domingo, 19 de noviembre de 2017

Noticia en desarrollo


Contemplo a un tipo calvo de acento mejicano
Menciona un par de hechos
(La cámara se mueve)
Uno en especial es importante
Anuncia el tipo calvo de acento mejicano:
hay un amor pidiendo que lo maten
Se escuchan las sirenas
Se emiten opiniones
Hablan especialistas
Noticia en desarrollo
Le toca el turno ahora a comerciales


Cambio de canal
Se muestra un reportaje
donde una idea se ha partido en dos pedazos
Se dice es atentado, los hay que fue accidente, en tanto un pensamiento va muriendo


Regreso al tipo calvo de acento mejicano
terminan de pasar los comerciales
Ya es otra la noticia
Ya no se dice nada
De aquel amor pidiendo que lo maten. 


Denis Fortun
Septiembre del 17

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Entrevista a Marcelino Valdés




Más de una vez lo vi por televisión en mi juventud, en Cuba. Luego, en Miami, una tarde de diciembre de hace unos cuantos años, más de diez, en casa de Emilio Ichikawa, hablando de música y músicos cubanos, sin la filosofía por medio, Emilio me regaló un disco que hasta hoy día guardo y disfruto, con temas diría yo que antológicos, que resumen el excelente cantante que es Marcelino Valdés. 

Finalmente tuve la suerte de conocerlo un lunes de no me acuerdo cuándo, una vez que Ana Gloria me llevó a su casa a una suerte de “tertulia de redención”, donde conversábamos, bebíamos, y por supuesto, la pasábamos bien entre los amigos que le acompañaban. Hoy puedo decir que es un buen amigo que aprecio, que admiro además como artista. Sin embargo, he de confesarlo, esta entrevista no ha sido fácil. Entre sus innumerables compromisos, y uno que otro imprevisto, el cuestionario que hace más de dos meses le enviara, hubo un momento que creí que no lo iba a responder, y hoy por fin sale a las redes. 

Claro, le agradezco su tiempo y sus respuestas, que dicho sea de paso son el pretexto para promocionar su próximo concierto en Alfaro’s el 8 de diciembre. Gracias Marcelino, para mí es un privilegio el que por fin respondieras este cuestionario…

Un loco no tan loco. Un cuerdo no tan cuerdo…

por Denis Fortun


Denis Fortun: Quién es Marcelino Valdés

Marcelino Valdés: Créeme, es la primera vez que respondo una pregunta como ésta, y te digo, no me resulta nada fácil hacerme un “autorretrato”, utilizando un término propio de las artes plásticas: ¿Quién es Marcelino Valdés? Yo diría que es un loco no tan loco, un cuerdo no tan cuerdo, un tipo que se muestra tal cual: escurridizo cuando siente que algo le asfixia y prefiere acompañarse de la soledad con la que, desde hace mucho tiempo, se ha reconciliado. Pero resulta que su soledad está cargada de música, de cuadros, fotos, de objetos que han ido protagonizando momentos de mi vida; cargada de proyectos, de inquietudes, de vivencias y de historias que, en algunos casos, son en blanco y negro, y  Marcelino Valdés las pinta todas de los colores que quiere.
Y lo de escurridizo… Bueno, esa fue una definición sobre mi personalidad que un día me dio mi hermano el maestro Martín Rojas. No recuerdo por qué razón me dijo: “eres escurridizo y evasivo”, y tiene razón. Cuando algo o alguien me sofocan, me aíslo. Otras de las definiciones más acertadas fue la de mi mejor amigo Gilberto Piñeiro Fernández, que moldeó en un poema dedicado a mí, y en uno de sus versos dice: “fiera de fuerza y candidez polluela”. Porque, en realidad, parezco un león pero soy un tipo noble. Tengo más de mejor que de peor, aunque, como todo ser humano, traigo conmigo a “mis demonios”, “mis laberintos”. Pero quiero decirte que, como Gilbe, mantengo otros amigos por más de 50 años, cosa que me encanta y alivia, lo cual quiere decir que soy soportable.

DF: Vienes de una familia ilustre en la historia de la música cubana. Cuéntame de tu niñez, rodeado de grandes artistas en la sala de tu casa, y como finalmente llega Marcelino a convertirse en cantante.

