplo de ese contar sugiriendo mucho es el relato Customs Be Advice, en el que un hombre está muy molesto por haber sido retenido varias horas, aparentemente por llamarse Abdul.
En su conjunto Diles que no me devuelvan propone con sutileza un acercamiento a la solidaridad humana, en medio de un caos desatado por tiempos difíciles, y eso lo consigue muy bien Fortún, sin decir demasiado. En After 9 / 11, una pasajera sueca es deportada, ante el estupor de su madre: “después del 9 / 11 los americanos perdieron su inocencia y están cobrando por ella”. En otro texto, René y la negación de un chiflido, el autor retoma el reencuentro con viajeros que fueron parte de su vida en Cuba, por lo que estos relatos adquieren un aire más personal y literario, algo que se aprecia mejor en el cuento que le da título al libro, que encierra una patética realidad.

Si bien este libro es un anecdotario bastante campechano en el lenguaje, es preciso señalar que Fortún maneja referencias literarias que hacen aún más agradable la lectura. En el relato La novia de David, la actriz protagónica de la película cubana de Orlando Rojas Una novia para David se queja del trato recibido en el aeropuerto, mientras que el cuento Diles que no me devuelvan hace alusión al célebre Diles que no me maten del mexicano Juan Rulfo, cuando un cubano pide no ser deportado tras llegar a Miami.

En el texto introductorio, la escritora María Cristina Fernández señala a manera de resumen, que el “narrador-personaje que es testigo obligado a actuar dentro de ciertos códigos, ante los cuales no reacciona siempre como se espera. Más de una vez el humor o la ironía son sus únicas garantías frente al absurdo o la exasperación. En ocasiones, no puede evitar verse envuelto en escenarios donde se pone a prueba la solidaridad humana, y hasta el afecto, frente al absoluto rigor de la ley”.

Denis Fortún Bouzo es uno de los escritores que se pueden señalar como parte de las generaciones del posfidelismo (ahora se vive el raulismo), en la que se resuelve con más soltura la literatura, es decir, no se pretende esconder lo que se ha de decir en metáforas o alusiones para lectores suspicaces. Eso es algo que favorece en su conjunto la más reciente literatura cubana. Entre los libros de este escritor se encuentran Zona desconocida (poesía, 2007) y el libro de cuentos El libro de los cocozapatos (2011). •

Publicado originalmente en el Nuevo Herald
sábado 01/04/14

martes, 17 de diciembre de 2013

A San Lázaro bendito, con respeto y amor


Como cada año
ya sea en la víspera
 lo mismo en tu día
y todos los días de todos los años
con amor y fe de los que te adoramos
amado San Lázaro bendito...

La Chunga en HAVANAFAMA


Desde hace algún tiempo no voy al teatro; las razones, que sobran, lo mismo no son importantes. Sin embargo, el pasado domingo tuve a bien aceptar la invitación de una buena amiga para asistir a la presentación de una vigorosa puesta en escena.

Cuatro sujetos de la peor calaña que se hacen llamar “Los Inconquistables” se reúnen en un bar hediondo en Piura, donde juegan, beben, y hablan de sus conquistas amorosas. Josefino, uno de los truhanes, recuerda la vez que se apareció con La Meche. El antro lo administra una “marimacho” que se apasiona por la hermosa joven, figuradamente incauta, que Josefino vende por tres mil soles para continuar una partida de dados en la que va perdiendo.

La ficción es la de La Chunga, obra teatral de Mario Vargas Llosa, que expone las sobradas miserias de una tropa frustrada y remordida en la que Lituma, El Mono, José, Josefino y la propia Chunga, tienen una versión diferente de la desaparición de una muchacha que únicamente desea una mejor vida en Lima. La puesta, bajo la dirección de Juan Roca, la he visto en la sede de HAVANAFAMA. Y el grupo de actores que la representa dejan en el espectador –lamentablemente escaso-- el placer de que disfrutaron al amparo de las artes escénicas una tarde de domingo, que por lo general son aburridas.