MV: Vamos a ver cómo te resumo esta respuesta, porque en realidad yo me crié con mi adorada Dulce Stable. Mi padre, Marcelino Valdés, vino a Estados Unidos siendo yo muy pequeño, tenía apenas 8 años; mucho antes, habían venido para acá mis tíos Vicentico y Alfredo. De Alfredo, te diré que se trata de la voz líder y fundador del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro. “Guanajo relleno”, “Pero que lengua”, entre otros temas de esa antológica agrupación cubana, se escucharon por primera vez en la voz de mi tío Alfredo Valdés.  Más tarde mi tío Alfredo grabó un disco con todos esos temas a la edad de 82 años. Te lo puedo mostrar.
Te cuento que mi padre Marcelino Valdés con 18 años fue cantante del Segundo Septeto Nacional de Cuba. Ya, aquí en los Estados Unidos, perteneció a muchas agrupaciones, como la Orquesta Fajardo y la Orquesta de Tito Rodríguez, entre otras. Trabajo en el Palladium de New York, y en el prestigioso Cotton Club, con Dixxie Gillespie.  Mi padre era muy talentoso: cantaba, tocaba bajo y percusión.
Por supuesto, yo frecuentaba la casa de mi abuela paterna Amparo, la matriarca de todos los Valdés, y allí quedaron mi tío Oscar Valdés, mis primos Lázaro (quien fue mi primer profesor de piano), y era la casa como un centro de reunión: Lazarito, Rolando, Bernardo, Oscarito… Ellos fueron tomando su camino en la música en diferentes agrupaciones, y a mí, Dulce Stable me repetía que estudiara una carrera. Fue así que estudié Licenciatura en Periodismo, en la Universidad de La Habana, y hasta llegué a ejercer esa profesión. Pero  “lo que se hereda no se hurta”, la música corría por mis venas y un buen día me paré sobre un escenario y el primer sorprendido fui yo de la acogida que tuve. Nunca más he dejado de cantar, y de estudiar, por eso te dije anteriormente que “mi soledad se siente acompañada”, parafraseando a Pablo, pues cuando no estoy preparando canciones, escribiendo poemas, o “coloreando” historias, estoy estudiando. Ahora mismo me acabo de graduar de una Maestría en Ciencias en Nova Southeastern University.

DF: Tengo entendido que eres de los poquísimos cubanos que han cantado en el Apollo, un reconocido teatro ubicado en Harlem, New York, con sobrada historia en la música negra norteamericana. Cómo llegas allí.

MV: Suzanne de Passe y mi sobrino Frank Mercado-Valdés eran los productores en esa temporada  de Showtime at The Apollo, y me propusieron participar. Imagínate dónde se me pusieron los “talones” sabiendo que en ese escenario habían actuado Michael Jackson, Aretha Franklyn, Diana Ross, Stevie Wonder, Lionel Richie, Whitney Houston, Prince, Brian McKnight, The Temptations, Sam Harris… En fin, casi todos los cantantes y agrupaciones superestrellas de Estados Unidos. Ese día la presentadora era la famosa comediante Monique, ganadora de un Oscar a mejor actriz por su participación en la película “Precious”. Ya te puedes imaginar cuando me presentó: He is on the long line of famous cuban singer, from Miami Florida, by the way of Cuba, welcome Marcelino Valdés. De más está decirte que salí cagándome, pero ha sido la experiencia profesional más grande de mi vida. Fue un gran honor para mí pisar aquel escenario, trabajar con aquel staff, y que la orquesta que me acompañó el tema I believe I can fly, estuviera dirigida por el maestro bajista Ricky Minor, director musical de Whitney Houston. Esa experiencia se va conmigo en mi memoria, en mi corazón.




DF: Sé que lo mismo eres “un animal político”, y en tu “Buen día mundo”, en Facebook, a veces tus opiniones son fuertes y provocan polémica. En fin, dime de esa faceta.

MV: Esa faceta es el “bichito” del periodista que está dentro de mí. Desde que se fundó Facebook saludo mis mañanas así: “Buen día mundo”. De hecho, más de una persona me ha sugerido que haga una recopilación de los “Buen día mundo” y los agrupe en un libro, pues ahí escribo lo que se me ocurre: desde un cuento, una crónica, una anécdota, una reflexión, una crítica, un sueño. Quizás muchos no lo sepan, pero como periodista me “gané” mis primeros frijoles, y esa inquietud no desaparece, siempre está latente. Yo me mantengo muy informado, me gusta.  Doy mis opiniones libremente, ahora que finalmente puedo ser libre, y cuando te hablo de libertad me refiero a que me siento libre desde mi interior, es decir, de ser como soy, de no tener dobleces, de expresar mis criterios utilizando mi “filosofía”, un poco sarcástica a veces, envuelta en el buen humor que me caracteriza. No soy un tipo con trastiendas, y en mi coinciden el periodista, el artista, y el ser humano. Todo ser humano tiene opiniones, tiene criterios, y no es posible vivir de espaldas a la realidad, a ciegas con lo que ocurre en tu entorno. Eso de que los artistas no hablan de política, no lo entiendo. Toda la vida los artistas han tenido el compromiso de ser los voceros de la realidad que los rodea, y por tal motivo, muchos hasta se ha “inmolado”.

DF: Cuando sales de Cuba

MV: Salí de Cuba en abril de 1994, en pleno apogeo del llamado “Período Especial”, de la fiebre por construir refugios, porque el imperialismo nos iba a atacar. En aquel entonces, hacía ya unos  años que me dedicaba a cantar. Comencé en Guanabo Club, y de allí me rescataron Alberto Concepción, Raúl Pastora, Delia Díaz de Villegas, Rey Ruíz, Felo, entre otros, y me llevaron para el show de Los Dada, y tuve muy buena acogida. Viajamos mucho, pero, como te dije, en el 1994 me invitaron a venir a Miami y mi propia madre me dijo: “Mijo, las oportunidades las pintan calvas, quédate. Si no nos vemos más en esta vida, nos veremos en la otra, pero tú y yo siempre nos estaremos viendo”.

DF: Háblame del periodista que eres, y cómo hacías para ejercer en Cuba, en medio de tanta censura y politiquería dogmática, con la doble moral que todos padecimos alguna vez.

MV: En tu pregunta está mi respuesta ¿Qué cómo hacía para ejercer el periodismo en medio de tanta politiquería? Pues con esa misma doble moral de la cual padecimos todos. Ahora muchos no quieren recordarse qué había que hacer, y lo que había qué hacer era eso y punto. Aquí en Miami me he tropezado con un sin número de periodistas que fueron compañeros míos. Todos padecíamos del mismo mal. Recuerda el slogan “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada”,  y aunque te estuvieras cagando en eso, había que actuar como si te lo creyeras. Muchos nos ilusionamos con la Revolución, después vino las desilusión, la hipocresía, la doble moral y la oportunidad de dejar todo eso atrás.


DF: Tu tía Isabelina ¿No has pensado que sus historias bien pueden convertirse en un libro de crónicas humorísticas?

MV: Muchas de sus historias están en mis “Buen día mundo”. Ella es un ser increíble. Ella tiene una fuerza, unas ganas de vivir, una alegría, un sentido del humor envidiable. Nunca se queja por nada. A todo le encuentra una explicación positiva. Ella me recuerda mucho a mi madre Dulce Stable. Yo he pensado en la posibilidad de escribir algo. De hecho, hace poco publiqué en Facebook una serie de fotos que titulé “Las negras de mi corazón”, que me sugirió un  título para un libro. Porque Dulce también era tremenda. Te hago una anécdota: Cuando vino de visita, yo le dije: “Mima, yo no te voy a decir que te quedes porque esa es una decisión muy personal. Lo único que te digo es que esto es diferente a Cuba. Las personas mayores no andan caminando por el vecindario, ni conversando en las bodegas y los mercados. Aquí es la televisión” todo el tiempo. Y parece que se metió tanto en la televisión que a los quince días de estar aquí le pregunté: “Mima que vas a hacer, te quedas o te vas? Y su respuesta fue: “Los que vienen a VALSAM no se van”. Así de original era, y así de original es Isabelina. Ya cumplió 91 años, y sufre de unos dolores en el hombro terribles, y para olvidar los dolores se pasa el día cantando. Se ha convertido en una DJ, pero no se queja, sólo canta, y canta, y canta...

DF: Dime de tu obra discográfica, dónde pueden comprarse tus discos

MV: Me da un poco de risa y a la vez tristeza hablar de mi obra discográfica, porque a pesar de mi trayectoria artística te puedo decir que he grabado muy poco. Hice un disco con la disquera RMM, que dirigía Ralph Mercado, y que pudo haber llegado a algo si se hubiese promovido, comercializado. Cuando me firmaron con RMM me llené de ilusiones. Era una disquera muy importante a la cual pertenecían Celia Cruz, Marc Anthony, Tito Puentes, Tito Nieves, La India, José Alberto El Canario, entre otras estrellas. Imagínate, Ralph Mercado había visto el video de “Añorado encuentro”, dirigido por Ernesto Fundora, y al enterarse que yo había llegado a Miami me localizó y comenzaron las negociaciones para el contrato que finalmente firme.
Volviendo al disco, te diré que está compuesto por 12 canciones que mi tío Vicente popularizo en su época, pero  el talentoso Jorge Luis Sosa se encargó de dirigir la producción y de hacer unos fabulosos arreglos, y lograr así un maravilloso resultado, pero tuve tan mala suerte que finalizada la producción, a Ralph Mercado lo demandaron y se declaró en bancarrota, la disquera desapareció y me quede desamparado. Y te digo, que no se de que manera, y para mi sorpresa, vas a Amazon y el disco se está vendiendo digitalmente. Por supuesto que no he visto un centavo de esas ventas.
También he participado en proyectos colectivos como el Super Cuban All Stars, de la misma desaparecida disquera RMM, y en una producción infantil dirigida por Rita Rosa Ruesga, que fue nominada para los Latin Grammys en la categoría de música infantil. Ahí canto una canción.