La Chunga, interpretada por Ivette Kellems, da gusto verla sentada dándose sillón al inicio de la obra. Desde el comienzo nos entrega la credibilidad de una personalidad fuerte, un tanto retorcida, que reclama el personaje de una lesbiana que regenta un bar en medio de un environment agresivo y machista; una mujer que igualmente es capaz de comportarse con indulgencia. Y si bien las escenas de sexo entre La Chunga y La Meche no consiguen perturbar lo suficiente, si convencen debido a la exploración actoral de cada actriz; sobre todo por la sazonada desfachatez que le impregna Tamara Melian a su personaje

Y es que La Meche, muchacha abusada, en apariencia ingenua, en la piel de Tamara adquiere una peculiar enjundia. Suda sensualidad su performance, insinúa, excita, se burla, y lo hace bien. Se mueve con desenvoltura y danza con fogosidad encima de una mesa. Y hasta cierta vileza le incorpora al personaje, sin que por eso se contamine la inocencia que guarda; la creencia en el amor y los hombres.

Una sala pequeña como la sede de HAVANAFAMA no es óbice para el buen teatro. La escenografía –también de Juan Roca--, sin desproporciones y sobradamente práctica, se adecúa a la historia y formula soluciones para un espacio reducido. Sin duda el decorado nos dispensa ese ambiente de tugurio que Vargas Llosa propone. Y el diseño de luces, con fuerza en el sepia y el azul; cenital y frontal --igual de Juan--, complementa con sobrado oficio esa enrarecida atmosfera, colimándola en ocasiones: Roca en el cierre, al momento de presentar por separado a los actores, nos ofrece con la luz un "cuadro cinematográfico" que nada mas le faltaría los créditos debajo.

Por supuesto, no todo sale como se proyecta. En mi opinión, aun cuando se sabe que se ha trabajado la puesta con rigor, hay momentos que se disipa su ritmo, lo que la extiende más de lo aconsejable. Pero esta suerte de prevaricó teatral es corto y se impone de manera favorable el esfuerzo de un excelente elenco integrado por Isnael Rojas en el papel de Josefino; Dartañan Gutiérrez como Lituma; Carlos Fontane haciendo de El Mono, y Jorge Ovies de José. Están también las actuaciones de July De Grandy, que nos va canturreando canciones, cada una como una especie de comodín a las escenas. Bien por July, su voz nos deja con ganas de seguirla escuchando, aun cuando el repertorio escogido no sea el más atractivo y en ocasiones no quede claro que hace encima de las tablas. Y por último, el personaje que interpreta Alejandro Gil: el joven personifica a un cantinero loco, sucio, que no habla casi a lo largo de la obra, pero su movimiento escénico, sus expresiones, no pasan inadvertidas, muy por el contrario. Todo el trabajo actoral sostenido por una plausible adaptación.

En fin, no está la reseña de un crítico teatral. Es la crónica de un espectador que agradece a su buena amiga Belkis Proenza el gesto de que lo haya invitado a ver La Chunga. He salido de HAVANAFAMA con la convicción de que estamos ante un proyecto sólido, con talento; que en Miami se puede disfrutar de un buen teatro.





Fotos: Miguel Pascual 
Tomadas de FB

lunes, 9 de diciembre de 2013

Juegos de Rol, en La otra esquina de las palabras...

Aunque no es una de “sus aristas” más conocidas dentro de su obra literaria --se desempeña además como editor y periodista—Armando Añel es poeta. Por supuesto, tal aseveración no se debe únicamente al afecto que le guardo por ser un buen amigo –que de los amigos da gusto hablar bien--; he leído varios de sus poemas, los suficientes, que me sirven para cimentar mi opinión.

Dicho esto, me queda recomendar la presentación de su más reciente libro, creo que su primer poemario édito, y será el próximo viernes 13 de diciembre en La Otra Esquina de las Palabras…

Para mejor información, reproduzco la nota de Joaquín Gálvez en su blog.