DF: Además de cantante, ¿incursionas en otras manifestaciones del arte? ¿Teatro, por ejemplo?

MV: Bueno, soy un tipo muy atrevido y no le temo a los retos. He incursionado hasta en el cine. Estando de gira con el grupo Los Dada en Ixtapa, Zihuatanejo, se estaba rodando la película “Donde quedó la bolita” con el grupo Garibaldi, y participe de extra con algunos diálogos. 
Después vino algo más serio en teatro, con mi participación en la obra “El Bola: Cuba’s King of song”, en el Gala Hispanic Theatre de Washington DC, dirigida por el director argentino Hugo Medrano. Un musical que abordaba la vida de Bola de Nieve, y yo encarné el personaje de Ignacio Villa. Trabajar con artistas experimentados como Anabel Castrello y Divine, entre otros, me enriquecieron profesionalmente. Puedo asegurar que fue una experiencia inolvidable.
Luego, aquí en Miami, volví al teatro con la obra “Conversación en tiempo de bolero”. Un monologo de la actriz Marcia Arencibia-Henderson, en el que yo tuve una participación especial.

DF: Proyectos inmediatos de Marcelino, y a largo plazo lo mismo

MV: Inmediato: mi concierto el día 8 de diciembre en Alfaros, donde me presento con mi “pequeña sinfónica”, como suelo llamarle a mi grupo compuesto por tres excelentes maestros: Enrique Gonzales Pérez, drums y director musical; Antulio Mora piano y teclados; y Michel El Gato Hernández en el bajo. A no muy largo plazo, la puesta en escena de otro proyecto sobre la vida de Bola de Nieve, escrito por Manuel Agüero y dirigida por Marcia Arencibia-Henderson; un video clip con una idea muy novedosa dirigido por el cineasta Orlando Jiménez, y algo que estamos preparando el genial pianista Tony Pérez y yo.

DF: Cuba, la reiterada pregunta: ¿Una herida que no cierra? ¿Volverías?

MV: Pues a esa reiterada pregunta le daré la respuesta menos reiterada: estoy enfocado en mis proyectos.




Fotos de Marcelino que tomo de su Wall en Facebook

jueves, 26 de octubre de 2017

Petit Madrid, lo recomiendo...




Nos paramos en la puerta sin estar muy convencidos. No contábamos con referencias y el lugar estaba vacío, sólo un par de comensales con cara de padecer cierto aburrimiento comían en una mesa apartada del resto. Una hora antes, al parquear, vimos el lumínico que anuncia el sitio, un nombre no muy común por la mixtura entre francés y castellano, o catalán, y pensamos que si nos daba tiempo, a lo mejor le hacíamos la visita.


Tony, Antonio El Pequeño (él dice que enano), apenas si nos dio oportunidad de que la duda creciera y termináramos dando la vuelta. Su primera palabra luego de las salutaciones de rigor, fue una invitación a beber vino español, gratis además, lo que me hizo cruzar la puerta de inmediato y Ana y Ruben mirarme sonriendo, luego, si apetecíamos algún platillo en particular, no los hacía con mucho gusto. Y claro, pedimos cada uno sopa de cebolla, dicho sea de paso, espectacular, lo juro; y en lo que comíamos pedazos de tortillas española, pan horneado en la cocina que Tony nos mostró con sobrado orgullo, y bebíamos una copa de “El Navegante”, todo por la casa, después de ordenar la susodicha sopa llegó mi pregunta de si era el dueño, y por qué “Petit Madrid”. Antonio respondió con una carcajada pegajosa, de esas que te provoca imitarla, es igual un sujeto conversador y gusta de hacer chistes: - Somos dos: el Banco y  yo. Vi ese nombre una vez dando pies por el mundo, y me dije, si un día abro finalmente mi propio restaurante, va a llamarse así. Que si no lo notas –concluyó riéndose-,  soy enano y de Madrid.


El establecimiento está de opening, aún huele en su barra la madera fresca de la estantería. Es un espacio limpio, sin fastuosidad pero hermoso, la sencillez y lo minimalista es el estilo. Sin embargo, lo que estimula a regresar es el trato de Tony, un madrileño que lleva más de treinta años en Miami y aún la “zeta” le suena como de ayer, casado con una cubana que se estableció con su familia en Miami siendo apenas una criatura de meses, y que extraña a Madrid y no a La Habana.