La Otra Esquina de las Palabras 
invita a la presentación del poemario 
Juegos de rol 
(Neo Club Ediciones, Miami, 2013)
del escritor cubano Armando Añel. 

Las palabras de presentación estarán a cargo 
del poeta Joaquín Gálvez 

Café Demetrio 300 Alhambra 
 Circle, Coral Gables 
305-448-4849 
 Viernes 13 de diciembre/7:00 p.m

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer. Ejerció el periodismo independiente en Cuba entre los años 1998 y 2000. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann, tras lo cual se exilió en Europa. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado, entre otros libros, las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino" y el poemario "Juegos de rol". 



jueves, 5 de diciembre de 2013

Environment 2

El vecino de enfrente me pide por teléfono que tiene que conversar conmigo, y de manera urgente. Le respondo que me falta más de media hora para salir del trabajo, y en broma agrego que si pretende discutir sobre su tertulia, pues ni se imagine que la “conversa” ha de ser sobrios.

EL vecino de enfrente no habla, no contradice, y menos señala el motivo de su premura. Igual no cuento con la certeza de que va a cumplir mis deseos. Me molesta, hoy quiero beber, y mucho. He tenido mi primer encontronazo fuerte con Ela y apenas llevamos saliendo cuatro semanas. Lo peor, extraño a Amalia.

Cuando llego a 324 Mendoza, para mi total asombro, me tropiezo al vecino sentado en la entrada del edificio sosteniendo una botella de Chivas entre sus piernas, y en el piso, a su lado, un grueso libro titulado Tercera Persona. No acredito: el tipo leyendo la poesía de Rolando Jorge, alguien que mi vecino considera un contrario; y una garrafa de Chivas, un antídoto demasiado caro. Definitivamente me asiste la sospecha.

Apenas si el vecino me saluda con un gesto embutido por un dramatismo más agravado que el habitual. Hablo de alguien que conozco desde hace mucho y que le procure un apartamento en Mendoza justo enfrente del mío luego de su dramático divorcio. Un sujeto que la vida se le antoja una liga de banco: reteniendo un abundante fajo de billetes, que los aprieta, con el convencimiento de que no les pertenece.

Lo observo con paciencia por escasos segundos y sonrío discretamente con una pizca de sarcasmo. Sin embargo, a pesar de estar acostumbrado a los dislates de mi viejo amigo, sobre todo en lo que a mujeres se refiere, esta vez intuyo que un evento muy peculiar pesa demasiado sobre su atribulada cabeza y nada que ver con las trampas que vienen haciéndole unos cuantos guerrilleritos culturales que atacan a su peña literaria.

Al abrir la puerta de entrada del edificio el vecino se para por escasos segundos justo delante del apartamento que tiene como estudio fotográfico el dueño, hasta que por fin se decide a acompañarme escaleras arriba, en silencio. Ya dentro de mi apartamento lo dejo sentado en el viejo sofá, al que he de rendirle culto alguna vez, y me dirijo a la cocina a buscar dos vasos con hielo. De regreso los ubico con solemnidad encima de la mesa del centro y le quito al vecino la botella que todavía sostiene entre sus manos. Derramo unas pocas gotas de whisky en el piso, cerca de mi velita de Elegguá, y le sirvo casi llenándole el vaso; le quito el libro para hojearlo.

El vecino antes de beber asegura que el libro no le gusta, no soporta lo fragmentado de la poesía, versos que se le antojan un tizer que descarga una “electricidad poética” que te deja ido, y sin yo pedírselo me lo regala. Sospecho que me lo ofrece como si se quitase un enorme peso de encima. Después de tragarse todo el whisky de un tirón hace un ruido horrible con su garganta. El gesto, el sonido áspero, más que una asqueada constituye una suerte de auto exorcismo. Es como si pretendiera lanzar lejos a un ser muy asqueroso que le quema dentro. Qué sé yo.

Al final de su desagradable parodia el vecino pega su boca a la ventana para arrojar un morrocotudo escupitajo, que queda colgando entre los cristales de la persiana. Da un vistazo hacia a mi evidentemente avergonzado y limpia con su mano el vidrio. Suelto el libro de Rolando y regreso de nuevo a la cocina a buscar papel toalla; se lo doy sin decirle una palabra. El vecino limpia la ventana y luego sus manos. Intenta devolverme el papel. Con un gesto le señalo el baño. Minutos más tarde el vecino regresa al sofá con la cara y sus manos recién lavadas. Recula a tomar su vaso de whisky y por fin resuelve contarme su tragedia de turno.

- Te pido no se lo menciones a nadie. Si te lo digo es porque necesito expulsar este demonio que llevo dentro. No puedes negarme que era hermosa ¿Cómo que no sabes de qué te hablo? La modelo que viste desde tu ventana hace un par de días, la de pelo rojo, la del cuento… Margarita se llama. Quedé hechizado. Qué otra cosa alcanza a definir lo que padecí ese segundo. Y lo más increíble, me le acerqué sin temor y la invité a una copa. Lo más irreal, ella sonríe y nos vamos juntos. Lo que más disfruté, imaginar tu cara de asombro si me hubieses visto con ella. Una expresión que, sin concretarse, recordaba en su apartamento de Brickell.

Su piel, seda china. Sus senos, un par de misiles. Sus piernas torneadas, divinas. Su cintura, moviéndose como una suerte de cuadrante poseído por una fuerza concéntrica y descentrada al amparo de no sé cuántas revoluciones por segundo. Su centro, tal y como me habías dicho: una sajadura que parece diseñada a ex profeso por lo agraciada; una hendija para perderse. Lo único que me molestaba era su voz. Demasiado grave.

¿Y esa foto?- le dije cuando me iba, y sin esperar su respuesta le redondeo la pregunta - ¿Es tu hermano?

Ella me respondió fríamente…

-No. Me la tomó hará un par de años el dueño del edificio donde nos conocimos hoy. Fue antes de operarme...

Del cuaderno de relatos 324 Mendoza  

martes, 3 de diciembre de 2013

Environment 1

Casi seis meses en 324 Mendoza y ni una cuartilla; incluidos los correo electrónicos, que igual no me salen coherentes. Y hoy después de verla desnuda, con unos tacones rojos enormes, moviéndose por el feo jardín trasero del edificio delante de una cámara, quizás por primera vez alcance a borrajear una pequeña historia.

No la conozco. Se trata de una de las tantas modelos que vienen a tirarse fotos. Pero su belleza, aun cuando suene trillado el bocadillo, invita a romper esa esterilidad que se ha vuelto mayúscula y que comienza a molestarme.

Con cierto sigilo me pego a la ventana y no le quito la vista de encima. Ella, por su parte, sabe que la disfrutan más allá del lente del fotógrafo y no le importa. Se inventa poses la muy desvergonzada, que no se las han pedido además, encima de un sofá viejo que ha traído el vecino de los bajo para un asado que anuncia va a hacer todos los domingos y, llega el lunes, y nada.

La imaginación de la chiquilla es fértil, lo que molesta un poco al dueño fotógrafo. La mía se desata y saboreo cada gesto de la joven, en lo que ella acomoda su pelo rojo, se recuesta en el sofá, y transforma su rostro en un rictus coagulado de placer, separando finalmente sus piernas. Con su mano derecha levanta una, la derecha lo mismo, fijándola cerca de su oreja. El performance ostenta su centro entre ocre y rojo. Se me figura un tajo enorme, perfecto, sin esos labios que en ocasiones no guardan simetría. La rajadura me provoca unas ciclópeas ganas de saltar sobre ella desde el segundo piso. La ventana reprime el deseo. No puedo evitar una exclamación:

--¡Fuck, que papaya!