En fin, no por gusto hago esta pequeña crónica de una visita al azar, que terminó regalándonos una noche sumamente agradable por el trato de Tony (yo prefiero decirle El Pequeño”), afable y cálido, y por la sopa de cebolla, claro está. Un tipo que, no me cabe duda, tendrá un negocio próspero por su voluntad y buena vibra al lidiar con sus clientes. Nada, que recomiendo a “Petit Madrid”, y conste, no me pagan por publicitarlo. Tony, hasta el instante de escribir esta cuartilla, no me ha ofrecido siquiera un descuento, lo que debería considerar, digo yo… 



lunes, 18 de septiembre de 2017

Entrevista a Kelly M.Grandall



Es mi amiga, y es brillanteAsí supe por primera vez de Kelly, cuando otra amiga común me habló de ella con sobrado orgullo. Fue en la presentación que le hiciera sobre su libro al actor cubano Evelio Taillac, en una edición del Festival VISTA de Arte y Literatura. Y sí, no tuve dudas que es una muchacha inteligente y que, además, por su acento supuse era venezolana. Sin embargo, Yovana, la amiga común, me aclaró que Kelly es habanera, pero vivió muchos años en Caracas, y se graduó de Artes y Literatura en la Universidad Central de Venezuela, donde hasta hace poco fue profesora, y finalmente vino a Miami.

Después tuve la suerte de conversar con ella en más de una oportunidad, y aprender, complacerme incluso, de sus conocimientos fotográficos en una presentación que desarrollara en la librería Imago de Coral Gables a Hernan Vilar, fotógrafo venezolano que hará un año y tanto, si mi memoria no me falla, estuvo por acá para dar una conferencia sobre fotografia venezolana y universal. Y ya Kelly es una buena amiga, y el próximo viernes 29 de septiembre presentará su primer poemario Medulla Oblongata (CAAW Ediciones, católogo Yulunkela), en la librería Altamira, en Coral Gables también. Y este, pues, ha sido el mejor pretexto para un cuestionario donde podamos conocerla mejor. Gracias Kelly…

Vengo del menos es más, y me gusta…

 Por Denis Fortun

Denis Fortun. Quién es Kelly M. Grandal. Cómo comienzas a involucrarte con la literatura, en cuál género te sientes más confortable, y háblame de tus autores favoritos, esos que en su momento te han susurrado hazlo…

Kelly M. Grandal. Mi madre me leía, los libros fueron esenciales en mi infancia, aprendí a leer y escribir muy rápido. Como le pasa a tantos, mi relación con la literatura comenzó allí. En la adolescencia comencé a escribir poemas; malísimos, como todo lo que uno escribe en la adolescencia a no ser que seas Rimbaud.
En la universidad estudié Historia del Arte, pero teníamos varias asignaturas de literatura. Una profesora, Gabriela Kizer (que, además, es una extraordinaria poeta), me ayudó a entender que en lo literario había un camino esencial para mí; que mi manera de relacionarme con la realidad y sus códigos pasaba necesariamente por la palabra escrita. Luego hice un Máster en Literatura Comparada.
Durante mucho tiempo escribí tímidamente, como quien no asume una responsabilidad, hasta que me dije que ya era hora de crecer y enfrentar al monstruo debajo de la cama. Me siento particularmente cómoda con la poesía, el ensayo y la crónica. Ahora estoy intentando con la narrativa; trabajando, como diría Chuck Close, contra mí misma. ¿Autores? Demasiados para una sola lista: Anna Ajmátova, Cesare Pavese, Olga Orozco, Thomas Mann, Junot Díaz, Hanni Ossott, Virginia Woolf, Jack Kerouac, Carilda Oliver Labra,  Hemingway, Rimbaud, Borges, Gabriela Kizer, Rómulo Gallegos...

DF. Sé que la fotografía guarda una zona importante en ti como creadora—hijo de gato caza ratón—.  Te pregunto: ¿es la imagen patente una herramienta al momento de Kelly construir la onírica, la figurada, ya sea explícita o hermética? ¿Visualizas la forma antes de concebirla?

KMG. Creo que la imagen es una herramienta para todo escritor. Nos enseñan siempre que la imagen pertenece meramente a lo visual, pero todas las artes están unidas por la imagen. La música, por ejemplo, es capaz de formar imágenes en nosotros, generalmente abstractas, que terminamos asimilando a conceptos que se nos parecen: tormenta, amor, tristeza, paseo por la playa. Por supuesto, ser hija de fotógrafos me conecta especialmente con la visualidad. De hecho, me interesa mucho la relación entre literatura y artes visuales, los puentes que se tienden entre ellas. Supongo, además, que debe haber cierta plasticidad en lo que escribo. Pero no diría que veo la forma primero. Escucho, sobre todo escucho. La escritura es para mí cosa de diálogo. Trato luego de escoger palabras que traduzcan eso que escucho de la mejor manera posible y lo transformen en imagen.