Me aparto. Temo que la desenfada criatura haya escuchado “el verso”; o el dueño fotógrafo. Es cuando la ansiada entelequia se desanuda y, cerrando los ojos, me descubro desmotándome de un caballo. Ya en el suelo me quito una pesada armadura y desenvaino una espada enorme. Camino en medio de un terreno infecundo, tal y como el jardín en que ella se ofrece impúdica, y donde hubo antes una sanguinolenta batalla. Echo un vistazo a mí alrededor. Dos cóndores se posan cerca. La fiesta para las carroñas se declara abierta. La busco sin proponérmelo. A lo lejos reconozco a mi paloma blanca, que levanta el vuelo pavorosamente.

De vuelta a la realidad sonrío, demasiado vino esta tarde de domingo. Recuerdo a Bukowski y lo parafraseo: el escritor únicamente llega a serlo cuando está escribiendo. Nada más saboreo desde la altura a un hermoso cuerpo y una linda cara de puta anglosajona que no tiene la menor idea de que un tipo venido de una isla le clava literalmente, como gato, sus pupilas. Asimismo, la fantasía se desarrolla al amparo de un espacio horrible para suponer una ficción en la que ella aparezca tal y como se muestra. Tampoco cabe una paloma en un sitio en el que dos cóndores se dan gusto.

A punto de renunciar a mi obsesión, la modelo trepa una escalera de metal recostada a un árbol y se inventa un gesto, como si fuese a lanzar una flecha. La presumo entonces ubicada en lo alto de un pequeño acantilado, apuntándome con un arco, con su cabello rojo batiendo. Tiro la espada que he sostenido todo el tiempo. Corro hacia ella.

- Si vas a matarme –grito- lo harás cuando consiga estar entre tus piernas y allí logre escribir este cuento.

Del cuaderno de relatos 324 Mendoza...

domingo, 1 de diciembre de 2013

Habitat, primer viernes de diciembre....

 
La Otra Esquina de las Palabras invita a la presentación del poemario 
Hábitat 
Neo Club Ediciones, Miami, 2013
del poeta cubano Joaquín Gálvez.

 Las palabras de presentación 
estarán a cargo de la ensayista y narradora  
Lourdes Tomás

Café Demetrio
300 Alhambra Circle, Coral Gables
305-448-4949
Viernes, 6 de diciembre-7:00 p.m.



Joaquín Gálvez (La Habana, Cuba, 1965). Poeta, ensayista y periodista. Se licenció en Humanidades en la Universidad Barry y obtuvo una Maestría en Bibliotecología y Ciencias de la Información en la Universidad del Sur de la Florida. Cursó estudios de postgrado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad Internacional de la Florida. Ha publicado los poemarios: Alguien canta en la resaca (Término Editorial, Cincinnati, 2000), El viaje de los elegidos (Betania, Madrid, 2005), Trilogía del paria (Editorial Silueta, Miami, 2007) y Hábitat (Neo Club Ediciones, Miami, 2013). Textos suyos aparecen recogidos en numerosas antologías y publicaciones en Estados Unidos, Europa y América Latina.  Coordina el blog y la tertulia La Otra Esquina de las Palabras. Reside en los Estados Unidos desde 1989.
 
Nota de promoción cortesía del blog La otra esquina...
 

martes, 19 de noviembre de 2013

José Abreu Felippe entrevista a Armando de Armas

Con motivo de la presentación de "Caballeros en el tiempo" en la próxima Feria Internacional del Libro de Miami, José Abreu conversa con Armando de Armas, su autor. El lanzamiento de la novela será el sábado 23 de noviembre a las 12:30 pm en el Miami Dade College del downtown. Room 3314 (Building 3, 3rd Floor)



Armando de Armas: ‘soy un cronista de mi  tiempo’


JOSÉ ABREU FELIPPE

ESPECIAL/EL NUEVO HERALD


Armando de Armas (Santa Clara, Cuba, 1958), es licenciado en Filología por la Universidad Central de Las Villas, Cuba. En los años 1990 integró el movimiento de Derechos Humanos y de Cultura Independiente dentro de la isla. Es autor de la novela La Tabla (2008), así como de Mitos del antiexilio (2007), traducido al italiano y al inglés, y de dos colecciones de relatos, Mala jugada(1996) y Carga de la Caballería (2006). Los naipes en el espejo (2011) es su ensayo más reciente. De Armas, vicepresidente del Pen Club de Escritores Cubanos en Exilio, escribe, además, para la página martinoticias.com, de Radio y TV Martí.
La prosa de Armando de Armas se caracteriza por su vitalidad. Alejado de cualquier manierismo y más aún del folclor pintoresco, tan en boga en la literatura cubana contemporánea, sus personajes deambulan por una isla que se cae pedazos cargados de sonidos y de furia. Son seres de carne y hueso, rebeldes, inconformes, ariscos, empeñados en la tarea de sobrevivir a toda costa, en medio del infierno, pero sin traicionar aquello en lo que creen. Seres agresivamente hermosos –una botella de ron barato siempre a la mano–, exhibiendo, sin pudor, su forma de estar vivos.
De Armas se presenta en la 30ma. edición de la Feria Internacional del Libro de Miami, auspiciada por el Centro de Literatura y Teatro del Miami Dade College, con su obra más reciente, Caballeros en el Tiempo (Atmósfera Literaria, 2013).
Tengo entendido que Caballeros en el Tiempo la escribió en Cuba.
Sí, es una novela escrita en Cuba. Firmada en Cienfuegos, enero de 1992. De los libros que escribí en Cuba es el último que me faltaba por publicar. Es una obra posterior a La tabla, de 1990, y anterior a algunos de los relatos que componen Mala jugada. Por lo que para mí tiene un gran significado: saber que, si se persevera, se puede vencer a la censura de un régimen monárquico, militar y marxista. Como los otros dos libros, no sólo escapó a los allanamientos de morada perpetrados por los muchachos de la policía política sino a las aguas durante una fuga desesperada de la isla.
¿De qué trata?
Las librerías en España la están vendiendo como una novela histórica con nuevos planteamientos sobre las guerras civiles y las revoluciones. Un divertimento en el Tiempo donde Jorge, personaje inspirado en la figura de Jorge Mas Canosa, va a Cuba durante la invasión de Bahía de Cochinos integrando un comando que debía desembarcar por el oriente de Cuba. Amadís, un proxeneta cubano, parte a la Guerra Civil Española con una misión muy diferente a la que le encomendara el Partido Comunista al reclutarlo, el chulo isleño pretende pacificar la tierra de los iberos mediante la estrategia de la perversión, bajo la idea de que a las huestes enfrentadas, una vez ahítas de hachís y sexo, no les quedarían deseos de escabechinarse mutuamente. Al aterrizar le espera Jorge, que le da el contacto del Tío Tenazas, sujeto que en el Madrid sitiado, a pesar de La Pasionaria, regentea un bar clandestino en un edificio semiderruido por las bombas. En el tugurio de Tenazas y por entre el aneblamiento del alcohol, Amadís vislumbra una noche a Hemingway que, borracho como una cuba, se bambolea con aires de matón en una película de gánsteres, con una ametralladora Thompson cruzada al pecho y del brazo de su amante, la bella y despampanante Martha Gellhorn. Basta agregar que es también una novela de amor en el límite de la muerte.
¿En qué género se siente más cómodo, la novela o el cuento?
En la novela.
En Mala jugada y en La tabla , el mundo marginal de la juventud cubana de los 1990 juega un papel protagónico. ¿Se siente usted un cronista de su tiempo?
Debo mucho a las Crónicas de la Conquista. Sí, soy un cronista de mi tiempo, lo único que, ya ves, la concepción que tengo del tiempo, de la realidad, que para mí no es más que expresión de una realidad otra, más alta o más profunda. Algo con lo que choco a diario. Ejemplo, Caballeros en el Tiempo será presentada el 23 de noviembre, justo el día en que murió Jorge Mas Canosa y, como bien sabes, no tendría yo la más mínima posibilidad de planificar los eventos de la Feria del Libro; significativa sincronía.
Se desenvuelve usted también como ensayista. ¿Podría hablarnos de esa faceta de su creación?
El ensayo me sirve para desmontar mitos. Si en narrativa busco lo mitológico detrás de la realidad, en ensayística busco la realidad detrás de lo mitológico, claro, en este caso lo mitológico mentiroso, inducido por la demagogia.• 
Caballeros en el tiempo’ de Armando de Armas se presentará el sábado 23 de noviembre a las 12:30 p.m. en el Salón 3314 (Edificio 3, 3r. piso).