DF. Tu libro Medulla Oblongata, bilingüe además, se presenta próximamente en la librería Altamira, en Coral Gables. Varias preguntas cortas en una: ¿es tu plectro medular? ¿Tan visceral y profundo es tu verso, incluso puede que impúdico, por cuanto eliges este título?

KMG. La historia de ese título no tiene nada que ver con su solemnidad latina. Originalmente, se iba a llamar de otra forma, pero no estaba muy convencida con el título. Andaba viendo The young Frankenstein, una comedia de Mel Brooks, cuando el personaje principal (interpretado por Gene Wilder) dijo: medulla oblongata y la viscosidad de ese sonido y esa imagen me fascinaron. Así que decidí que ese era el título. Luego, investigando, me di cuenta de que no era en lo absoluto descabellado.
No creo que mi verso sea visceral o profundo. Ni siquiera sé si tenga un verso, pues la voz poética, la manera de hacer y decir, cambia con los años.  Por otro lado, vengo de una formación donde lo visceral no tiene demasiada cabida. Me interesa la economía de las palabras y el silencio como espacio de enunciación. Vengo del menos es más, a lo Cocó Chanel. Tal vez es una malformación, pero me gusta. Más que hacia lo impúdico, tiendo hacia lo íntimo, especialmente en la Medulla. Te decía que entendí que era el título perfecto porque, efectivamente, es un libro medular, en el sentido de lo sustancial, de lo que me compone: ser mujer, emigrante, los ancestros, la escritura. El plectro, como dices. Y es también un joven Frankenstein. Los versos que lo integran pertenecen a distintos momentos, van desde el 2005 hasta el 2016. Algunos, incluso, eran poemas desechados. Así que es un libro hecho con distintos órganos, retazos, cosido y con tornillitos.

DF. Aunque no lo reconocen, muchos poetas escriben hoy para otros poetas, y sus versos son una suerte de universo elitista. ¿Es Medulla… un cuaderno de gremio, o por el contrario, es de fácil lectura para un lector ávido de poesía?

KMG. Si una voz poética es oscura y compleja por naturaleza, vamos bien. Si un escritor decide experimentar con el lenguaje, vamos bien. Pero me parece bastante amateur volver oscura y compleja una voz porque eso pareciera elevarte a cierto nivel o colocarte en cierto Olimpo. Escribir es un oficio, con sus particularidades, como todos los oficios. Es hora, me parece, de que abandonemos el mito romántico de los lánguidos poetas incomprendidos e incomprensibles que sufren mucho y están conectados con los dioses.
Podría pensarse que la poesía, por su propia composición y estructura tiene siempre algo de elitista: está lejana a la forma cómo usamos el lenguaje en lo cotidiano. Pero es posible enseñar y aprender a leer poesía, es algo que comprobé en mis años como docente. Por supuesto,  hay autores de autores y algunos no son para iniciar. Eliot, Rilke, Corbin o Lezama, por ejemplo, son poetas difíciles. Dudo que ese sea mi caso, dudo que lo que escribo sea difícil. Trato de mantenerme siempre entre lo lírico y lo coloquial, la tradición y la vanguardia, lo lírico. No me interesan los extremos, ninguno. La Medulla, por ejemplo, es un libro bastante clásico, una poesía bastante clásica.

DF. Estas tres interrogantes que siguen, se generan por las preguntas que anteceden, y aunque aparentan cierta ironía machista, puedo asegurarte que no es el caso. Medulla Oblongata cuenta con una peculiaridad: evidentemente está escrito por una mujer; su diseño viene por manos de una mujer; lo ilustra una mujer; luego lo edita una mujer; lo traduce una mujer; y lo presentarán dos mujeres. ¿Eres una feminista confesa, Kelly? ¿Es pura casualidad el hecho de tantas mujeres involucradas, o no? ¿Es una lectura lo mismo para hombres, o pretendes una complicidad sólo para señoras?