Entrevista publicada en El Nevo Herald el martes 19/11/2013

martes, 10 de septiembre de 2013

La Isla que golpea impunemente...

Seis, tal vez siete meses antes de venir a Miami, fui desde Cienfuegos hasta Las Tunas. A medida que ganábamos carretera le comentaba a alguien muy especial para mí –de hecho la única persona que sabía de mi inminente viaje debido a la proximidad que guardábamos; tocado asimismo por una melancolía delirante acentuada a ratos-- que me dolía enormemente dejar atrás a Cuba.

A ambos lados del irregular asfalto se mostraba un paisaje hermoso. Un verde incomparable, que sólo conseguí regalarme por segunda vez en un sitio que ni remotamente en ese segundo pensaba visitar: hablo de Brasil, de la “rodovía” que va de Sao Paulo capital hasta Itapuí.

Recuerdo que con mis ojos embebidos de lagrimas, sin vergüenza alguna además por esa predisposición que ofrece el alcohol para quedarse expuesto, abrazándola le susurre casi para que el resto de los que íbamos en la apretada guagua no me escucharan: --Carajo, este es mi país, me duele dejarlo, y no saber cuándo regrese.

Ella me respondió con esa templanza que tanto yo saboreaba de su carácter: --Denis, la patria son los afectos que te llevas y los que vas a encontrar allá. El reencuentro con viejos amigos. La esperanza de que nos reunamos de nuevo los dos, con nuestros hijos, lejos de este infierno repleto de dualidades e inmoralidad. Lo que ves a tu alrededor –concluyó besándome con ternura-- es puro cartón postal que imagino ha de sobrar en el mundo.

Hoy, nueve años después, confieso a riesgo de que hiera la comprensión de algunos, que ella tenía razón. Y digo, mucho más inmerso en el conflicto que presupone una opinión como esta para los que todavía sudan, padecen a la isla, que Cuba me comenzó a hartar y me la ido sacando poco a poco de adentro.  La razón es simple, nada hay que pueda motivarme de un país --aunque sea el que nací-- donde la duplicidad más deshonesta habita en una buena parte de la sociedad que lo compone y la aberración sea política de estado. Por supuesto, no significa que haya dejado de ser cubano. Y claro, igual hay excepciones dignas, y ese es el ejemplo de la actriz Ana Luisa Rubio.


¿Y qué sucede con gente así, que decide no pactar más con la hipocresía, con una dictadura que no cesa en su empeño por cuartar todo tipo de libertades en lo que actualmente se vende al mundo como “un proceso que va reestructurándose”? ¿Qué alegato favorable puede someterse a juicio para justificar una barbarie como la golpiza que le han dado a una mujer por el sólo motivo de disentir, apartarse del rebaño? ¿Con qué argumentos cuentan ahora, los que desde aquí, Miami, sirven de enlace, de “limpia peceras” de un estanque putrefacto como el cubano, y que a diario se esfuerzan por construir un puente seguro que simplemente intenta garantizar la perpetuidad apacible de una casta?

Váyanse a la mierda fariseos de las dos orillas. El testimonio gráfico que se muestra en la Web prueba que ese país, del que me ido desaguando en casi una década, merece únicamente aborrecimiento mientras sea regentado como una finca a la usanza de las novelas de Dora Alonso, y se irrespete a grado sumo la dignidad de una persona.