KMG. Soy una feminista confesa, sí; creo que es momento de, finalmente, equilibrar cosas. Me encantaría decir que no creo en una literatura femenina o masculina, pero sería negar una tradición de códigos culturales y negar un millón de cosas. Lo que sí creo fervientemente es que eso no importa, que no debería detener a nadie a la hora de leer. No acercarse a un libro porque su universo es masculino o femenino (o eso que nosotros creemos que es lo masculino o femenino) es hacer gala de muchos prejuicios. Si nos manejásemos así, las mujeres no disfrutaríamos Moby Dick y los hombres no podrían leer a Elena Ferrante. Por otro lado, eso no influye en la calidad literaria del autor.
Yulunkela es un catálogo de CAAW Ediciones pensado para escritoras, para darles oportunidad. Sería absurdo negar que no hemos tenido suficientes, en ciertos campos dominados por los hombres, entre ellos el literario. Pero el hecho de muchas mujeres involucradas fue una casualidad, pasó así y terminó siendo significativo a la luz de Yulunkela. Me gusta, me enorgullece que tanta gente maravillosa, mujeres maravillosas, sean madrinas de mi primer libro. Pero la complicidad  es con todos los lectores, sean quienes sean. No es un libro para mujeres, sino sobre el universo de una mujer (de hecho, su primer título fue Ella), porque soy mujer. No lo elegí, aunque estoy contenta con mi sino. Me hubiera encantando también ser un paramecio o una mata de mango. Pero allí hay temas que conciernen a todos: emigración, ancestros, escritura.

DF. Además de Medulla Oblongata, algún otro proyecto que te atrape ahora mismo y quieras mencionar. Por ejemplo: ¿Kelly, narradora? ¿Fotógrafa?

KMG. No suelo hablar mucho de lo que estoy haciendo, nunca he sido persona de anuncios. Lo hago y ya. Mitad superstición, mitad que no me gusta generar expectativas. Pero, para que no digan que soy misteriosa, mencionaré uno de los proyectos: compilo mis ensayos sobre fotografía, quiero hacer un libro con eso, en algún momento.

DF. Localmente, ¿dame tu apreciación del arte en general, la literatura hispana en específico, que se factura en Miami hoy día?

KMG. Hay una sola cosa que, creo, hace falta: salir de lo gregario. Para eso habría que comenzar por cambiar la dinámica de la ciudad o lo que, en casi cuatro años, he percibido (tal vez equivocadamente) de ella: los cubanos andan con los cubanos, los venezolanos con los venezolanos, los salvadoreños con los salvadoreños y así. Todos sienten que son una suerte de pueblo elegido, superior, lo cual me parece bastante absurdo.
Eso se refleja en el ámbito literario y artístico, muchas cosas terminan siendo localistas. Y no es que tenga pretensiones de universalidad, no soy Kant, pero la mezcla es el origen de la vida. Hay que abrirse a ver, escuchar, aprender de los otros, a leerlos. No concibo que a eventos de escritores cubanos vayan mayormente cubanos y lo mismo con otras comunidades. O que muchos no vayamos, ni siquiera, a eventos en inglés. “Ningún hombre es una isla”, decía John Donne y yo le creo. Si queremos crecer, cívica y culturalmente, tenemos que vivir en la diversidad. Integrarnos, dejar de ser un lugar fragmentado. Lo es, incluso, arquitectónicamente. Todo está hecho, como en tantas ciudades del país, para no cruzarnos. Ese afán de pureza, que es tan protestante y tan anglo, puede ser muy nocivo.

DF. Siendo una adolescente, llegas a un país que muchos consideran muy similar al nuestro por su gente, las costumbres, y allí creces como mujer y como intelectual. Háblame de Venezuela, qué significa para ti.

KMG. Una casa, viví allí veinte años. Una escuela, no solo fui a la Universidad Central de Venezuela sino que sus calles y su historia me templaron el carácter. Le debo al país la mitad de lo que soy. No me pregunto por él, simplemente está en mi como están los nombres de mis abuelos o la memoria de la primera vez que probé el chocolate. Me integra, es una medulla oblongata. De hecho, una de las cosas que más me gustan del libro, es que reúne a mujeres de todas mis casas: Cuba, Venezuela y Estados Unidos.
Por supuesto, en estos momentos, significa también mucho dolor y preocupación. La situación venezolana es terrible y desalentadora.

DF. El exilio es un fardo doloroso para algunos, que no se resignan jamás al destierro, y mucho menos cortan el “cordón umbilical” que los une a la tierra proscrita; para otros, un destino para la reinvención, la tan traída resiliencia, y prefieren vivirlo a plenitud, sin los inconvenientes que traen consigo los lastres emocionales. ¿Cómo se siente una mujer que la ha golpeado el desarraigo por partida doble, que ha tenido que expatriarse en dos ocasiones?

KMG. Creo que necesariamente el exilio duele, solo que algunos aprendemos más fácilmente a lidiar con eso o no estamos dispuestos a hacer de ese dolor una bandera, no nos interesa. Hay muchas maneras de enfrentar el desarraigo y cada quien vive la suya, ninguna es mejor o peor.
No me siento desarraigada, tampoco arraigada. Los huesos de mis muertos están en una tierra y eso significa algo. En Venezuela tengo amigos que son familia, memorias imborrables. Cada lugar tiene su peso y su puesto. La doble emigración me ha enseñado a ser un caracol, mi casa está conmigo. Me ha enseñado  también a perder ; que, a veces, sí es la última vez que vemos a alguien; que todo lo que construímos puede borrarse de un planazo y que, a pesar de eso, la vida continúa. Veo al exilio como un duro maestro. Lo acepto. Es lo que me tocó y lo que elegí. A pesar de ciertas heridas, lo agradezco.

DF. ¿Cuál  de las dos “escapadas” te ha dolido más?

KMG. Ambas, por distintas razones. La primera porque significó renunciar a mi familia, mi infancia; no volver a ver a mis abuelos, que son de los seres que más he amado y amaré en este mundo. A mis amigos venezolanos no podía decirles: “en este parque me hice la primera cicatriz”, así como ellos me enseñaban sus memorias. Hasta que no volví a Cuba, trece años más tarde y pude reencontrarme con la niña que fui, me sentí algo dividida. Por otro lado, cuando emigras niño, hay cosas del proceso que no vives, porque padres o familiares se ocupan de lo difícil. Cada edad para emigrar tiene sus bemoles.
La segunda fue una elección adulta y consciente. “Duele” porque ahora estoy viviendo lo que antes vivieron mis padres: la inestabilidad económica de los primeros años, las dificultades para adaptarse, cierta soledad, planes que la realidad terminó desbaratando, tener que separarse de los amigos y la familia. Sobre todo, pesa el proceso de transformación de la identidad, que uno suele fundar sobre cosas que desaparecen: trabajo en, vivo en, hago tal. ¿Se deja de existir y ser cuando eso se pierde? Y entrecomillo “duele” porque también disfruto la experiencia, no de manera masoquista, sino como un reto. Lo asumo, como dijiste antes, como una reinvención. Este segundo exilio me ha obligado a preguntarme quién soy y qué quiero, realmente. Este libro no hubiese salido a la luz sin eso. Me hubiese quedado dando vueltas en el limbo de no querer asumir la responsabilidad de la escritura. Pero soy una persona que escribe, eso no lo va a cambiar ninguna circunstancia, incluso aunque me prohibieran escribir.
Tal vez lo más difícil de este segundo proceso ha sido convivir, nuevamente, con la comunidad cubana. Se me han abierto heridas de ese primer exilio que creí cerradas. He llorado lutos que no lloré en el momento. Me gusta pensar que vine aquí para finalmente sanarlos.

DF. ¿Volverías alguna vez a Cuba luego de tanto viaje…?

KMG. De visita, sí, tal vez cada cinco o seis años. A vivir no, al menos mientras el castrismo se mantenga en el poder. Y, aunque cambie, no sé si viviría todo el tiempo allí o si solo pasaría largas temporadas. La Cuba que dejé ha cambiado, incluso desde la última vez que fui, en el 2010. Cambiará mucho más de aquí a una posible ruptura y no sé si me acostumbre. Por supuesto, y como le pasa a muchos cubanos, hay una cierta nostalgia idílica que no me permite cerrarme completamente a la idea de volver. Cierta atmósfera de La Habana ejerce todavía su encanto sobre mí, como todavía me pasa con la de Caracas. Pero esas son visiones románticas, no sé si aguantaría estar ahí. Quién sabe dónde termine mis días, tal vez en Islandia o Melanesia. Quién sabe algo, realmente, sobre las vueltas locas que da la vida.

  "Medulla Oblongata"

 En Altamira Libros, viernes 29 de septiembre, a las 7:30 pm

 Presentan Legna Rodríguez Iglesias y Danae C. Diéguez.


Kelly Martínez-Grandal (La Habana, 1980). Residió en Venezuela entre 1993 y el 2014. Allí se graduó de Licenciada en Artes y Magister en Literatura Comparada, en la Universidad Central de Venezuela, donde también fue profesora por siete años, en la Escuela de Artes. Ha trabajado como curadora independiente y editora para diversos museos e instituciones en Caracas. Actualmente reside y trabaja en Miami, Florida, Estados Unidos.
Su obra ha sido publicada en varias revistas y antologías. Entre estas últimas destacan: ¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género (Fundavag Editores, 2015) y 102 poetas en jamming (Oscar Todtmann Editores, 2015)
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Sobre Kelly M Grandall: tomado de Cuban Artists Around The World, Inc. - CAAW